El sacerdote y gran poeta nicaragüense Ernesto Cardenal murió ayer domingo a los 95 años tras haberse convertido en una de las figuras más comprometidas del siglo XX desde la Teología de la Liberación. Su militancia y compromiso con América Latina, desde una visión revolucionaria y activa, que siempre reclamó a la Iglesia de Roma, le llevó a protagonizar junto a Juan Pablo II una de las imágenes que dio la vuelta al mundo más duras del Papa polaco.

En la visita en el 83 de Juan Pablo II a Nicaragua, arrodillado Cardenal -entonces ministro de Cultura- ante el Papa, éste le negó la bendición y no le ahorró una dura reprimenda que fue seguida por la frase: “antes tiene que reconciliarse con la Iglesia”.

La reprimenda pública de Juan Pablo II a Ernesto Cardenal fue uno de los gestos de su pontificado, además el Papa castigó canónicamente al sandinista. Esa humillación pública recorrió el mundo entero y perjudicó la imagen del sumo pontífice.

La vida de Cardenal trascendió no solo por ser uno de los poetas más importantes de Hispanoamérica, que le hizo ganar el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2012, sino por promover la Teología de la Liberación en América Latina.

Nacido en la ciudad nicaragüense de Granada el 20 de enero de 1925, Cardenal fue no solo poeta, sino también sacerdote, escultor, teólogo y hasta Ministro de Cultura en el Gobierno tras el triunfo de la Revolución Sandinista contra la dictadura de Somoza.

La última aportación al mundo de este poeta que se caracterizó en sus últimos años por su barba blanca y su boina calada, fue un volumen de más de 1.200 páginas en las que recopiló su poesía completa.

El papa Francisco

Y fue hace tan sólo un año cuando el Papa Francisco perdonó a Cardenal y le permitió volver a asumir su compromiso como sacerdote.

Hasta hacía dos años antes del gesto del Papa Francisco, el sacerdote y poeta fallecido ayer rechazaba esa gracia, que finalmente terminó solicitando formalmente, presumiblemente como consecuencia del paso de los años y la certeza que va inevitablemente apareciendo en los seres humanos acerca de la creciente cercanía de la muerte.

Los treinta y cinco años de suspensión que le aplicó Juan Pablo II quedaron superados. Durante tres décadas y media estuvo alejado de su actividad pastoral por el castigo que le impuso el papa Juan Pablo II, debido a sus actividades políticas durante el primer gobierno de los sandinistas en Nicaragua.

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