Al igual que los demócratas norteamericanos abrieron un impeachment contra Donald Trump por el asalto al Capitolio, Vox quiere someter a su propio proceso judicial a Pablo Echenique por los disturbios y algaradas callejeras de estos días en protesta contra el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél. Son las ironías del destino de un grupo político que no deja de ser un huevo incubado por el trumpismo yanqui que nos llega del otro lado del Atlántico. No parece que la enésima demanda de la extrema derecha contra políticos en activo pueda prosperar, pero ellos insisten en la estrategia de la judicialización con la falsa creencia de que si disparan muchas veces acabarán abatiendo alguna pieza.

Como fiel representante de esa técnica filibustera que se ha dado en llamar lawfare, Vox es un partido que abusa hasta la saciedad de los juzgados y tribunales de este país. Ya se querellan por casi cualquier cosa, a todas horas, y a fuerza de meter querellas a diestro y siniestro están consiguiendo degradar aún más (si es que ya no lo está bastante) la maltrecha Administración de Justicia. Si no les parece pertinente la última declaración de un diputado socialista, querella al canto; si un dirigente de Podemos no está afortunado con un tuit, querella que te crio; y pobre del indepe que se atreva a decir una palabra más alta que la otra, que se las verá sin duda con el juez de instrucción. Por el Congreso de los Diputados circula la broma de que los abogados de ese partido ya duermen en un camastro de los juzgados para ahorrarse viajes entre caso y caso. No es serio.

La Justicia debería hacer algo para evitar este uso y abuso del Derecho por parte del partido de Santiago Abascal, que recurre a los tribunales como quien va al fútbol los domingos por la tarde y a este paso van a terminar colapsando la oficina judicial. El querellismo es una mala praxis política, un mal vicio que han adquirido sus señorías de la ultraderecha patria. Y así van, aburriendo a los españoles: querella aquí, querella allá, a lo loco. Un hartazgo, un hastío, un no parar de querellas. Franco tomó España por la fuerza; Vox pretende rendirla por cansancio y por tediosa verborrea jurídica. Acabar con la democracia enterrándola bajo una montaña de papel surrealista y sin sentido, inundar los juzgados hasta que reviente el Poder Judicial, esa parece ser la única estrategia de la formación verde.

Ahora están con que Echenique es responsable de haber “inducido, organizado y protagonizado” las protestas registradas en los últimos días en diversas ciudades españolas en favor del rapero Hasél. Y todo por un tuit mañanero que el bueno de Echenique probablemente no midió en sus consecuencias porque lo puso a primera hora de la mañana, cuando aún estaba somnoliento, desperezándose, y ni siquiera le había dado tiempo a poner su disco favorito de joticas de la “minga y la Dominga”. Esa tonada maña sí que es un rap, y no los ripios de Hasél. Es cierto que Echenique, en el legítimo ejercicio de su derecho a la libertad de expresión, ha respaldado los actos de protesta callejera. Pero en ningún momento le ha pedido a sus troskos que se den al adoquinazo tonto, a la gasolina explosiva y al cóctel molotov, de modo que de ahí a considerarlo el jefe de una insurrección popular planificada, como protende Vox, va todo un mundo.

En la querella, los servicios jurídicos de la formación de Abascal aseguran que de ese tuit viene la Vicalvarada que se ha montado después, o sea que quieren arrastrar al diputado morado a la Audiencia Nacional como a un Josu Ternera del 15M. Todo en las maneras de este engendro político que es Vox es un delirio aberrante y esperpéntico, pero ellos insisten en jugar a perfectos constitucionalistas cuando en realidad no son más que inquisidores, cazadores de brujas, abusones y autoritarios que no se saben las cuatro reglas del juego democrático (respeto, tolerancia, pluralismo político y fair play) y en cuanto algo no les gusta o les ofende (como buenos elitistas envarados) salen corriendo a refugiarse en las faldas del juez falangista de turno.

No amordazarán a este país con sus estúpidas querellas. A Echenique la extrema derecha le ha colocado la diana judicial para convertirlo en el nuevo Cojo Manteca en silla de ruedas, pero eminentes juristas ya se han apresurado a recordar que la querella tiene menos recorrido y menos futuro que los bodrios de Hasél ante el jurado del Premio Cervantes. A Bob Dylan le dieron el Nobel por sus letras revolucionarias que cambiaron el mundo; el polémico rapero no pasará de un destrozo en el hermoso barrio de Gràcia y un glorioso saqueo en la tienda de Nike. Ya solo puede aspirar al concurso de canto del penal de Lérida y ni eso, que hay mucha competencia, salen raperos protesta en cada penitenciaría, los presos están muy leídos en Sabina y se saben al dedillo aquello de “macarra de ceñido pantalón, pandillero tatuado y suburbial”, himno del quinqui marginal. Los picapleitos de Vox cualquier día llevan al maestro de Úbeda al juzgado por rojo, chavista y masón. Por querellarse que no quede. Qué gente tan triste, cargante y plasta, rediós.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre