Dice un viejo proverbio africano de la comunidad Baulé que no es bueno que los dientes riñan con la lengua”. Y a éste como a todos los proverbios les acompaña una larga y antigua estela de sabiduría popular que finalmente sentencia en modo de enseñanza y recomendación.

Apreciamos cómodamente que uno de los pilares importantes en cualquier tipo de relación, sea afectiva o profesional, en la que dependemos los unos de los otros para la esencia de un proyecto en común, es establecer lazos de empatía.

Pero si la palabra empatía te suena familiar y solamente te enseñaron aquello de “ponerse en la piel del otro”, te voy a ofrecer algún que otro ingrediente que espero te pueda ayudar a enriquecer, desarrollar o incluir en tu naturalidad un fotograma más en la compleja y apasionante película que es tu personalidad.

​A estas alturas de la película, no te sorprenderá que te diga que por mucho conocimiento y por mucha habilidad de que dispongas, si no te mueves con una excelente actitud, todo, absolutamente todo, se irá congelando a tu alrededor.

Una posible definición para la palabra «empatía» es la convergencia para experimentar desde el otro sus estados de ánimo, emociones o sentimientos. De ahí que para que una simple interacción entre dos o más personas, diálogo, encuentro, relación, reunión,…obedezca a un propósito común es necesario que aparezca en escena un personaje de relevancia, la percepción.

Percepción para captar e intuir lo que significa en el otro la experiencia que está viviendo y sintiendo; y también en la dirección capaz de retornar las señales necesarias para que esa otra persona se sienta acogida y comprendida.

¿Ves por dónde van los tiros?. La empatía es ante todo la actitud para establecer una escucha activa y una respuesta a-efectiva. Si te has dado cuenta de que posiblemente estamos también hablando de Inteligencia Emocional, enhorabuena, has acertado.

Llegados hasta aquí, y por si te pareciese complejo, quizá te ayude saber que la empatía no es “algo” a secas, no es un artículo que puedas añadir a la cesta de la compra o pedir por Amazon para el día siguiente (de momento);  sino que se trata de un proceso. Y como todo proceso dispone de unos pasos, unas etapas, cierta musculatura a estirar y entrenar para que tu fondo emocional sea afectivo pero también efectivo y digno de cualquier maratón.

Veamos cuáles son esos músculos a ejercitar:

.- Detección y Reconocimiento : Desde una actitud abierta, no a la defensiva, mostraremos una amplia curiosidad hacia el otro que nos permita descubrir la experiencia de esa persona y el significado que ésta tiene para ella.

.- Aceptación y Gestión: reconozco en la otra persona aquellos aspectos que me son familiares, que también son o pueden ser propios de mí. Reconozco su estado vital, su energía, su lenguaje, su corporalidad, su toma de decisiones,… Y las hago mías. Aunque desde mi posición mantengo el control y las riendas de la situación y de cómo expresarme. No me convierto en una copia fiel del otro.

.- Desapego: una vez he tomado conciencia responsable del hábitat donde vive la otra persona estoy en disposición de fortalecer mi postura de manera ecológica (natural, coherente y razonada) para conducir la situación desde mi personalidad y rasgos característicos. Esta fase del proceso es necesaria para ejercitar la empatía. Recuerda que si no nos estaríamos identificando tanto con el otro que acabaríamos “hablando por su boca”. Es decir, habríamos “comprado” su interpretación de la realidad y no estaríamos aportando valor a dicha interacción.

.- Escénica empática: Decía Yakusha Rongo en el libro de buenas prácticas del teatro japonés kabuki allá por el s. XVII, que “el actor es como el saco del mendigo. Independientemente de si uno lo necesita en ese instante o no, tenemos que recoger todo lo que se nos presenta y llevarlo con nosotros. Debemos servirnos sólo de aquello que nos resulta necesario, y lo que no, lo apartamos o lo utilizamos cuando es preciso. No hay nada que debamos ignorar”.  Bien podría haberse referido a la empatía.

Y ahora, ¿recuerdas aquello de “no es bueno que los dientes riñan con la lengua”?. 

Abracadabrazo.

 

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