Juan Vico, Badalona, 1975. Licenciado en Comunicación Audiovisual y máster en Teoría de la Literatura. Ha colaborado con diversos medios de comunicación, ha sido redactor jefe de la revista Quimera y en la actualidad es profesor en la Escuela de Escritura del Ateneo Barcelonés. Ha publicado el libro de relatos El Claustro Rojo, Sloper, 2014, con el que obtuvo el Premio Café 1916; y las novelas Hobo, La Isla de Siltolá, 2012; El teatro de la luz, Gadir, 2013, que obtuvo el Premio Fundación MonteLeón de Novela Corta; Los bosques imantados, Seix Barral, 2016; y El animal más triste, Seix Barral, 2019. Es también autor de los siguientes poemarios: Víspera de ayer, Premio Internacional Arcipreste de Hita, Pre-Textos, 2005; Still Life, Universidad Autónoma de Barcelona, 2011; y La balada de Molly Sinclair, Origami, 2014.

 

¿Qué motivo te llevó a escribir tu última novela El animal más triste?

Los motivos para escribir cualquier libro suelen ser misteriosos, al menos en mi caso. El germen de esta novela, de todos modos, es uno de sus personajes principales, Jonás: hacía tiempo que quería narrar la historia de alguien empeñado en trazar correspondencias entre la realidad y su memoria cinéfila.

 

¿Tenías alguna cuestión pendiente por cuestionar los modelos y los valores sociales que, de una forma u otra, conforman la sociedad actual?

Tengo la sensación de que vivimos demasiado pendientes de lo coyuntural. Es obvio que la literatura debe hacerse eco de los condicionantes de su época, pero uno no puede evitar tener siempre en cuenta que ni somos los primeros en habitar este mundo ni seremos los últimos. La nostalgia (teñida a veces de autocrítica) y la insatisfacción (en un sentido amplio) recorren este libro: dos mecanismos tan viejos como la propia literatura.

 

Cuando concebiste los personajes de tu novela, ¿qué buscabas en ellos?

Quería organizar un coro de voces que pugnaran entre ellas y al mismo tiempo se complementaran. El animal más triste, pese a su relativa brevedad, tiene vocación polifónica. El argumento de la novela transcurre casi a escondidas, se deja ver por entre las frases que los sucesivos narradores (el grupo de amigos que es presentado al lector en las primeras páginas) van dejando caer al paso.

 

Una de las líneas en las que se basa el hilo argumental de la novela es la mentira, como elemento catártico y sanador de los personajes. ¿Crees que vivimos en una sociedad en donde la mentira está más valorada que la objetividad?

Toda sociedad necesita de la mentira para su supervivencia. Por muy democrático que sea un sistema, el poder siempre va a echar mano del ocultamiento y del maquillaje publicitario. Piensa en la espiral electoral en la que estamos atrapados desde hace un tiempo, por ejemplo: un político puede emitir dos juicios contradictorios con pocos días de diferencia entre ambos y no pasa nada. La aceleración del mundo, la globalización y la constante exposición mediática han dado lugar a eso que conocemos como postverdad, y que no es más que una versión blanda de las estrategias de control que han existido siempre.

 

Al igual que en tu novela, ¿crees que la mentira es parte del motor de la humanidad?

Sin duda. Y no solo desde un punto de vista sistémico: en el trato entre iguales también se da de forma continua, por supuesto. Hay algo de profundamente humano en la mentira.

 

La ficción o el hecho en acto de la ficción en sí está basado en la consensuación de la mentira como parte de la realidad.

Suelo decir que la ficción es una “mentira consentida”: el lector paga para que alguien le mienta. El pacto ficcional, el contrato entre autor y lector, se basa en la aceptación de lo falso como una regla fundamental del juego; una falsedad travestida, mejor, sujeta a unas convenciones muy concretas. Tiendo siempre a resquebrajar un poco dicho pacto en mis narraciones: diría que hay un momento en mis libros en que la ficción enarbola su naturaleza profunda para luego regresar de nuevo a la senda de la verosimilitud. A veces se ha utilizado la etiqueta de metaliteraria para calificar cómodamente mi escritura, como a otros les toca la de realista, surrealista o autoficcional; no me parece mal, la gente necesita clasificar el mundo, encajonar la diversidad. En El animal más triste, en cualquier caso, los diversos niveles de narración se imbrican de forma compleja, pues siempre hay alguien contando algo y contando que alguien lo cuenta, lo ha contado o lo contará.

 

Antonio Machado cuestionó, en su momento, el concepto del amor, ¿qué piensas sobre la convención del amor en la sociedad actual y cómo influye en tus personajes?

Machado decía que a las palabras amorosas les sienta bien la exageración. Y no hay nadie tan exagerado como un escritor, créeme. Por razones que no vienen al caso, he estado leyendo mucho últimamente sobre la tradición amorosa en Occidente, y de nuevo no puedo evitar relativizar: no somos tan modernos como quisiéramos, ni siquiera en el terreno erótico y amoroso. Mis personajes viven la clásica tensión entre un modelo burgués de relación amorosa y el instinto, que no entiende de contratos. No hay dramatismo, sin embargo, en este conflicto, sino cierta aceptación, a veces resignada, a veces turbadora y excitante, de que el deseo jamás aceptará los límites que el pacto social le trata de imponer.

 

Otro de los temas importantes que aborda tu novela es el conflicto que se estable entre el deseo y la realidad, ¿Crees que puede existir un termino medio o, por el contrario, el ser humano está a merced de las banalidades del ser humano, del deseo, del vicio?

El deseo y el vicio no son banales, al contrario. La fuerza más poderosa del mundo es seguramente el deseo, y me parece maravilloso que así sea. Ahora bien, el deseo supone también una fuente constante de frustración. Los animales resuelven la cuestión matándose entre ellos o imponiéndose por la fuerza. El ser humano también echa mano en ocasiones de estos recursos tan poco sutiles, pero por suerte dispone de otros; la literatura, sin ir más lejos. La creación literaria y las relaciones amorosas tienen muchos puntos en común, que ya he comentado en otras entrevistas y en los que en algún momento espero profundizar. Ambos se basan en la seducción, sobre todo. La seducción es el recurso que la inteligencia pone a disposición del deseo para hacerlo coincidir, siquiera momentáneamente, con la realidad. ¿Qué otra cosa hace la literatura que tratar de seducir al lector? Hasta las escrituras menos complacientes buscan cierto tipo de atracción en el lector.

 

¿Crees que en esa lucha entre el deseo y la realidad, la derrota social podría ser una las opciones de un individuo para mantenerse fiel a su auténtico ser, perpetrando, de una forma u otra, una cierta victoria moral y con ella la salvación del ser?

Creo que el mismo concepto de derrota social es falaz. Piensa en mis personajes: pertenecen a una clase social acomodada, han tenido relativo éxito en sus trayectorias profesionales, sus relaciones afectivas no son un desastre, y sin embargo les corroe una insatisfacción difícil de precisar. Una de las múltiples perversidades del capitalismo es hacernos creer que somos buenos o malos ciudadanos en relación a nuestra cercanía o lejanía respecto a un modelo muy concreto, muy rígido. Mis libros rehúyen siempre lo panfletario, pero me interesa que el lector llegue a percibir la ironía con que las acciones de mis personajes son expuestas. Su ombliguismo es un reflejo crítico de mi percepción de nuestro entorno social, claro.

 

¿Crees que al final la soledad, como resultado de la frustración y la mentira, puede ser la última estación certera que le puede deparar a la sociedad?

Parece que cuanto más nos interrelacionamos, más solos nos encontramos, debido seguramente a la debilidad de unas relaciones basadas en lo virtual. La soledad no me parece indeseable per se, y considero que uno debe aprender a estar solo para resistir en lo posible a la ruidosa maquinaria del sistema. Aunque me cuesta creer en la bondad esencial del ser humano, me aferro a la necesidad que tenemos las personas de estar con otras personas: el espectáculo continuará mientras no perdamos las ganas de vernos, tocarnos y olernos.

 

¿Crees que la realidad es la razón por la que el ser humano al final termine reconociéndose como el animal más triste y que, como decía Michel Houellebecq, la sonrisa es solo la deformación facial de los individuos que demuestra que ha sido capaz de conocer la más absoluta crueldad del mundo?

No sé, me resulta demasiado metafísico hablar de realidad en términos tan generales: la realidad no es más (ni menos) que un cúmulo de realidades. El título de la novela procede de un proverbio latino de origen incierto, que dice algo así como “Todo animal está triste tras el coito”. Freud lo recupera a principios del siglo XX para hablar de una hipotética tristeza postcoital, pero en mi novela es utilizado más bien en un sentido metafórico: junto a los escasos momentos álgidos que nos proporciona la vida, hay multitud, infinidad de tiempos muertos. Ese magma de sopor vital lleva al sentimiento que los clásicos llamaron acedia y los modernos spleen; los contemporáneos no lo llamamos de ninguna forma, pero lo alimentamos cada día con ansiolíticos y fotos en Instagram.

 

¿Cuál ha sido el mayor reto que has tenido a la hora de perfilar y terminar la novela?

