Después de poco más de 40 años transitando por esta vida, he confirmado de nuevo la teoría de las dos caras, ya sea la locura de ser Dr. Jekyll o Mr. Hyde, la energía complementaria del Yin-Yan, mis queridos Epi y Blas o mi no tan querido Barón Ashler.

Hay dos formas de estar en la vida y cada uno elige, aunque parte del impulso lo marquen los genes, si eres de los que miran o de los que actúan.

Mi instinto que había estado aparentemente controladito durante mi adolescencia, decidió quitarse la máscara de “bien-queda” y empezar gracias a unas experimentadas canas, a hacer y a decir lo que pienso aunque eso me ha supuesto meterme en más de un charco.

Ayer en una playa valenciana con bandera roja, innecesaria para los que utilizamos parte de la materia gris, con unas olas de 2-3 metros rompiendo en la orilla y con una fuerza que te podía mandar a tomarte un mojito a la isla de Ibiza, apareció el típico “pringao-mira-que-valiente-soy” que decidió no sólo intentar demostrar su nivel de testosterona, sino que puso a prueba la de su hijo de no más de 7 años.

Así, con niño cargado en brazos rollo troglodita, empezó una lucha con unas olas que acabaron por tirar a los 2 y separarlos, con la suerte acechando, para que fuera el crío el que fue alejado hasta la orilla mientras el padre era de nuevo revolcado por una ola.

A todo esto, como siempre y según mi teoría, la gente mirándolos y mis hijas pidiéndome que no interviniera, avergonzadas de una madre a la que no le gusta tragarse lo que piensa. No hizo falta, después del susto de perder al niño por unos segundos, el “pringao-mira-que-valiente-soy” decidió salirse.

Como aún me quedan restos de la época de delegada del cole, no pude quedarme ahí y en un inocente paseo con mis hijas, que casualidad, hasta la torre del socorrista, le pregunté si habían multas para los capullos que se saltaban la bandera roja y me confirmó que si era pillado o si hubiera requerido rescate, tenía que pagarlo con una multa.

En fin, que lo de escribir es una forma más de sacar esa energía chunga que los tecleos te permiten reconvertir en una sonrisa sin dejar de lado mi gen de la denuncia.

Me cuesta horrores quedarme en el lado de los que miran sin actuar, debo tener un petardo en el culo, claro, nací en la tierra de las flores y de las mascletás y, a pesar del yoga, necesito mucha más meditación en mi vida para por lo menos, pensar antes de actuar.

Mi primer libro fue una demostración de mi verborreica mente con un poco de ímpetu y como si fuera una avalancha, fue un “ya estoy aquí” para los que todavía no habían oído el “allá voooy”.

Para el segundo fui pasito a pasito acompañada de buena gente que he ido encontrando por el camino y que me ofrecen la botellita de agua y las palmadas que me animan a seguir en la carrera.

Te invito a pasar a la acción, si estás en el lado “estatua” aunque meditando antes de saltar para no ser arrollado por la ola.

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2 Comentarios

  1. Cuando se quiere ser bueno, no se dejan para la sociedad todas las puertas abiertas para la falsedad, para el terco error o para las mentiras. Ése es el lado! Nota: El “terco error” es no reconocer ser error, tras una verificación racional. https://delsentidocritico.blogspot.com

  2. En cualquiera de los lados podemos equivocarnos, así que efectivamente, lo suyo es saber reconocer nuestros errores para seguir adelante con cabeza alta. Gracias José por tu aportación.

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