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Entrevista a Montserrat Tura, 1a parte: Mollet del Vallès

Jaume Prat Ortells
Arquitecto. Construyó hasta que la crisis le forzó a diversificarse. Actualmente escribe, edita, enseña, conferencia, colabora en proyectos, comisario exposiciones y fotografío en diversos medios nacionales e internacionales. Publica artículos de investigación y difusión de arquitectura en www.jaumeprat.com. Diseñó el Pabellón de Cataluña de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2016 asociado con la arquitecta Jelena Prokopjevic y el director de cine Isaki Lacuesta. Le gusta ocuparse de los límites de la arquitectura y su relación con las otras artes, con sus usuarios y con la ciudad.
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Hay un lugar común sobre la arquitectura que me incomoda especialmente: su consideración como (o su confusión con el) diseño, único rasgo que suele ser difundido y premiado en las publicaciones especializadas desde hace demasiado tiempo. La arquitectura tiene muchas escalas más, abarcando desde el detalle hasta la gestión de un territorio y las intervenciones que éste demanda para que se pueda habitar dignamente.

Esta entrevista nos brinda las reflexiones de Monserrat Tura sobre su obra de gobierno como alcaldesa de Mollet del Vallès. Tura estuvo al frente del consistorio desde 1987 a 2003. Durante su mandato la ciudad pasó de 37000 a 50000 habitantes consolidando por el camino su forma urbana desde la de un pequeño pueblo ahogado por sus barrios marginales a la de una ciudad bien estructurada que contiene además uno de los parques arquitectónicos contemporáneos más interesantes (por cantidad y calidad) de Cataluña. Mollet, ubicado en el Vallès Oriental a tan solo 17 kilómetros de Barcelona, era un municipio ahogado por unas todas las infraestructuras de entrada a Barcelona, servidor de la metrópolis sin poder gozar de casi ningún beneficio por esta proximidad. El término municipal de Mollet tienen hoy en día una de las reservas naturales más importantes de toda el área metropolitana de Barcelona. Tura tuvo que luchar por cada hectárea de este espacio natural, codiciado por la Generalitat (su propietario) como zona de expansión donde disponer viviendas y equipamientos destrozando por el camino el extraordinario paisaje, un paisaje preservado por ley desde 2005. Ahora Mollet es un modelo (prácticamente un manifiesto) de lo que tendría que ser una ciudad en un área metropolitana, y como tan extrapolable a otras ciudades o situaciones urbanas a lo ancho del territorio español. La autora de este modelo piensa como una arquitecta, poniendo sus habilidades al servicio del pueblo que la eligió.

 

Mollet del Vallès.

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Jaume Prat: ¿Por qué decidiste optar a la alcaldía de Mollet en 1987?

Montserrat Tura: Había participado en movimientos sociales de todo tipo, vecinales y de defensa del territorio, para acabar diciendo que qué demonios nos pasa que el patrimonio se nos cae a trozos y no terminamos de construir la ciudad deseada. Hay un momento en que alguien me precinta que por qué no me pongo. Hasta entonces me lo habían propuesto y lo había declinado. El 79 estaba terminando la carrera, el 83 ya había terminado la especialidad. El 87 era directora de un hospital… pero ya no tenía excusa. Entonces fue cuando acepté. Fundamentalmente fue porque la dictadura nos había convertido en un suburbio y la democracia nos daba la oportunidad de volver a coger las riendas de unas ciertas decisiones que marcarían nuestro futuro, y creía que las personas que estaban al frente del Ayuntamiento no lo estaban haciendo lo suficientemente bien. No es suficiente criticar las cosas. Entonces te quedas un poco enganchada por tus propias palabras y por tu propio compromiso. Esto es lo que me pasó. No me arrepiento, porque tampoco he rehuido responsabilidades de ningún tipo. En el mundo de mi trabajo de médico he llegado a tener cargos directivos por lo mismo… ¡Mi madre decía que si hubiese estado callada no tendría tantos problemas y seguramente tenía razón!

 

JP ¿Qué relación tienes con las figuras de tu bisabuelo y de tu abuelo?

