Hoy es 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia de Género, un día de activismo y de reclamación de soluciones a una de las mayores lacras de la sociedad. A pesar de que Ana Patricia Botín está presentándose como la nueva paladina de la defensa de los derechos de la mujer, los hechos del banco que preside desvelan cómo sus palabras no son más que una mascarada que sólo busca la mejora de una reputación que está por los suelos por las constantes condenas judiciales por acciones que van en contra, precisamente, de los derechos humanos.

La violencia de género va más allá de que la que se ejecuta en el ámbito familiar o de las relaciones interpersonales entre hombres y mujeres. La violencia de género es la que se aplica a las mujeres por el hecho de ser mujer y, por lo tanto, en ese concepto entra el despido de empleadas con hijos pequeños o con reducción de jornada para, precisamente, poder cuidar de esos niños y niñas.

En el actual Expediente de Regulación de Empleo (ERE) se han aplicado políticas de elección de las mujeres a las que despedir que, en ocasiones, rozan la crueldad. Una ex empleada que ha sido despedida en los últimos días afirmaba a Diario16 lo siguiente: «He sufrido también la invitación para irme voluntariamente del banco. Soy madre de dos niños pequeños y, desde que tengo a estos dos pequeños enanos, lo mejor que me ha pasado en mi vida, todo cambio en el banco». Esta mujer, antes de quedarse embarazada, tuvo dos abortos naturales por un problema con la coagulación de la sangre. Sin embargo, gracias a la medicina pudo controlar ese problema y quedarse embarazada de sus dos pequeños.

Sin embargo, después del segundo aborto «el responsable de recursos humanos me indicó que “NO es momento de ser madre”. Esta fue una de las muchas cosas que he tenido que sufrir», afirma a Diario16 esta trabajadora del banco presidido por una mujer que se autodefine como feminista, que habla del empoderamiento de las mujeres o que afirma que «la brecha salarial entre hombres y mujeres comienza en el momento en que decidimos tener hijos. Y la brecha nunca se cierra. Efectivamente, existe un impuesto sobre la familia que es pagado principalmente por las mujeres. Así que mi consejo es: desafiemos el statu quo todos los días. Nunca tengáis miedo. aprended a tomar decisiones. La situación está cambiando y seguro que tendréis más oportunidades que vuestras madres y vuestras hijas, si elegís tenerlas, tendrán aún más».

La actitud contra esta trabajadora es un claro ejemplo de acción contraria a lo que hoy se reivindica. Pero no es el único. Ya publicamos la carta de una madre a la que el banco había puesto en la tesitura de elegir entre seguir con el cuidado de sus hijos pequeños o aceptar las normas impuestas por la entidad.

Otro caso lo tuvimos con otra ex empleada, joven, madre de dos hijos que afirmó a Diario16 que «al igual que las compañeras de las que os están llegando testimonios, a mí también me «invitaron» a acogerme al ERE».

Esta mujer llevaba trabajando 14 años en el sector bancario. Cuando tuvo al primero de sus hijos ya indico en su banco cuál era su situación: no podía quedarse por las tardes a trabajar para poder cuidarlo. Esta trabajadora empezó en el Banco Pastor y luego, tras la absorción, continuó con su trabajo en el Popular como interventora de una sucursal.

Cuando la sexta entidad financiera de España fue comprada por un euro por el Santander «apareció en escena una nueva jefa de zona que, desde el primer día, sin conocerme de nada, me crucificó por el hecho de no quedarme por las tardes. Le expliqué mi situación: me era imposible quedarme porque no tenía con quien dejar a los niños. Sin embargo, le comuniqué que cada mañana empezaba a las siete para poder sacar la carga de trabajo que había y todas las incidencias generadas a través de la integración tecnológica de banco popular a banco Santander. Su respuesta fue: “está bien, pero no sirve de nada”», afirma la ex trabajadora.

Cuando regresó de vacaciones en el mes de septiembre de este año, esta madre trabajadora fue convocada a una reunión con el Departamento de Recursos Humanos en la que le dijeron «o firmas voluntariamente o después será forzoso sin la correspondiente indemnización».

¿Cómo se puede ser tan cruel? Son muchas las madres trabajadoras con reducción de jornada o con la imposibilidad de trabajar por las tardes por el cuidado de sus hijos que están siendo «invitadas» por el Santander a acogerse al ERE de manera «voluntaria» con la amenaza velada de que si no lo hacen serán despedidas de manera forzosa y sin ningún tipo de indemnización.

Sin embargo, esto no es nuevo en el Santander, puesto que en el ERE de los Servicios Centrales de 2017/18. Fuentes internas del Grupo Santander consultadas por este medio en aquellos días las trabajadoras fueron objetivo prioritario del banco para ser despedidas, sin importar la situación en que se encontraran: «Sorprende que el jefe de «matarifes» sea una mujer, Susana de Medrano, a quien el Banco Popular cuidó bastante en este aspecto, atendiendo a su especial situación familiar ya que tiene un hijo con problemas», nos confirma una ex trabajadora, añadiendo que «Ángel Ron estuvo siempre muy concienciado con la política de conciliación, especialmente pensada para las madres, y recibió varios premios por ello, entre los que se encontraba el que da la Asociación Española de Ejecutivas y Directivas de Empresa, además de tener una distinción anual del Instituto de la Mujer». Otras trabajadoras nos confirmaron que «En estos momentos el hecho de ser mujer conlleva una alta posibilidad de ser despedida».

Estos comportamientos que van en contra de los derechos de la mujer han sido también confirmados por fuentes sindicales del Grupo Santander: «hace un par de días, una compañera que se encuentra embarazada y a la que habían requerido en varias ocasiones para que aceptara «voluntariamente» el despido debió ser hospitalizada de urgencia y se encuentra en situación de baja. Se han mostrado implacables con compañeras que tenían a su cargo hasta 3 hijos que han argumentado esta circunstancia para no aceptar el despido. La realidad es que ya están en la calle. Todo esto ocurre en una entidad a la que se le llena la boca al hablar de igualdad entre hombres y mujeres y que curiosamente está presidida por una mujer».

Como podemos comprobar en estos testimonios, en el ERE del Santander se está despidiendo a mujeres por el hecho de ser mujeres y, por lo tanto, podrían ser catalogados dentro del concepto de violencia de género. Este es el banco de las personas.

1 Comentario

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre