Ernesto Che Guevara junto a Tomas Borge.

Ernesto  nos cuenta los últimos momentos en Costa Rica: “Nos dependimos de todo el mundo y especialmente de León Bosch, un pendejo macanudo y nos largamos en ómnibus hasta Alajuela (20 kilómetros de San José) y de allí a dedo. Tras de diversas peripecias llegamos esa noche a Liberia. La Capital de la provincia de Guanacaste. Que es un pueblito infame y ventosos como los de nuestra provincia de Santiago del estero”.

Liberia estaba a 75 kilómetros al sur de la frontera con Nicaragua. Era importante centro de transportes y comercio agropecuario.

“Un jeep nos llevo hasta donde el camino lo permitía y de allí empezamos nuestra caminata bajo un sol bastante fuerte. Después de caminar más de 10 kilómetros nos encontramos con otro jeep que nos alzo llevándonos hasta el pueblito de la Cruz donde nos invitaron a almorzar. A las dos de la tarde seguimos viaje para hacer 22 kilómetros, pero a las 5 o 6 ya la noche se nos venía encima y yo andaba con la pata a la miseria. Dormimos en una batea para arroz y peleamos toda la noche por la manta.

Después de caminar hasta las tres de la tarde y rodear como 12 veces un rio llegamos a Peñas Blancas, donde nos tuvimos que quedar debido a que ya no había más carros que fueran hasta la ciudad de Rivas.

Amaneció lluvioso el día y ningún camión apareció hasta las 10, de manera que decidimos desafiar la llovizna y lanzarnos a lo que fuera rumbo a Rivas.

En ese momento  apareció el Gordo Rojo en un coche con patente de la Universidad de de Boston. Pretendían  cruzar  a Costa Rica, cosa imposible porque el sendero barroso donde nosotros nos quedamos empantanados, a veces, era la carretera panamericana. Rojo iba acompañado por los hermanos Domingo y Walter Beveraggi Allende. Fuimos hasta Rivas y allí, cerca de la ciudad, nos mandamos  un asado con mate y cañita, una especie  de ginebra nicaragüense. Era un poco de Argentina traslada a la  “Estancia  de Tacho”. Ellos siguieron a San Juan del Sur para embarcarse a Puntarenas en coche, y nosotros tomamos el ómnibus para Managua”. Relata Guevara.

Tanto “Gualo” Garcia como Ernesto, llegaron por la noche a Managua. Como era costumbre recorrían las pensiones más baratas. Encontraron una pieza sin luz, por cuatro  Córdobas y allí se quedaron. Al otro día como era la rutina de siempre,  había que visitar los consulados para conseguir las visas para continuar el viaje. Cuando fueron al de Hondura  se encontraron con Rojo y sus amigos, que no pudieron pasar a Costa Rica.

Por aquellos años gobernaba este país, el sangriento dictador Anastasio “Tacho” Somoza García. El paso por  Nicaragua de los dos amigos era obligatorio, pero al mismo tiempo peligroso. Somoza  gobernaba como si fuera su país su propiedad.

Ernesto conocía la historia de Nicaragua, las luchas de Sandino y su pueblo, contra la intromisión yanqui.  Por la noche de la llegada, con la poca luz de unas velas, se juntaron todos los viajeros en la pensión.

“Esa noche tuvimos una larga tenida exponiendo cada uno su punto de vista sobre el problema argentino. Rojo, Gualo y Domingo eran radicales intransigentes, Walter laborista y yo francotirador, según el Gordo. Para mí el más interesante fue Walter que me dio una idea sobre el Partido  Laborista y Cipriano Reyes, muy diferente de la que yo tenía. Nos conto los orígenes de Cipriano como dirigente gremial y su prestigio gradualmente conquistado entre los obreros en los frigoríficos de Berisso y su actitud frente a la coalición de la Unión Democrática, tomando el Partido Laborista, fundador en ese momento, el partido de Perón, aún a sabiendas de lo que exponía. Pasadas las elecciones, Perón ordeno la unificación del partido, disolviendo de esta manera el partido.” Anota Guevara en su libro de viajes.

Después de haber participado de la creación del Partido Laborista, Walter se había convertido en un furibundo antiperonista, con fuertes ideas antisemitas. Con el tiempo se convirtió en un referente del nacionalismo reaccionario de la Argentina.

Por la mañana partieron para el norte, después de despedirse de sus otros amigos  en el avión. “Llegamos a la frontera a punto de cerrar. Nuestro haber era de 20 dólares” Acota Ernesto.

Los dos amigos llegaron a la frontera el lunes 21 de diciembre de 1953.

Algunos años después cuando Ernesto se convierte en el “Che”, a los pocos meses de la derrota de Batista, Guevara inicia la ayuda para instalar la guerrilla en Nicaragua contando con la ayuda del nicaragüense Rafael Somarriba. Este inicio revolucionario dará lugar tiempo después, a la Fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional y su estrecha relación con uno de sus fundadores Tomas Borge.

 

Continuará.

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