El Club de Golf La Moraleja, sito en una de las urbanizaciones más caras y elitistas de España, vendió hace más de 10 años unos terrenos a la constructora Reyal por 130 millones de euros y, poco tiempo después, no tuvo ni para pagar los impuestos y se vio obligado pedir un préstamo al Banco Santander.

Distintos presidentes del club social presuntamente despilfarraron esos 130 millones de euro pagando unos sobreprecios descomunales por terrenos rústicos en Algete que no tenían casi ningún valor al tener una calificación urbanística de suelo no urbanizable de especial protección del futuro Parque Fluvial de la Vega del Jarama.

El dinero también se despilfarró en diferentes obras de reformas de vestuarios, cuarto de palos, etc., obras en las que siempre se producían sobreprecios y en las que, en la mayoría de las ocasiones, se autorizaron por personal sin poderes.

En un acta notarial a la que ha tenido acceso Diario16, Ricardo Noreña, de Ernst & Young, declaró que la empresa auditora había detectado importantes desviaciones en el coste final de los proyectos «pues se deben a proyectos de diseños incompleto que en el momento de su adjudicación y valoración económica no contienen los elementos necesarios para garantizar su viabilidad técnica y funcional», se afirma en el acta.

Además, Ernst & Young detectó en su informe debilidades en el control interno, sobre todo en lo referido a la autorización y aprobación de las inversiones, en la propia contratación del gasto, en el pago, «en todo lo que es la parte de pagos», se puede leer en el acta notarial.

También se evaluó la posible existencia de conflicto de interés, dado que «se estaba contratando a socios o a compañías vinculadas a, digamos, órganos directivos», afirma el analista de Ernst & Young en el acta, añadiendo que se detectó que había «contrataciones de forma recurrente con empresas que se repiten y también la falta de documentación».

La auditora no pudo profundizar al máximo detalle porque la documentación «no es no exista, sino que a lo mejor no está archivada adecuadamente o, bueno, ya me entienden», afirmaba Noreña.

La ausencia de falta de control interno era manifiesta puesto que «hay un acta de una comisión de inversiones de fecha de 31 de mayo de 2007, que posteriormente se elevó al Consejo de Administración el 21 de junio de 2007, en el que […] se habla de que las importantes desviaciones en el coste final de los proyectos ejecutados se deben a proyectos de diseño incompleto que, en el momento de su adjudicación y valoración económica, no contienen los elementos necesarios para garantizar viabilidad técnica y funcional», afirmaba el auditor de Ernst & Young.

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