MT ¡Acabo de escribir un libro entero explicándolo! No conocí personalmente a ninguno de los dos, pero en cambio creo que hay una línea de coherencia en eso de implicarse en los asuntos colectivos en etapas clave. Joan Tura, mi bisabuelo, fue alcalde durante la Mancomunidad y Feliu Tura, mi abuelo, lo fue durante la Segunda República. Su pensamiento, su trayectoria personal, esta entrega a proyectos colectivos que hacía que la prosperidad de los más humildes tuviese alguna oportunidad a base de sumar esfuerzos hizo que llevasen a término políticas muy avanzadas desde un sindicato autogestionado.

Y lo consiguieron. Fue el sindicato con más capacidad de negociar, no solo en la lonja y en la subasta, sino también en la importación y en la exportación. Comerciaban con la mitad de Europa. Hicieron cosas increíbles. Y estaban obsesionados por la culturización de los niños y para que las generaciones futuras fuesen la vanguardia del mundo. Un pensamiento que la Guerra Civil destrozó. Las guerras no son sólo un desastre desde el punto de vista humanitario; también lo son desde el punto de vista de truncar proyectos sociales. Ellos me enseñaron que era posible un proyecto social transformador desde planteamientos de clases populares y lo llevaron a la práctica en épocas en que el trabajo implicaba mucho esfuerzo físico. Eran personas con aspecto de ruralidad extrema, muy inteligentes en términos organizativos. Este es mi vínculo con ellos.

 

JP ¿Qué Mollet te encontraste en 1987?

MT Un Mollet que ya hacía 8 años que tenía gobiernos que intentaban sacarlo del desastre. En el 79 la situación de Mollet era desesperante. Polígonos de viviendas sin conexión con el núcleo central, aguas residuales a cielo abierto, falta de dotaciones escolares y sanitarias, unas condiciones de habitabilidad lamentables, un abastecimiento de agua potable no garantizado, unas infraestructuras que habían levantado murallas entre barrios y, por tanto, entre personas… Pasamos de ser una ciudad rural a que el franquismo nos convirtiese en un suburbio que pagaba un coste elevadísimo por su proximidad a Barcelona, pero en cambio no recibía ninguna otra cosa que no fuesen residuos.

Bloque de viviendas de la dictadura ahora integrado a la ciudad.

 

JP ¿Qué carácter se puede dar a una ciudad que es un lugar de paso marcado por cuatro líneas de tren, dos autopistas y las enormes infraestructuras que la atraviesan?

MT Algunos dicen que la obra pública y el cemento no está hecho para las personas. Se equivocan. La obra pública actúa de conector. Muchos de estos polígonos de vivienda muy humildes se conectaron con el centro a través de proyectos de urbanización. Por cierto, Mollet no es una ciudad dormitorio; lo son más las ciudades que tienen urbanizaciones que no la nuestra, donde la gente vive y tiene servicios y tiendas y se hace vida en la calle. La obra pública de aquellos años fue fundamental. Los colectores de aguas residuales, pero también las aceras, la iluminación, el espacio libre público y los equipamientos, conectaron barrios y les dieron la sensación de que estaban formando parte de una comunidad mucho más amplia. Un intento de salvar en la medida de lo posible aquellas murallas de la modernidad mal entendida y peor ejecutada que eran las autopistas y autovías que no ayudaban a nuestra movilidad porque no podíamos ni entrar en ellas… Esto permitió recuperar una cierta autoestima de existencia colectiva. Habíamos sido una ciudad con mucha actividad cultural y con proyectos pedagógicos muy avanzados para la época en los años 30 y desde los años 40 hasta los 80 nos habíamos convertido en un paraje miserable, miseria económica y miseria cultural, que puede llegar a ser peor. Recuperar la autoestima ha sido vital. Todos los proyectos de regeneración urbana buscan la creación de vivienda digna, espacios soleados, la creación de condiciones de vida mucho mejores, el bienestar, la creación de equipamientos de todo tipo pero fundamentalmente buscan que volvamos a mostrar la ciudad a nuestros amigos y conocidos. Que nos sentimos orgullosos de enseñar los parques que tenemos, los CAPs o los institutos de enseñanza secundaria, y especialmente nuestros equipamientos culturales.

 

JP Tres preguntas en una: ¿Cuáles son los criterios que manejaste tanto culturales, sociales, como territoriales para empezar tu mandato como alcaldesa?

