La situación que se vive en el Barrio de Salamanca de Madrid estos días, está bien estudiada por la psicología. Es la llamada “envidia de pene”. La envidia del pene puede abocar a numerosas formas patológicas o sublimadas, pero parten de una constatación considerada anómala. Siguiendo la línea de McCann y Pearlman (1990), se puede considerar que un evento es traumático desde un punto de vista psicológico si es una amenaza o ataque que

a) Ocurre de pronto, inesperadamente o fuera de toda norma, como el “de no sólo no gobiernan los nuestros sino que además, de golpe, nos tienen encerrados en casa”.

b) Excede la capacidad que percibe el individuo para poder manejar la amenaza o el ataque. Es el “Y quienes son éstos que me dicen lo que debo hacer y lo que no”.

c) Perturba los marcos de referencia del individuo y otros esquemas básicos que le sirven para entender y manejarse en el mundo. Sí, los Borjamari no pueden ir de vacaciones a Formentera, Santander o Bali, como hacian siempre y “ni tan siquiera al club o al golf, de donde salen mis negocios”.

Para la OMS, en su categorización CIE-10, el trauma ocurre cuando la persona ha estado expuesta a un acontecimiento estresante o situación (tanto breve como prolongada) de naturaleza excepcionalmente amenazadora o catastrófica, que podría causar un profundo disconfort en casi todo el mundo.

Por poner un ejemplo, una infidelidad de la pareja se vive como una traición traumática que tiene efectos parecidos al trastorno por estrés postraumático

En la infancia, la supervivencia del niño/a depende de sus cuidadores. Cualquier conducta de abuso o de abandono lo puede vivir como una amenaza a su vida y, por tanto, afectarle traumáticamente.

El problema reside en que las conductas que se desarrollan en esas edades quedan automatizadas y se repiten en la edad adulta. Así, se ha visto que en todos nosotros las conductas de apego que se desarrollan en la relación con los cuidadores se repiten en las relaciones de pareja.

Si hacemos el paralelismo, quienes han entendido toda su vida que su casta es la que ha mandado, ven como excepcionalmente traumática la actual situación, ya que les falta la herramienta en la que se han envuelto para superar las crisis anteriores, a saber, una estructura de poder afín, la imagen de que ellos eran los que mandaban, y si alguien tenía que perder, no serían ellos, porque sus policías, jueces y políticos les protegerían. O sea, el pene.

Hay que tener en cuenta que uno de los traumas más frecuentes aparece como consecuencia de la violencia de género: abusos y violaciones, que se dan también en niñas/niños/as y en el ambiente familiar. Muchas veces el abuso pasa desapercibido a los adultos que le rodean y es difícil de detectar incluso en el curso de la terapia y se reproducen de adulto.

Pero el trauma es mucho mayor cuando el adulto castrado es abusador, desarrollando un auténtico estrés postraumático, del que debe ser tratado.

Cada persona sometida a un ataque o amenaza traumáticos reacciona de manera diferente. Sabemos que los recuerdos de eventos pasados nos evocan reacciones emocionales muy similares a las que provocó el suceso en sí mismo. Sin embargo, cuando se trata de evitar a toda costa el sufrimiento emocional, se lucha contra los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones que recuerdan el hecho traumático; léase la crisis de la Glorieta de Bilbao.

Técnicamente, el sufrimiento se perpetúa y crece, porque cuanto más queremos echar de nuestra cabeza un pensamiento, más presente está. De esta forma, aparecen efectos como los descritos en el criterio B del DSM 5 de la OMS: recuerdos recurrentes (flashbacks) a dictadores anteriores, pesadillas que provocan una gran activación fisiológica, que no mejoran con el transcurso del tiempo, sino que acaban generando monstruos, como VOX o el PP de la Comunidad de Madrid, que no se entienden sino es a partir del trauma.

La inutilidad de los esfuerzos que realiza el paciente para controlar el sufrimiento provoca sentimientos de depresión y valoraciones negativas de sí mismo, porque considera que algo no funciona en España, porque no puede controlar el sufrimiento. El hecho de que el suceso traumático haya sido inesperado y súbito le lleva a temer que en cualquier momento y cualquier lugar pueda volver a ocurrir. Esto le genera una visión del mundo como un enemigo hostil que puede atacar en cualquier momento (criterio D del DSM 5).

Querer evitar que un suceso inesperado aparezca o se vuelva a repetir obliga a la persona a colocarse en una posición vigilante, completamente alerta. Es un estado de alerta en el que la persona está fijándose, no en lo que ocurre a su alrededor, sino en la posible presencia de lo que quiere evitar que pase. Y esto ocurre, tanto si es objetivamente probable que suceda como si no. Este estado de alerta, fruto de la evitación experiencial, explica las características que se incluyen en el criterio E del DSM 5 de la OMS: hipervigilancia, sobresaltos, problemas de concentración, dificultades para dormir, reacciones ante los demás con un comportamiento irritable, imprudente o autodestructivo, consecuencia de su estado de permanente alerta.

Para solventarlo, en este caso, sólo existe una sola terapia, matar al padre del franquismo y convertirse en una derecha europea.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre