La revolución feminista debe buscar la igualdad real para toda la sociedad

La llegada al poder de formaciones políticas antifeministas o contrarias a la igualdad real de género ha llevado a que se genere una verdadera «Emergencia Feminista» que está haciendo reaccionar a las mujeres porque no se puede permitir que se dé ni un paso atrás en las conquistas logradas tras varios siglos de lucha.

Esta situación ha movido a la Asociación Mujeres Feministas de Cádiz a convocar una manifestación, bajo el lema «Emergencia Feminista: la noche será violeta», para el próximo día 20 de septiembre en Cádiz, que saldrá de la Plaza del Palillero y terminará en la Plaza de San Juan de Dios. En la convocatoria se ha pedido «a las asistentes acudir vestidas de negro con un pañuelo malva o violeta».

Al igual que el título del libro de la periodista mexicana Lydia Cacho, #HablanEllos, esta reflexión viene de un hombre que, utilizando su libertad con dignidad voluntariamente, sin complejos de ningún tipo, ha decido vivir comprometido con la lucha de la mujer, los derechos humanos y la diversidad real. En definitiva, por los derechos fundamentales desde la conciencia social colectiva, desde la ética, y la militancia pedagógica del activismo voluntario.

No obstante, la revolución feminista deberíamos considerarla desde la «Igualdad Real» en general porque no debemos olvidar que «definir es limitar».

Como dijo la escritora Mary Wollstonecraft: «Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas». Una reflexión que tiene un trasfondo muy importante sobre lo que la lucha del feminismo significa: la consecución de que esos derechos sean efectivos, a pesar de estar reconocidos en textos legales los mismos derechos que los hombres. No se trata de un supremacismo de la mujer o la sustitución del patriarcado por el matriarcado, sino de alcanzar el objetivo primordial que no es otro que la igualdad real, que se basa o emana del propio concepto de libertad.

El feminismo no es solo una ideología, es una revolución en sí mismo, porque es un elemento de ruptura con el supremacismo patriarcal que ha regido a la humanidad desde su propia creación. Angela Davis afirmó que «No estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar, estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar».

Por eso el feminismo es, en sí mismo, una revolución, porque busca realizar un cambio radical y pacífico sobre los aspectos de la vida que son inaceptables, por más que much@s se empeñen en desprestigiarlo con falsedades y mentiras que no son otra cosa que la recuperación de percepciones ideológicas medievales.

El feminismo, como movimiento revolucionario, ha de tener en cuenta que su prioridad es conseguir la igualdad real, la igualdad real que respeta los derechos humanos, la igualdad real que no se disfraza con las añagazas de las élites que ya están pretendiendo incorporarse a la lucha para obtener beneficios.

«El feminismo no se trata de hacer más fuertes a las mujeres. Las mujeres ya son fuertes. Se trata de que el mundo perciba esa fuerza», dijo la escritora estadounidense G. D. Anderson. Eso es lo importante y no la entrada en debates que deben realizarse una vez logrado el objetivo primordial.

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