MT Los territoriales estaban claros. Queríamos una ciudad compacta (que no quiere decir masificada), en la medida de lo posible con un planteamiento vertical más que horizontal, no extensivo, no el modelo de ocupar territorio por ocuparlo porque pretendíamos preservar un espacio extraordinario que se llama Gallecs. Por tanto queríamos una cuidad compacta al lado de un espacio periurbano de calidad ambientalmente indiscutible que mantiene hoy en día actividad agrícola y permite un equilibrio ecológico que no está presente en ninguna otra ciudad metropolitana. Mollet es el municipio con más agricultura ecológica de Cataluña y con más proyectos de energías renovables. Esto da una calidad extraordinaria a la ciudad. Ciudad compacta en el sentido que no puedes hacer espacios que disgreguen la vida de las personas. Hemos de hacer espacios que lo agreguen. Hay un cierto discurso de acera tras acera. Los ciudadanos siguen y se encuentran. La obra pública consigue espacios que devienen un lugar de encuentro. Teníamos que hacer que los ciudadanos saliesen al espacio libre público y que allí encontrasen en balcón, el patio, la terraza que no podían tener en esas viviendas que se habían construido en otro régimen y con otros planteamientos que apelotonaban olvidando los aprendizajes de la historia.

Si no hay actividad cultural, sin no teníamos ni bibliotecas públicas ni acceso a la cultura no teníamos acceso a volver a ser nosotros, a volver a crecer en inteligencia. Hay un momento en que los seres humanos no podemos crecer en altura pero sí en formación, sí en plenitud, sí en conocimientos. Y para eso hacían falta centros culturales, centros cívicos, lugares de actividad colectiva, de expresión de todo tipo. Esto era fundamental. Si esto suponía destinar edificios que habían sido creados para un uso radicalmente opuesto a culturizar a las clases populares me parecía que dábamos la vuelta a la historia. Giramos la historia como su fuese un calcetín y esto es una de las cosas que más me place de lo que hemos hecho.

Antiguo cuartel de la Guardia Civil que se convirtió en el Museo Abelló (con una galería de arte-escaparate sobre la calle lateral) en el mandato de Montserrat Tura. Es el único equipamiento que, por su valor simbólico, fue proyectado por los técnicos del mismo Ayuntamiento. 

 

JP ¿Podrías hablar un poco del proyecto de biblioteca que inauguraste en el 90 una vez empiezas a ser alcaldesa?

MT Es el primer proyecto que decidimos. Coincido mucho con Joan Brossa cuando le preguntaban por qué usaba siempre la letra A. Él decía que era la letra que abría el abecedario, y que con el abecedario podías escribir todas las palabras, y que una vez compuestas estas palabras con las letras del abecedario podías escribir de amor, de desamor, de ciencia, de terror, de guerra y de paz. Podías escribir de lo que quisieses. Es una cuestión humana. La puerta de entrada eran las letras. Estoy de acuerdo con él. Todo lo que hemos conseguido saber los humanos está en los libros. Dar acceso a los libros, ya sea en forma física o en forma digital, era fundamental. Por tanto la primera cosa que teníamos que tener era una biblioteca. Una puerta de entrada al conocimiento a través del abecedario, a través de las letras. Este tenía que ser el primer gran proyecto. Utilizamos la casa de un gran terrateniente que posteriormente pasó a ser empresario e industrial que es cierto que dio trabajo a mucha gente, fundamentalmente mujeres pero también lo es que cuando ya no le resultó tan rentable no tuvo ningún problema en dejar tiradas todos aquellos centenares de personas. La casa había quedado vacía con un uso provisional de escuela de adultos y en un estado inaceptable. Allí se hizo un proyecto de biblioteca que continuo pensando que es extraordinario. Hay un olivo dentro, bajo un lucernario. Joan Margarit vino una vez a hacer un recital de sus poesías y dijo “espacios como este solo son posibles en lugares que han tenido que conquistar su derecho a ser cultos”. Está rodeada de un gran parque que había sido huerto y jardín de aquella casa de terratenientes e industriales y Margarit se asombró que Mollet, ese pueblo enterrado en medio de la red viaria de Cataluña, tuviese una biblioteca de esa calidad. No sé si Margarit recuerda estas palabras. Yo he hecho de ellas una manera de expandir aquella idea, no solo la biblioteca, sino el museo situado en una antigua caserna de la Guardia Civil, en los centros cívicos, en la escuela de música, en la de danza… o al menos en los espacios para hacerla. Otra cosa es lo que se programa, eso depende de cada momento de la historia.

