Cuando entras en el juego de un clientelismo televisivo, o de una estupidez tuitera, o de un bulo mediático, entonces por seguro participas en que un error siga en la sociedad. ¡Exacto!, cuando tú entras en un juego a sabiendas de que sus reglas son antirracionales o indecentes, pues entonces eres peor que un malnacido participando en un mal.

La complicidad con cualquier injusticia empieza en que tú aceptas ya (poniendo de rodillas a tu misma dignidad) unas reglas asquerosas, de entretenimiento para la antiética o de burla a cualquier esencia (que siempre está primero para que la atiendas, ¡y no a cualquier entretenimiento de ésos hijoputas). Así es.

Si tú ves que muchos participan en un programa de telebasura o cooperan en un concurso sujeto a criterios retrógrados o “de aprovechados”, pues lo que siempre debes hacer tú es mantenerte al margen, pero nunca favorecerlos a ellos jamás de los jamases.

Sí, ser cómplice (de un error) significa… ser colaborador, ser espectador, ser atendedor de tal o cual mierda. Eso está más que claro; si la ultraderecha te prepara un espectáculo y tú, sin reticencias sensatas, vas corriendo a verlo o a creértelo, pues tú eres un cómplice o un tonto que pasa demasiado fácil por el aro de lo que ellos pretenden.

En efecto, todas las injusticias (¡todas!) quieren, en el fondo, que pases por el aro de lo que ellas organizan o preparan para “llamarte la atención”. Aunque, lo más corriente o lo más normal, es que tú sí te rebajes y cedas a todos los objetivos de cualquier injusticia. Si no, ya tú no entrarías en tal juego que tiene incuestionablemente unas reglas retorcidas o interesadas.

Porque eso es lo que pasa con el tema de Rocío Carrasco Mohedano (muy bien aprovechado por Telecinco) que, aunque refleja de cómo puede ser el maltrato a la mujer, el programa de televisión lo mueve hacia un lado o hacia otro lado para crear más expectación o indecencia; o sea, lo manipula sutilmente. Así, Mediaset los temas sociales más serios los hace sirvientes de sus intereses, ¡obvio!

El toreo lo llevó a su terreno, modelándolo a sus objetivos para él muy convenientes (sin nunca criticarlo de una vez, en debida ética); el tema de la violencia, también (pues mucho ya se sabe que cuando un marginal protesta ya es violento hasta por los poros pero, cuando protesta en apologías nazis uno de Vox, ellos ya lo consideran menos violencia).

En fin, el resumen es que, todos los intereses sutilmente injustos que existen en la sociedad, quieren que tú entres en sus juegos…; ¡y lo consiguen!, sobre todo cuando muy pillejamente tú cedes y (ya en indignidad rebajado) atiendes a sus entretenimientos. ¡Claro!, todos casi terminan por atender a los grandes espectáculos del capitalismo frívolo, porque te venden otro ilusionismo servil u otro encantamiento miserablemente resignado a un no ser rebelde con nada.

Lo que sí desea cualquier poderoso o cualquier astuto que garantiza las injusticias es que tú también entres en el juego, ¡en el juego!, y les rías las gracias encima, y los veas como benévolos o “educados” encima. Pues ése juego ellos te lo manejan bien, mientras tú te autoengañas o mientras le pisoteas la dignidad al bien que aún no has permitido.

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