Supongo que mantener la tensión estilística y, al mismo tiempo, individualizar cada una de las voces que sostienen el texto.

 

¿Tienes en mente algún nuevo proyecto?

Unos cuantos, pero nunca hablo de mis libros hasta que ya están publicados: es la única superstición a la que he conseguido mantenerme fiel con el paso de los años.

El animal más triste es la última novela de Juan Vico, una obra que en un primer momento pudiera parecer de lo más tradicional y, sin embargo, el lector pronto se percatará de los cambios de tono y registro, alejándose el autor del realismo predecible y ofreciéndonos una visión contemporánea de las pulsiones que deben dominar la nueva novela, tanto en la plano funcional como en el formal. Así, a través de la amplitud de referencias veladas que realiza el autor sobre el cine, la fotografía, la música y la literatura, va creando un universo novelado, donde sus personajes cobran vida y se desarrollan.

El distanciamiento de los modelos convencionales establecidos, la tensión sexual entre los personajes, el paso del tiempo, los proyectos inconclusos, van dando forma al universo que se va tejiendo entre las páginas de la última novela de Juan Vico, El animal más triste, donde la ironía, el humor y los finales inesperados dan ritmo y velocidad al texto. Pues es el autor quien tiene las herramientas para que el texto o la historia que nos relata o cuente tenga validez y sea creíble. Cuestionar ese extremo, como un tratado de meta-lingüística, mientras que el lector paladea una novela fresca, dinámica, poliédrica, sutil que siempre nos deja con la miel entre los labios del relato bien escrito.

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Guillermo de Jorge (Guillermo George Hernández), Santa Cruz de Tenerife, 1976. Cursó Filología Inglesa en la Universidad de La Laguna. Suboficial del Ejército de Tierra del Arma de Infantería, es Diplomado Superior de Montaña por la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales del Ejército de Tierra. Ha participado en operaciones de seguridad y misiones de paz, significando su estancia en Mauritania, Afganistán e Irak. Ha estado en países como Marruecos, Portugal, Senegal, Sierra Leona, Kuwait, Francia. Poeta - soldado, armas - letras, en la actualidad ejerce la presidencia de la Asociación Nacional Círculo Artístico Cálamo. Miembro del Centro Andaluz de las Letras, ha colaborado con medios de comunicación, destacando sus colaboraciones con el Diario de Sevilla, con el periódico La Voz de Almería, el Periódico El Día de Canarias y el Periódico El Mundo. Dirige la Colección “Letras del Mediterráneo”, de la Editorial Playa de Ákaba. En 2008 fue nombrado Miembro del Instituto de Estudios Almerienses. Le ha sido otorgado por la Junta de Andalucía, Diploma por su contribución y participación en Nueva Literatura Almería y fomento de la Cultura 2004. Accésit del Premio Creación Joven de Poesía de la Universidad de La Laguna 2005, actualmente colabora con Diario de Almería y Onda Cero Almería. Ha participado en encuentros literarios de carácter nacional e internacional, destacando el Festival Internacional de Getafe de Novela Negra, el Encuentro Nacional de las Letras Islas Canarias, Festival de Poesía del Mediterráneo o el Ciclo Internacional de Poesía Ciudad de Valladolid, estando sus textos reunidos en varias antologías poéticas y narrativas. DATOS BIBLIOGRÁFICOS Ha publicado diez libros de poemas, entre ellos: “Corporeidad de la Luz", Ediciones Idea, 2006 y “HK-G36E", prologado de Rafael Guillén, Premio Nacional de Literatura. Instituto de Estudios Almerienses, 2008. Ha colaborado con revistas especializadas, como la Revista Literaria Río Arga, Navarra; La Galla Ciencia, Murcia o la Revista Literaria Culturamas, Madrid. Y sus textos han sido publicados en suplementos literarios, destacando: “Selección de poemas" Publicado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Puebla, México. “Varied poems" Publicado por la Universidad de Columbia, EE.UU. En narrativa ha publicado: “Relatos a Glo”. Editorial Ediciones Idea, 2008. Como Cuadernos de Combate ha editado: “Irak: Diario de un legionario”, publicado por el Periódico La Voz de Almería, 2004. “Afganistán: Diario de un Soldado”, prologado por Lorenzo Silva, Premio Planeta de Novela. Editorial Playa de Ákaba. 1º Edición, Dic 2015. 2º Edición Feb 2016. 3º Edición Sept 2017. Exposiciones fotográficas realizadas: “Afganistán: Pasajes”. Monográfico junto con Lorenzo Silva y comisariada por el artista plástico Fernando Barrionuevo, en la Sala de Arte Contemporáneo MECA Mediterráneo Centro Artístico (Almería, Andalucía).

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