Biblioteca de Can Mulà, primer equipamiento inaugurado por Montserrat Tura como alcaldesa. 

Fachada del nuevo Ayuntamiento con un poema visual de Joan Brossa, consolidando su relación con la ciudad. 

 

JP La ciudad tienen un carácter marcadamente industrial y agrícola. ¿Cómo se gestiona eso?

MT Lo mismo que habíamos hecho con la ciudad… una ciudad compacta no quiere decir que no tenga espacios libres públicos, ramblas, bulevares… en los polígonos pasa lo mismo. Se tenía que pasar de las naves muy grandes que la industria abandonó durante los años 70 a unas naves más pequeñas para una industria más calificada. Este proceso todavía está en marcha. Mientras tanto los polígonos industriales del área metropolitana están muy desaprovechados. La superficie industrial ha de estar bien definida, bien utilizada, no contaminar, generar riqueza y sobre todo puestos de trabajo, pero ha de estar bien regulada. Hemos de reindustrializar sin ocupar más espacio, sino aprovechándolo y rendibilizándolo. Quizá tenemos que empezar por inventariar las parcelas metropolitanas calificadas de industriales y abandonadas. El gran riesgo son las superficies logísticas. Ocupan mucho espacio pero no generan puestos de trabajo. En el municipio de la Llagosta, donde hay estas manzanas enormes de coches que esperan ser colocados en trenes para ser distribuidos por el mundo se hace una ocupación enorme del espacio que genera dos o tres puestos de trabajo. Las grandes zonas logísticas se usan mucho en esa zona por su conectividad y por los nudos viarios toman mucho territorio a estas ciudades de la corona metropolitana. Cómo reconducir esto es tema pendiente.

 

JP ¿Cual es tu criterio sobre el poder delegado que ostentabas cuando eras alcaldesa? ¿Y tu relación con los ciudadanos?

MT Es fundamental. A mí particularmente me gustan las reuniones con vecinos, ya sea en grupos reducidos o muy numerosos. Es decir, no es posible construir un proyecto y terminarlo asimilando como colectivo si los miembros escogidos por sufragio universal no nos interrelacionamos con los sectores más dinámicos de la sociedad, si no hablamos constantemente con nuestros conciudadanos. Siempre hay sectores que no querrían, pero otros sí lo quieren, bien porque se sienten directamente interpelados por la operación urbanística que se plantea, bien porque se sienten afectados por algún tipo de vial que se pretende abrir y en realidad se les ha de explicar las ventajas que acabará teniendo eso. Todo el proceso de regeneración urbana acaba generando muchas más ventajas que inconvenientes, pero se han de explicar globalmente porque si no solo se ven los metros cuadrados que afecta el vial que pasa por su propiedad. Creo que hemos de dar elementos de conocimiento más amplio al conjunto de los ciudadanos para entender esta transformación urbana y nosotros hemos de escuchar estas preocupaciones y saberlas situar, porque ellos tenderán siempre a la defensa de intereses individuales o de sectores muy reducidos y en cambio nosotros no nos podemos apartar de la defensa del interés general, colectivo.

Esto pasó mucho en la operación de ampliación del centro. Nosotros ampliamos el centro histórico, que era muy pequeño, con un nuevo centro moderno, el espacio de Can Mulà, que había servido para algo relativamente cómodo: espacio de aparcamiento al aire libre donde no se pagaba. Por tanto esas parrillas de aparcamiento son nulas desde el punto de vista de generación de actividad humana, porque es un lugar donde dejas una máquina de hierro durante un rato. Tenemos que hacer entender a los ciudadanos que aparcar en un lugar más preparado donde a veces tienes que pagar y que a veces está un poco más lejos en beneficio de un nuevo mercado municipal, de unas infraestructuras comerciales, de unas viviendas de calidad, de unas tiendas similares a las de otras ciudades de nuestro tamaño, genera actividad, prosperidad.

Hay gente a quien las asambleas les preocupan. A mí me gustan. Es verdad que algunas veces nos abuchean o el tono sube. Pero al final siempre acaba siendo un proceso de enriquecimiento.

