Nadie quiere elecciones, pero la derecha menos. En el acto público que Pablo Casado protagonizó ayer domingo en Ávila, el líder del Partido Popular dejó meridianamente claro que el compromiso de su partido, pase lo que pase, es estabilidad y desbloqueo: “Si Sánchez nos quiere llevar a elecciones, que todo el mundo sepa que el PP desbloqueará la situación, como siempre ha hecho”. Y añadió: “Yo no sé si va a haber elecciones generales, pero para que no quede ninguna duda, el PP no quiere elecciones generales”, aunque a su juicio, esa posibilidad “reforzaría estratégicamente” la posición de los populares.

Mucho se ha hablado en las últimas semanas de este agitado verano político sobre lo negativo que sería para la izquierda ir de nuevo a las urnas. La opinión general es poco menos que de ellas saldría un Casado triunfante con un Santiago Abascal de ministro del Interior, a la manera de Matteo Salvini. Nada más lejos de la realidad demoscópica. Los últimos sondeos no predicen que a PSOE y a Unidas Podemos les vaya a ir tan mal con una repetición electoral el 10 de noviembre. Según la reciente encuesta de Sigma Dos para El Mundo (que no es precisamente una receta precocinada por el polémico gastrónomo estadístico Tezanos), el PSOE aumentaría su ventaja de manera sustancial –del 28,7 al 33,4 por ciento de los votos, es decir, de 123 a 145 diputados− mientras, contra lo que pueda parecer, Unidas Podemos apenas sufriría desgaste: algo menos de un punto, quedando en alrededor de 40 escaños. Es decir, la suma de los dos partidos podría alcanzar la mayoría absoluta, superándose así la parálisis institucional y abriéndose por fin la puerta a un Gobierno estable.

Si la encuesta de El Mundo es una trampa para desmovilizar a la izquierda es algo que no sabemos, pero en principio todo apunta a que tanto el electorado de Pedro Sánchez como el de Pablo Iglesias sigue mostrándose firme y sólido. Se infiere que, pese al fiasco de los últimos dos meses, los votantes de izquierda tienen claro que su papeleta seguirá siendo la misma que el pasado mes de abril y en principio la nefasta negociación que han llevado a cabo PSOE y Podemos no pasaría factura, de momento, en forma de un aumento de la abstención. Más bien al contrario, la gestión de Ciudadanos, un partido que ha revelado su auténtico rostro derechista con sus pactos infames con Vox y sus purgas en el ala moderada, sí podría suponer un trasvase de votos desde la formación naranja hacia el PSOE. Eso lo sabe bien Iván Redondo, el estratega de la comunicación en Ferraz, que a buen seguro ya tiene sus propios sondeos y lecturas de la situación actual del país.

Es cierto que en caso de repetición de los comicios el PP de Casado recuperaría algunas posiciones respecto al batacazo del mes de abril, pero el líder popular sabe que el partido está en construcción y que unas elecciones ahora para crecer apenas tres puntos y un puñado de diputados no sería un buen negocio si la izquierda no solo resiste sino que estaría en condiciones de ganar y gobernar. De ahí que el sucesor de Mariano Rajoy no quiera elecciones ni en pintura.

Este escenario político explicaría por qué ni PSOE ni Podemos parecen estar nerviosos ante los negros vaticinios de los analistas y tertulianos, aquello del “vértigo” y el “abismo abriéndose a los pies” en el caso de que fracasen las negociaciones para formar un Gobierno de coalición u otro monocolor socialista con apoyo de la formación morada y el país sea llamado a votar de nuevo. Es cierto que el hastío, la desafección y el cansancio empiezan a cundir en la ciudadanía, pero no es menos cierto que existe un fuerte temor arraigado en la sociedad a que la ultraderecha pueda alcanzar el poder. Quizá por eso la abstención no sea tan fuerte como predicen algunos.

De momento, lo único cierto es que pese al pesimismo general que parece invadirlo todo, tanto Sánchez como Iglesias siguen teniendo la sartén por el mango y cuentan con varias cartas en la manga para salir de esta diabólica partida de póker −interminable y cabalística−, en la que parece haberse instalado el país. Así, si la posibilidad del Gobierno de coalición con una vicepresidencia y tres ministerios para Podemos parece alejarse cada día que pasa, la oferta programática con la que el PSOE podría hacer importantes concesiones al partido de Iglesias a cambio de la investidura puede ir ganando puntos a partir de hoy, justo cuando se inicia el nuevo curso político. De momento mañana martes el presidente en funciones presentará su propuesta de programa de Gobierno, un documento muy definido con 300 medidas abierto “a aportaciones de Podemos que no supongan alteraciones inasumibles para el PSOE”, según informa Europa Press. La siguiente parada será el próximo 9 de septiembre, cuando tendrá lugar un encuentro crucial entre Sánchez e Iglesias. En esa entrevista, las cartas quedarán boca arriba de una vez por todas y sabremos exactamente a qué está jugando cada partido.

De cualquier manera, los vientos siguen siendo favorables para Sánchez, que sin duda sería el más beneficiado por unas nuevas elecciones, mientras que el gran damnificado sería Ciudadanos y por consiguiente Albert Rivera, ese candidato que se autoproclamó líder de la derecha española hace apenas un par de meses y que hoy cotiza a la baja. Por cierto, no ha dado señales de vida en todo el verano. Un silencio harto elocuente.

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