“En este contexto de pandemia con miles de contagiados y fallecidos atrás, saltarse el confinamiento y no respetar las normas básicas de comportamiento social no es una decisión que podemos tomar individualmente dependiendo de las circunstancias personales; la suma del tan manido “ Si no va a pasar nada” refleja el egoísmo que anida en cada uno de nosotros sin importarnos el resto de miembros de la sociedad, como si la responsabilidad de combatir al  virus no fuera de cada uno de nosotros, sino de los otros”

Madrid, barrio de Salamanca, un jueves cualquiera del mes de Mayo, 20 horas: un grupo de ciudadanos salen a la calle, cacerola y cuchara en mano y con banderas en sus espaldas, algunas constitucionales, otras no, a exigir libertad. Envalentonados por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, días antes en la Asamblea de Madrid, bajan de sus lujosos balcones desde donde estuvieron aplaudiendo a los sanitarios durante más de dos meses, y sin respetar la distancia de seguridad, vociferan Gobierno Dimisión“”Gobierno Criminal””Sánchez Vete Ya”. Los infectados, los más de 27.000 fallecidos, el personal sanitario que ha estado en primera línea arriesgando sus propias vidas, poco importan…..La consigna es clara; hay que desestabilizar al gobierno  y no hay estado de alarma que valga.

 Sábado 23 de Mayo. 12 horas Cuando gran parte del país permanecía aún en fase 1, Madrid, por cierto en fase 0, Vox convoca una manifestación en coche, más como provocación al gobierno de Sánchez –Iglesias, a la espera que le fuera denegada la misma, que como medio de protesta política. Los resultados los vimos todos; los máximos dirigentes de Vox subidos a una carroza al mas estilo Orgullo Gay arengando a los fanáticos en sus coches y comparando el evento al triunfo de la selección española, por cierto, La Roja, en el Mundial de Fútbol del 2010.

En cualquier caso, ni Santiago Abascal, ni Macarena Olona, ni Javier Ortega Smith ni Iván Espinosa de los Monteros ni Rocio Monasterio mantuvieron la distancia mínima de seguridad recomendadas por las autoridades sanitarias como medidas de prevención de la pandemia. Está demás decir que si los convocantes no daban el ejemplo mucho menos se les podía exigir a los manifestantes que abrieron las puertas de sus coches en medio de la Castellana para saludarse y darse ánimos en un clima de festividad con mucho griterío, excesos de banderas y mucho ruido de cláxones. El bullicio tenía que ocultar que eran menos de los que decían ser.

Mientras ellos se lo pasaban en grande, como en Ifema hace unas semanas atrás, había miles de infectados luchando por su vida en los hospitales con la ayuda inestimable de los sanitarios al límite del cansancio  y otro centenar de familias que no podía despedir a sus seres queridos.En fin, un despropósito.

Si ciertos dirigentes políticos se comportan irresponsablemente poniendo en riesgo la salud de todos  ¿Podemos esperar que los ciudadanos a pie de calle tengan un comportamiento ejemplar? La respuesta es evidente.      

Cuando todavía una gran parte de la población española seguimos encerrados en nuestras casas, este mismo fin de semana hemos sido testigos de cómo un grupo de hasta 3.000 jóvenes organizaban un macro botellón en Tomelloso, Ciudad Real; que una treintena de aristócratas, con visita especial del Príncipe de Bélgica incluida, disfrutaban de una fiesta en Córdoba y,  de cómo un pasajero cogió un vuelo Madrid- Lanzarote tras haber estar en Castilla La Mancha con familiares en estrecho contacto con una fallecida por Covid. Si a estos casos le sumamos el aumento de contagios por otras fiestas con exceso del límite permitido de personas en Lleida, Ceuta, Badajoz es evidente que la irresponsabilidad campa a sus anchas a lo largo de todo el país.

No obstante, no hay que ir a las noticias más difundidas en la prensa. Basta darse un paseo por las fotos recibidas en los últimos días por mensajes de WhatsApp o por las imágenes subidas a Facebook o Instagram de nuestros amigos y familiares para confirmar que hay derroche de abrazos y besos… pero con mascarilla al cuello!       