También hemos debatido, a veces con éxito, a veces sin, que la calidad de un espacio libre público no siempre la dan los metros cuadrados. También la da dónde está situado, qué ciudadanos confluyen allí y qué calidad damos a las fachadas del núcleo comercial de la ciudad para el paseo que leva el consumo a nuestras propias tiendas. Y para que no se vayan a centros comerciales fuera de nuestra ciudad. Estas cosas las hemos analizado, discutido… una decisión de una acera interrumpida, de un tráfico excesivo por una calle, de un espacio verde demasiado largo en sus dimensiones acaba transformando el comportamiento de disfrute y de consumo de los ciudadanos. Si quieres que haya actividad en el núcleo central tienes que garantizar que haya unos espacios públicos agradables.

El pequeño centro histórico de Mollet.

El nuevo centro de Mollet, adyacente al centro histórico. Proyecto: Serra Vives Cartagena arquitectos.

 

JP Mollet es una ciudad que tiene muy buena arquitectura. ¿Cuál fue tu relación con la arquitectura como alcaldesa y cual consideras que debe de ser su papel en relación con la ciudad? 

MT Creo que el franquismo y las autoridades locales que actuaron a sus órdenes y los promotores cegados por el beneficio desaforado y fácil nos dejaron un paisaje ubano penoso, propio de una época que queremos superar. Las fachadas, el tipo de vivienda que corresponde a esa etapa persiste y está allí como testimonio de lo que no se ha de hacer, de lo que no es una ciudad. Mientras que en muchos otros lugares de Europa se hacían edificios de mucha calidad aquí se hacían disparates. Mi etapa de alcaldesa tenía que dejar una ciudad más ordenada, con más dotación y con una idea global, cohesionada. Y, si era posible, teníamos que mejorar el paisaje urbano. Tenía que ser agradable. Lo que más me satisface es ver una pareja de personas muy mayores sentados en un banco colocado en el lugar donde se tiene que poner para que le de el sol durante los días más cortos del invierno. Doy mucho valor a la arquitectura. Lo siento, pero hay arquitectos de todo tipo. Hay arquitectos que saben darse cuenta de la importancia del lugar, que saben darse cuenta de que tienen una oportunidad única para crear unos espacios para un determinado uso público o privado de calidad que aportan a la ciudad un paisaje urbano diferente, con una huella personal que quedará por siempre jamás. Fundamentalmente soy la alcaldesa de los 90. Dije que de toda la buena arquitectura que había demostrado que tenía Cataluña, que se había expresado mucho en la construcción de Barcelona y de las subsedes olímpicas de los Juegos, teníamos que tener un inventario en nuestra propia ciudad. Intentamos que hubiese una muestra de una obra o dos o las que fuesen de los arquitectos que habían sido los grandes protagonistas de la transformación barcelonesa. De aquí que firmas como la de Jordi Garcés i Enric Sòria, Bach i Mora, Miralles, Bohigas de un modo muy especial, Serra Vives Cartagena, Víctor Rahola, Manuel Ribas Piera y otros estén presentes hoy en nuestra ciudad. Quizá hay personas que pasan por su lado y no se dan cuenta, pero estos edificios son diferentes del resto. Y aportan a la ciudad un valor que sí percibían los estudiantes de arquitectura que nos vienen a visitar.

Viviendas de Jordi Garcés i Enric Sòria.

Viviendas de MBM arquitectes (Martorell Bohigas Mackay).

 

JP ¿Hay un uso consciente de la arquitectura para crear cultura urbana?

MT Absolutamente. Es que la arquitectura es cultura. Cada pieza que deviene igual en su objetivo pero diferente en su concepción es una creación, y las creaciones que rompen con la inercia de la repetición mimética son cultura. Son lenguajes diferentes que confluyen. Seguramente el máximo exponente de esto es el Parc dels Colors, pero no sólo. A mí me parece muy importante que determinados centros educativos lleven la huella de Víctor Rahola, porque él a aportado una distribución de los espacios en aquella escuela que hasta entonces no se había creado en ninguna escuela de la ciudad. Y el objetivo de aquel edificio es el mismo que el de otros edificios, pero aquel tiene elementos sobreañadidos de alguien que ha sido capaz de crear en su vida espacios muy interesantes.

Instituto proyectado por Víctor Rahola alineado a la calle para que haga ciudad.

 

JP Me gustaría que me describieses tu relación con Enric Miralles.

