La noche del viernes al sábado de la semana pasada, cerca de mi casa sucedió un lamentable incidente. Un mendigo, sin anteriores signos de alteración mental, intentó amenazar y atacar a los ciudadanos que paseaban por el Passeig de Sant Joan de Barcelona con una especie de cuchillo casero. Acudió un coche patrulla de la Guardia Urbana, y uno de los guardias al sentir en peligro su vida le pegó un par de tiros al sintecho. Uno de ellos, al parecer le ha perforado el estómago, estando en estos momentos ingresado después de pasar por la UCI de un hospital de Barcelona.

No dudo ni por un momento que el agente sintiera en peligro su vida y que hiciera el uso correcto del arma.

Pero ese es precisamente un problema que vino repitiéndose en las clases durante los casi 11 años en los que fui profesor de la asignatura de Deontología Policial y Derechos Humanos en la entonces llamada Escuela de Policía de Mollet.

Digamos antes que nada que éste es un caso extraordinario, que conste. Nuestra sociedad puede decir con orgullo que llegar a una situación en que un policía en acto de servicio, en la calle, dispare, es algo excepcional. No pasa más de tres o cuatro veces al año y los disparos nunca son más de tres. Eso, en todo el territorio nacional y cuento a todas las policías; pero también era un caso de libro que se debatía cada año en las clases. Tema aparte es cuando actúan, en circunstancias determinadas, grupos especializados como los GEO o los GEIS.

Y la culpa del incidente hemos de echarla a las modernidades; se lo explico.

En primer lugar, la primera pregunta que podemos hacernos es ¿podía el agente retroceder o estaba encajonado?; porque para evitar daños mayores no es en absoluto desonroso dar unos pasos atrás, contener y esperar ayuda. Hablamos de que el incidente ocurrió de uno de los más anchos y largos paseos de Barcelona. Demasiadas pelis hemos visto de policías y ladrones

En segundo lugar, el “palito para abollar ideologías”, la defensa, tonfa o porra, es precisamente la herramienta ideal para esas situaciones. De madera rígida, tiene entre 60 y 80 cm según el modelo y está pensada precisamente para eso, para alejar del policía quien tiene un arma blanca. La administración sucumbió a la presión de los sindicatos policiales, y dotaron a los agentes de unas magníficas porras extensibles, que no molestan al sentarse y que sirven perfectamente para abrir la cabeza a alguien desarmado, pero no para mantenerlo alejado. En este caso, también muy probablemente, se hubiese solventado el problema sin enviar a nadie a la UCI.

En Policía, ya hace años que todo está inventado, pero ello no obsta que la sociedad tenga que reflexionar seriamente sobre lo que pasó y las modas que nos imponen. Y no hemos de caer en la falacia con que te encuentras con los policías. Los ciudadanos pueden opinar de política delante de los políticos, de urbanismo delante de los arquitectos en incluso de medicina y justicia. Pero cuando se habla de seguridad ciudadana, solo los policias contestan al ciudadano que “no sabe de que va la cosa”, cerrando filas con el policía aunque sea un delito flagrante lo que ha cometido.

Tambien, si hablamos de las famosas pistolas eléctricas, evento que hemos visto esta semana en Sabadell, no son una novedad. En la década de los sesenta y setenta salieron al mercado diversos modelos de “porras” y “defensas” eléctricos. Pero no tuvieron éxito y fueron retiradas “oficialmente” al empezar la transición. El motivo real era que si actuaban contra quien llevara implantado un “marcapasos” o que tenía problemas de corazón, éste se quedaba “frito como un pajarito”. Finalmente, se volvió al uso de una defensa rígida de madera o un material parecido ya que era lo más eficiente para alejar a las personas que se abalanzaban contra los policías; y si se tenia que dar un golpe, servía para ello.

No creo que la mejor manera de reducir a una señora nerviosa porque no atendían a su madre, en un consultorio psiquiatrico, sea pegarle un taserazo, y además ir probando cómo se retorcía conforme le dabas más corriente o menos. Eran dos policías que pasaban un palmo de altos a la señora. La defensa sirve también para inmobilizar, además de pegar y alejar.

Y un último detalle, que quizás les asombrará; ahora, que junto con el chaleco antibalas (que por cierto nuestra Administración habría de comprar un modelo también adaptado a las mujeres) todos los policías llevan fundas para la pistola de las llamadas de extracción rápida. En unas décimas de segundo el arma queda desbloqueada en manos del agente. Pero, ¿saben porqué las fundas de las pistolas de los policias de hace años llevaban tapa?. Para que el policia se lo pensara dos segundos antes de disparar a alguien.

Y acabamos com un último dato. Todos nuestros policías llevan una pistola, del 9mm parabellum, y como mínimo de 15 tiros. Pistola y munición son baratas, pesan poco y salen en las películas. Pero la realidad es que no son armas adaptadas para las actuaciones policiales de aquí. De ello que desde la escuela de policía se recomiende el “doble tap” (dos tiros) cosa que hizo el agente. Se recomienda el “doble tap” porque con un solo tiro de 9mm dificilmente se para a alguien cargado de cocaína o enloquecido. Un día nos daremos cuenta que los policías han de usar grandes calibres con balas blandas y con mucho poder de parada, como el .357 o el 45acp y que hemos vuelto a ser víctimas de las modas.

Estas reflexiones no ayudarán ni al agente que tardará en olvidar lo que ha vivido, ni al pobre que está en la UCI, pero sí puede servirnos a los demás porque hemos de dotar a nuestros policías de herramientas adaptadas a ellos, pero también a nosotros, sin caer en las modas; porque también el consumismo ha llegado al mundo de la policía.

El policía es un  ciudadano que trabaja a tiempo completo para los otros ciudadanos, que los pagamos y tenemos derecho a que les digamos como han de actuar, y reprocharles si no lo hacen según los principios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad.

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