(Para Diego Diamante)

Lo cuenta como si fuera un chiste, a pesar de que la historia es real y él uno de los protagonistas.

-Había una vez un hombre -cuenta- que vivía en una zona residencial de las afueras de Frankfurt, en un agradable aunque no especialmente lujoso chalet adosado. Como es habitual en las llamadas zonas residenciales no mantenía relación alguna demasiado estrecha con sus vecinos, pero sí había uno, un turco llamado Azad, con quien conversaba con frecuencia pues las casa de ambos se hallaban apenas separadas por un murete de metro y medio de alto.

Como la historia es antigua al hombre le gusta contarla utilizando la moneda que a la sazón se utilizaba en la república alemana: el marco.

Un millón de marcos.

-Esa era la cantidad que le habían ofrecido a Azad por su adosado que, naturalmente, era idéntico el suyo. Un millón.

Al llegar a esa parte del relato el narrador hace una pausa y sonríe a su interlocutor que aún no puede adivinar donde estará la gracia del cuento y se limita a escucharlo expectante.

-Cuando me enteré que a Azad le habían ofrecido semejante cantidad, pensé que era el momento de poner a la venta mi propia casa: llevaba muchos años divorciado y mis tres hijos vivían lejos, todos -excepto uno que se había instalado en París- en países extranjeros con buen clima. Así que llamé a un agente inmobiliario para que me la tasara. ¿Y sabes la cantidad que me dijo valía mi casa, idéntica a la de Azad?

En ese momento, lo ha contado muchas veces y está seguro del resultado final, de la risa o al menos sonrisa de la persona que le está escuchando, hace una pausa

y rellena el vaso

o le da un sorbo si aún está medio lleno

o deja de caminar -en el caso de que la conversación se esté desarrollando en el marco de un agradable paseo por el Bosque Negro o los Montes del Taunus,

y mira directamente a los ojos de su interlocutor.

-Según el perito inmobiliario mi casa valía solamente la mitad, un poco más de la mitad en realidad: entre quinientos cincuenta mil y seiscientos mil marcos. Me pareció indignante. ¿Qué pretendía mi vecino tomándome el pelo de ese manera? No esperé a encontrármelo en el jardín, como era lo habitual, sino que llamé al timbre y le pregunté si podíamos hablar un momento.

-Claro -me respondió el vecino turco.

-No lo comprendo. Nuestras casas son iguales.

-Cierto mi querido Herman, pero hay una diferencia fundamental entre vender la tuya y vender la mía: yo no tengo un vecino turco.

La sonrisa, y a veces hasta una breve risa de conocedor, siempre llegaba cuando terminaba de contar la historia. Nunca nadie le había preguntado que sucedió al final, si había vendido o no su propia casa, pero en caso de que se lo hubieran preguntado difícilmente habría podido responder con la verdad, o al menos no con la verdad completa, porque era falso a pesar del informe médico impecable que hubiese sido un accidente lo que acabó con la vida de Azad; un buen hombre, lástima que no se decidiera a vender cuando le ofrecieron ese millón.

(La historia original me la contó Diego Diamante cuando estaba al mando del Consulado General de España en Sttutgart. Y sucedió que un día fui yo quien se la contó a un colega: el escritor Álvaro Rodríguez de la Rubia. ¿Es verdad o es un chiste? Es verdad, respondí, o eso creo.

Pues deberías escribirlo.

Así lo hice. Lo escribí, pero el resultado no me convenció. Unos días más tarde hice una segunda versión, y dos semanas después una tercera, con el desenlace que he acabado por dejar. Luego dejé durmiendo el texto en la extraña cueva que es la memoria del ordenador durante más de un año, y hoy lo he rescatado para despertar al dinosaurio que es la Suite del Cazador de Cuentos para Diario16; me encantará cuando vuelva a abrir los ojos, esta Suite, y vea que yo, y quizás también algunos de sus lectores, seguimos allí).


(Javier Puebla es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito durante todos los días de un año un cuento o relato literario: El Año del Cazador, una suerte de novela neurológica que sólo puede conseguirse completa y editada en papel solicitándosela directamente al autor a través de Twitter, Instagram o Facebook, o en el correo elcazadordecuentos@javierpuebla.com 

Esta Suite -que comenzó a publicarse en 2019 en Diario16 con 33 relatos en 33 días- recupera el espíritu y la forma de observar la vida con unos ojos distintos, ojos de Cazador de Cuentos.)

 

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(Mecanografía: LF)

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