MT No sé si voy a encontrar las palabras. Creo que una de las grandes oportunidades que tienes cuando ocupas un cargo de representación pública es que te puedes relacionar con mucha más gente que su hubieses seguido con tu vida profesional. Personas de otras instituciones políticas, ciudadanos de a pie que quieren discutir contigo… pero también gran des creadores, gente del mundo de la cultura, de la arquitectura… Yo tuve la suerte de conocer a Enric Miralles. Es una gran suerte conocer personas sabias. Me cuesta mucho definir a aquel hombre que sabía de todo. Para explicarnos el Parc dels Colors nos explicó una construcción románica en un valle del norte de la Lombardía Italiana. Empezaba por explicar por qué en el románico los edificios intentaban pasar desapercibidos en el espacio para acabar planteando justo lo contrario. Lo que le había pedido, y cumplió perfectamente con el encargo, era que el espacio tuviese personalidad. Que no se pudiese confundir con ningún otro. Que cuando la gente vea sólo una punta del Parc dels Colors sepa que eso es Mollet. Antes eso era un agujero en ruinas donde se tiraban basuras varias. Él entendió el encargo, se mezcló con los vecinos, se imbuyó, vino a las fiestas populares que se hacían en el barrio, se sentaba, se comía unos callos y escuchaba a los miembros de la asociación de vecinos, cada uno con su propia reivindicación, cada uno queriendo su lugar. Lo que ellos quizá no lo han sabido nunca, esas personas que se sentaron con él a comer callos, es que tienen su propio rincón en el parque porque él intentó trasladar a su obra todo lo que había ido asimilando como si se tratase de un encargo de cada vecino. Trasladó todo lo que le habíamos volcado, y le pedíamos casi imposibles porque lo queríamos todo, en ese espacio. Él nos dejó aquella capacidad creativa que no creíamos posible. Un trípode hecho de hormigón armado que en un momento determinado se dobla, un homenaje a la autoconstrucción, los grafitos que había colgados en el espacio… hizo cosas que no están en ningún otro lugar del mundo y nos deberíamos sentir orgullosos. El Parc dels Colors no es sólo un parque. Es una gran escultura. Es una obra de arte que tenemos en Mollet que muchos otros querrían y no tienen, conocida por todos los creadores del mundo.

 

JP Desde 1979 a 2003 Mollet tiene tres alcaldesas. ¿Esta condición femenina se traspasó de alguna manera?

MT Me gustaría pensar que sí. Somos alcaldesas, dos del PSUC y una del PSC. Me presenté para disputarles la alcaldía y además se la gané. Pero en cambio mi admiración hacia ellas es muy elevada. Especialmente a Anna Bosch, la alcaldesa del 79, que es una mujer a quien todos hemos recordado muchos méritos en la lucha clandestina. Del 79 al 83, a pesar de las dificultades y de su carácter muy duro hizo cosas importantes. Por tanto desde la diferencia política agradezco mucho a esas mujeres que fueron alcaldesas cuando ninguna otra mujer se atrevía… pensad que Mollet, de 1979 a 1991, fue la ciudad más grande de España con una alcaldesa al frente. Después pasó a ser Santa Coloma de Gramenet, con Manuela de Madre, Badalona con Maite Arqué… me gustaría pensar que una parte de esta vuelta de tornas de este revelarnos contra la inercia de unos tiempos que se nos habían convertido en suburbio tiene una cierta huella en la sensibilidad femenina. El plan general que se hizo en esa época acabó siendo el Plan Nacional de Urbanismo, la ampliación del centro fue Premio Europeo de Espacio Público Urbano… y por tanto tiene un reconocimiento en el conjunto de los sabios y de los expertos en materia del planeamiento de usos de espacios. La lucha constante y perseverante por Gallecs, que duró muchos años y que no terminó hasta 2005, cuando hubo un gobierno de izquierdas en la Generalitat que protegió el espacio, nos unió a las tres alcaldesas de aquella etapa. Las dos alcaldesas predecesoras tuvieron que pactar con el INCASÒL la creación del Ensanche Norte de Mollet. Algunos discutieron que se tuviesen que destinar estas ciento cincuenta hectáreas a ensanche. Creo que en una ciudad a la que se le expropia el 70% de su término municipal a finales de los sesenta se densificó y necesitaba un espacio de ensanche ni que fuese solo porque teníamos que ubicar equipamientos. Y los equipamientos están. Hay un hospital, las pistas de atletismo, el campo de fútbol, escuelas, un instituto, guarderías… pero también necesitas vivienda. Creo que la crítica que se hizo a mis predecesoras es una crítica muy reduccionista, sin la mirada de águila necesaria, que siempre va bien.

