Hubo un tiempo en el que un hombre, un pobre tipo que tenía la desfachatez absurda de llamarse a sí mismo genio, decidió que escribiría un cuento cada día durante un año. Pero sucedió enseguida, concretamente el día doce de la gesta, Arroz Ciego, que el proyecto se convirtió para él en algo demasiado grande y comprendiendo que no podía hacerlo solo creó a un personaje para que le ayudase en el desmedido empeño, y lo llamó León, León Salgado; en ese, su primer día de vida eran prácticamente exactos, y sólo a medida que transcurría la aventura se fueron levemente separando.

Ambos estaban casados y sin hijos, ambos era soñadores y optimistas, la mujer de Salgado se llamaba Dulce y era actriz, mientras que la mujer de Puebla, Javier Puebla, era y es Lola. El mejor amigo de Puebla se llamaba Fernando Camarero, Tizón, y él fue la inspiración para crear al impagable Francisco de Toledo que transita sin pausa y con talante de protagonista por las páginas de El Año del Cazador de Cuentos.

La principal diferencia entre Puebla y Salgado acabó siendo el instinto del segundo para cazar cuentos, para transmutar cualquier cosa en un relato. León Salgado convertía todo lo que miraba, escuchaba o pensaba en un cuento; o era capaz de hacerlo. Y así durante todo un año, y aún más tiempo, porque ni Puebla ni Salgado fueron capaces de parar al llegar al relato 365 a pesar de que la última pieza cazada, Por Amor, era un final clarísimo.

Pero seguían escribiéndolos, Salgado y Puebla, como en esa película de Chaplin, Tiempos Modernos, en la que Charlot al salir de la fábrica donde pasa horas infinitas apretando tuercas con unas tenazas gigantescas sigue apretándolas en el aire y ya sin ninguna herramienta entre las manos. Hasta que un día León, y ese fue León y no Javier y fue un día esencialmente triste, tomó nota para cuatro nuevas historias, cuatronuevos cuentos, y a continuación apuntó: “Pero ay, ya no voy a escribirlos”.

Hace más de diecisiete años. Desde aquel momento León Salgado se acostumbró a vivir en el limbo, de donde era sacado en muy contadas ocasiones, su mujer dejó de ser actriz, y en ningún cuento se contó que ambos habían tenido un hijo. Pero sí lo tuvieron, porque el paralelismo con la vida de Javier Puebla se mantenía, sólo que el hijo de los Salgado -tanto Dulce como León se apellidan Salgado- se llamó Emili, Emili Salgado Salgado. Y León a veces pinchaba a Puebla para que le dejase volver a apoderarse de su facilidad y de sus manos y le dejase escribir sobre el niño.

A veces volvía, ya digo, León Salgado, pero el personaje no tenía sentido, nadie lo necesitaba para escribir un cuentecito suelto de vez en cuando. Él había nacido para escribir un cuento diario, para librar a Puebla del peso de sentirse responsable de tanta proeza.

Hasta que llegó el frío, un frío terrible y definitivo que mataba y comía los huesos, y León quiso volver, necesitó volver y se lo pidió a Puebla, que respondió: “No me importaría León, pero en verdad en verdad te digo que ya no tengo fuerzas para hacer algo así”. ¿Y menos tiempo? insistió Salgado. No sé, ¿cuánto menos? ¿Setenta y siete días? ¿Por qué setenta y siete días? Por decir un número. ¿Te conformarías con treinta y tres? Salgado estuvo a punto de caer en la trampa y responder que porqué treinta y tres, pero se limitó a decir sí, “pero me dejas que los publique en tu periódico cada día y a medida que los vaya escribiendo”.

Y es así como León volvió a moverse entre los vivos. Hoy es el tercer día y de momento va resistiendo, aunque sobre todo siente miedos y dudas, ¿será capaz de mañana, y pasado y al otro y al otro y al otro, de escribir un nuevo cuento?

Cruz

 


 

(Javier Puebla escribió todos los días durante un año un cuento o relato literario: El Año del Cazador, una suerte de novela neurológica que sólo puede conseguirse completa y editada en papel solicitándosela directamente al autor a través de Twitter, Instagram o Facebook, o en el correo elcazadordecuentos@javierpuebla.com

Esta Suite que se está publicando en Diario16 y que en principio se prolongará durante 33 días está inspirada por el deseo de recuperar el espíritu y la forma de observar la vida con unos ojos distintos, ojos de Cazador de Cuentos, y es también un exponerse ante el mundo, un “aquí estoy, aún estoy aquí y tú puedes verlo y compartir conmigo este imprevisible juego”.)

Día 3.

 

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(Mecanografía: LF)

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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