  Y para finalizar, otro ejemplo más de irresponsabilidad que no saldrá en los medios pero no menos importante.    

Sábado 29 de Mayo. 13 horas. Hipermercado de  centro comercial del sur de Madrid. Fase 1.

En la puerta , una imagen que ya forma parte de la  “Nueva normalidad” a la que este virus nos ha obligado a convivir vaya a saber por cuánto tiempo; una cola interminable para entrar a la tienda por superación de aforo y clientes poniéndose gel y  guantes. La cadena de alimentación cumple con los protocolos de seguridad y los clientes…… ¿ Los cumplen?

Al rastrear detenidamente  la conformación de la cola a las puertas de esta gran superficie, se podía observar que había familias enteras, matrimonios e hijos menores de edad que se ve, habían tomado la salida al supermercado como un paseo más, de esos que hacíamos todos antes de los 70 días de confinamiento. Eso sí, la mascarilla la tenían todos, desde el papá, la mamá, la abuela y hasta los niños de 7/ 8 años.

Una vez dentro el panorama no era mejor. La tienda estaba al máximo de su capacidad con tres cuatro personas por carro y con niños correteando entre los pasillos a los que, por seguridad, los otros clientes tenían que hacer todo un ejercicio  de equilibrio para evitar contacto físico con ellos.

Tras un confinamiento emocional y psicológicamente duro y también económicamente muy difícil para muchas familias, ya en fase de desescalada, el Gobierno estableció franjas horarias para disfrutar de paseos, realizar actividad física, para que los niños pudieran jugar en nuestras aceras, parques, jardines y plazas.  Asimismo, determinó algunas obligaciones a cumplir por parte de todos entre las cuales se encuentra que, en fase 1, NO  pueden ir a un comercio o tienda más de una persona por grupo familiar. 

En conclusión, algunos ciudadanos salen a pasear, a entrenar, llevan a los niños a las plazas, acompañan a los abuelos en los horarios para mayores de 70  dentro de las franjas permitidas para luego ir todos juntos al súper como si respetar las leyes no fuera con ellos…. O sólo la parte que interesa. En fin. Otro despropósito y una irresponsabilidad más.   

  En pocas palabras, a medida que las fases avanzan, algunos ciudadanos van distendiéndose y desescalando sus medidas de protección sin reparar que la suma del incumplimiento individual de las normas  puede afectar la salud de los demás; no sólo se exponen ellos mismos al virus, sino que, al regresar a casa, también ponen en riesgo a su entorno más cercano, pareja, madre, padre, hijos, hermanos.

Y los hechos hablan por sí mismos: 14 días después de las manifestaciones del barrio de Salamanca, se han registrado 1.567 nuevos contagios y 4.173 nuevos sospechosos. En las próximas dos semanas, veremos hasta qué punto la irresponsabilidad de algunos nos sale muy cara a todos. 

En este contexto de pandemia con miles de contagiados y fallecidos atrás, saltarse el confinamiento y no respetar las normas básicas de comportamiento social no es una decisión que podemos tomar individualmente dependiendo de las circunstancias personales; la suma del tan manido “ Si no va a pasar nada” refleja el egoísmo que anida en cada uno de nosotros sin importarnos el resto de miembros de la sociedad, como si la responsabilidad de combatir al  virus no fuera de cada uno de nosotros, sino de los otros. Si caemos en esta trampa, la lucha contra el Covid la habremos perdido por el virus de la irresponsabilidad; habremos dejado de ser una sociedad  para convertirnos en una jungla donde el “Sálvese quien pueda” sea su leitmotiv sin tener en cuenta que quizás ni siquiera seamos capaces de salvarnos a nosotros mismos. Estamos a tiempo.     

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2 Comentarios

  1. Y pensando en esto, uno piensa que los que se saltan las normas lo mas probable es que sean los que menos problemas economicos y laborales tienen, y claro, como vuelves a encerrar a la gente en sus casas, cuando los que peor lo pasan son los mismos otra vez, no solo son irresponsables con la salud de todos sino tambien con los bolsillos, lamentable…

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