Hospital del Mollet culminando el nuevo ensanche. Mario Corea, arquitecto.

 

JP ¿Nos podrías hablar de Gallecs? Un gran porcentaje del término municipal del Mollet es un vacío.

MT Gallecs es eso que el poeta Pere Quart definió como el paisaje del Vallès, del que casi no queda. Gallecs es un vacío que da calidad a un lleno, que no sería lo que es si no tuviese a tres minutos a pie eso que nos ensancha el alma. Primero porque preserva un paisaje que está desapareciendo. Es terrible lo que se ha hecho desde el punto de vista de planteamiento urbanístico en los dos Valleses. No se han respetado los espacios periurbanos que se hubiesen podido respetar. Es posible tener una ciudad metropolitana que no necesariamente renuncia a tener un equilibrio ecológico con un entorno tal y como ha sido a lo largo del tiempo.

Ahora, que nadie se piense que Gallecs se mantiene así por obra y gracia de no sé qué espíritu esotérico, porque en realidad aquí hay mucho trabajo. Hay trabajo para que el agua que baja de las rieras sea limpia porque aguas arriba están las urbanizaciones de Lliçà, que vierten sus aguas residuales a la riera. O porque no sería posible gestionar la riera y la arboleda que hay alrededor si no se hubiesen hecho las balsas de contención que simultáneamente, con la obra hidráulica de la rambla, intentan gestionar correctamente las riadas, porque somos una ciudad mediterránea donde no sabe llover. Todo esto lo tenemos muy estudiado. Se han hecho acciones para consolidar los bancales porque sin bancales no hay paisaje, o no hay el paisaje de estos bancales suaves en que consiste el Vallès. Por tanto hay un trabajo detrás para que Gallecs continúe siendo lo que es: los caminos que se cuidan, los regueros que se cubren, la tierra que se compacta, las malas hierbas que se intentan destruir… Y tenemos la colaboración de la Asociación de Agricultores de Gallecs, que es imprescindible. Gallecs es un espacio en que por suerte los molletanos han aprendido a disfrutar mientras lo respetan. Así como inmediatamente tras la expropiación se produjo una cierta sensación que si esto está expropiado no es de nadie y puedo ir allí y coger las uvas de la viña… sólo queda una viña, por cierto. Ahora esta sensación ya no se tiene. La gente no pisa los sembrados. Pasea, corre, va en bicicleta, lleva los niños a jugar y se mantienen dentro de los caminos que están preparados para que las personas caminen. Y han aprendido a hacer un disfrute respetuoso. Unos lo enseñan a los otros. Ellos mismos se han convertido en los protectores y en los servadores como lo hicieron nuestros antepasados por nosotros. Es muy emocionante, porque hay personas que no tienen tradición de cultivar la tierra y se sienten protectores de Gallecs. Me parece muy interesante lo que está pasando en Gallecs. Efectivamente, es un vacío. Es un vacío que es el otro plato de la balanza. Y la balanza solo funciona si está en equilibrio. Y el término municipal de Mollet está en equilibrio porque la parte urbana se complementa con la parte agrícola y la parte agrícola tiene a su lado la parte urbana que le consume los productos que cultiva. Por tanto es una simbiosis donde salimos todos ganando. Y todo esto pasa bajo el Tibidabo, no en la Cataluña rural.

Paisaje de Gallecs con los bancales preservados.

Camino peatonal que bordea la riera de Gallecs.

… pero sobre todo es un modelo. Alguien podrá considerar que hago un acto de pedantería. Pero Mollet es un modelo. Nos sabe muy mal que otras ciudades metropolitanas no lo haya hecho, porque si todas ellas hubiesen preservado el 50% de su término municipal hoy tendríamos una distribución del espacio metropolitano que sería ciudad de ciudades y espacio de corredor verde mezcla urbana y agrícola de una calidad ambiental que ya no podremos tener nunca porque el planeamiento no se ha hecho con la sensibilidad que se ha hecho en Mollet.

Gallecs con la autopista que le sirve de límite sur. Caminos peatonales sobre y bajo la misma la conectan con el casco urbano de Mollet.

 

(Fotos: Jaume Prat)

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