Resulta normal, higiénico, que un presidente mude de opinión en cualquier aspecto cuando antes ha sido jefe de la oposición; se debe a que entonces conoce los datos y la responsabilidad del cargo. Ha ocurrido con todos los de nuestra joven Constitución y por fortuna seguirá sucediendo, siempre que el susodicho, en cada momento, no se salté cual liebre los parámetros de su ideología, aunque deba adecuarlos a la coyuntura. Representa el paradigma de lo anterior Felipe González con OTAN no y luego OTAN sí, convencido, y acertó, que sin pertenecer a la alianza atlántica iba a ser imposible entrar en la hoy llamada UE.

Pedro Sánchez ha aclarado, tras anunciar hace cinco meses que terminaría la legislatura, que de no aprobarse los presupuestos adelantaría las elecciones y que a él le corresponde macar la fecha, añadiendo que nadie maneja su calendario y que en su calidad de jefe de gobierno no puede ceder a las exigencias de los independentistas (catalanes) a fin de obtener los votos con los que sacar adelante la suma del ábaco socialista. Les toca a los actores que le achacaban gobernar con el chantaje de los catalanes hispanófobos, derrotando la testa, callar, enmudecer ante un planteamiento ceñido a la más estricta interpretación de la democracia.

A mi entender, hay detrás de la decisión un par de argumentos de peso.

El primero lo dicta el deseo de la ciudadanía. Prolongar unos presupuestos de una organización adversa, pese a que se transformen mediante decretos de leyes, significaría, de algún modo, traicionar a los votantes del PP y de Ciudadanos, de los que PS es presidente, con el añadido de no haber salido elegido conforme las urnas, por muy lícita que haya sido la moción de censura respecto a ley. También, trastocar el pilar de la gobernabilidad, el reparto de los recursos, de un partido de derechas en calidad de líder de la izquierda, no se entendería desde una perspectiva de salubridad parlamentaria, cuyos hombros soportan los españoles. PS, además de saberlo, lo asume cómo una verdad univoca, propia de un demócrata al margen de su adscripción política, lo que le honra.

El segundo radica en el chantaje podemita. PS, con mano torera, ha llegado a acuerdos con el Sr. Iglesias Turrión que no bombardean la base de flotación del buque socialdemócrata, pero se sospecha que la formación morada, viendo a su esquife hundirse en las encuestas, está huyendo hacia delante, realizando peticiones bajo la mesa capaces de trastocar el ideario del PSOE, con lo que éste se vería abocado a su desaparición a medio plazo cómo ha acaecido en países de nuestro entorno. Eso tampoco lo hará el presidente por razones de conciencia y de pertenencia a un pathos emocional presente en el socialismo español desde hace 140 años. No será Pedro Sánchez quien traicione a España ni a nuestro partido. Adelantar las elecciones lo demuestra.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre