Terminó una nueva jornada de LaLiga y, como ocurre todas las semanas, el Vídeo Arbitraje (VAR) se convirtió en el protagonista. No se habla, en la medida que se merece, del gran partido que hizo el joven Ansu Fati en el partido FC Barcelona – Villarreal o del debut espectacular del delantero uruguayo Luis Suárez en el Atlético de Madrid. No, el protagonista es el VAR, sobre todo por lo que ocurrió en el Benito Villamarín en el encuentro Real Betis Balompié – Real Madrid, donde hubo decisiones muy polémicas pero que, salvo en un muy dudoso fuera de juego que terminó en el segundo gol madridista, fueron correctas: la expulsión de Emmerson era expulsión y el penalti de Bartra por manos en el área era penalti, según el criterio de las manos que se ha implantado en los dos últimos años. Respecto al fuera de juego, fue tan justo que todo depende del frame en que se tira la línea. Si se ajusta a cuando sale el balón de la bota del pasador la posición del jugador del Real Madrid era incorrecta. Si se ajusta al momento en que el pasador toca el balón, era correcta.

Sin embargo, las quejas de los béticos están justificadas porque el VAR ha convertido al fútbol en otro deporte. Se pretendió implementar una herramienta que terminara con los errores arbitrales y lo que han creado es un monstruo por el que se toman decisiones que cambian en base al criterio de quien se encuentra en la sala VOR y que puede cambiar dependiendo del partido. Eso es lo que hace que el VAR sea tan contradictorio y que genere tanta polémica y desconcierto incluso entre los propios profesionales del fútbol. Eso sí, cuando los errores favorecen, el VAR es magnífico. El Betis, que tanto clamó este fin de semana, se cayó en la pasada jornada por un penalti señalado por una mano absolutamente involuntaria de un defensa del Real Valladolid. Pero este es el «nuevo reglamento» del VAR.

Estas incongruencias se vieron en esta jornada. Mientras en el Betis – Real Madrid el VAR volvió atrás la jugada para pitar el penalti de Bartra, en el Cádiz – Sevilla no lo hizo con una flagrante falta al Choco Lozano en el inicio de la jugada que terminó con el segundo gol sevillista. O, por ejemplo, la temporada pasada se pudo ver una mano de libro, de las que se ponen como ejemplo en el curso de árbitros, del jugador del Getafe Cucurella en un partido contra el Valencia que no fue pitada como penalti. También se pudieron ver dos penaltis en el FC Barcelona – Real Madrid en los que el VAR ni siquiera entró. O la mano de Jovic en el partido del Madrid contra el Leganés que no fue pitada, en contra del criterio que habían utilizado los árbitros durante todo el año. El resultado de ese error fue el descenso del club pepinero. Y así, cientos de jugadas.  

¿Favorecen al Real Madrid los árbitros y el VAR? No. ¿Favorecen al FC Barcelona los árbitros y el VAR? No. Si hiciéramos un paralelismo entre las decisiones controvertidas y los resultados finales, veríamos cómo los dos grandes clubes prácticamente ni ganaron ni perdieron puntos en la temporada pasada. El Real Madrid finalizó la liga con 87 puntos. Sin VAR hubiera logrado 88. El FC Barcelona acabó la competición con 82 puntos, los mismos que si no hubiera habido VAR. En la temporada 2019/2020 el equipo que más se benefició del VAR fue el Sevilla, mientras que el más perjudicado fue el RCD Espanyol con 4 puntos menos.

El entrenador del Real Betis, el chileno Manuel Pellegrini, afirmó en rueda de prensa que era muy difícil jugar contra el Real Madrid y el VAR. La verdadera carga de esas declaraciones no fue contra el club madrileño, sino contra la actuación del Vídeo Arbitraje, de la que, como hemos dicho anteriormente, no se quejó la semana pasada en el partido contra el Valladolid. Pellegrini tiene razón. Es muy difícil jugar contra el VAR, porque eso es lo que realmente está ocurriendo en España: los equipos juegan contra los criterios incongruentes de una herramienta que debería cerrar los debates, no abrir más polémicas.

En primer lugar, el VAR no está para rearbitrarlo todo, sino los errores más garrafales que pudiera cometer el árbitro. Por esa razón, lo que está ocurriendo en España es que se está utilizando mal, lo que adultera la competición, y, en consecuencia, se convierte en un modo de corrupción.

En segundo término, el Vídeo Arbitraje se utiliza en otros deportes y, en ninguno de ellos está generando tanta polémica, a pesar de que en algunos casos el contacto y la velocidad de juego hacen que sea mucho más difícil para los árbitros acertar en sus decisiones: rugby, baloncesto, tenis (ojo de halcón) o fútbol americano son algunos ejemplos.

En tercer lugar, la decisión del uso del VAR no puede corresponder en exclusiva al equipo arbitral, sino que deben ser los clubes los que decidan, en un número concreto de ocasiones, y, sólo en jugadas con error flagrante que entre de oficio el VOR. Pongamos un ejemplo muy sencillo de entender, incluso para Velasco Carvallo: la NFL lleva décadas utilizando la revisión por vídeo. Son los entrenadores los que tienen la potestad de reclamar, en dos ocasiones como máximo, que el árbitro revise una jugada lanzando un pañuelo rojo. El equipo arbitral no entra de oficio. Y no se genera ningún tipo de polémica.

En cuarto término, el VAR se ha convertido en un elemento más de lucha entre Federación y LaLiga, por intereses económicos que se reflejan en las cadenas y medios de comunicación controlados por Jaume Roures que intentan hacer ver que el sistema aplicado por la Federación no hace más que cometer fallos, sobre todo en las líneas del fuera de juego. Como decíamos antes, un simple frame en el momento de tirar esas líneas supone que un jugador esté o no esté en situación reglamentaria. Eso se está utilizando para deslegitimar la herramienta utilizada en la actualidad que, por cierto, es la misma que se usa en la Bundesliga, la Premier, la Serie A, la Ligue 1 o las competiciones de selecciones organizadas por FIFA o las confederaciones continentales. ¿En todos los lados funciona menos en España? Señor Roures, eso no se lo cree nadie. La Federación tampoco es inocente de esto, porque, tras un año de utilización de la herramienta del dueño de Mediapro, Rubiales se dio cuenta de que le entregaba el control de los arbitrajes a su enemigo, a Javier Tebas, y eso no lo podía permitir. Por eso concedió la explotación del VAR a la empresa Hawk Eye y se la quitó a Roures y en sus canales de televisión deportivos se comenzó el ataque directo contra la nueva herramienta. Una cuestión económica, no deportiva.   

El problema en España es que el arbitraje se ha utilizado históricamente como arma de control de los clubes. Y Rubiales lo sigue haciendo como sus antecesores. Por eso la Federación de Fútbol no cede el control porque perdería toda su fuerza respecto a los equipos. ¿Serían mejores árbitros si estuvieran controlados por LaLiga? No, porque el nivel arbitral español es muy deficiente y la situación actual no variaría mucho dado que sería entonces Javier Tebas quien tuviera la capacidad de influir en el criterio. ¿Serían mejores árbitros si se autogestionaran? Peor aún, porque muchos de los problemas que hay en el VAR vienen del corporativismo del colectivo y de la protección que se dan unos a otros.

La Federación de Fútbol ha utilizado y sigue utilizando a los árbitros como arma para lograr la adhesión de los equipos profesionales porque, quien se sale del apoyo al presidente de turno, en este caso Luis Rubiales, se puede encontrar con arbitrajes sospechosos o con decisiones de VAR incomprensibles. Eso lo saben en los clubes. Con Ángel María Villar se pudo comprobar en cómo, en los momentos en los que pareció que existía un candidato que podía sacarlo de la Federación, los equipos que le apoyaron recibieron arbitrajes muy favorables, tanto en España como en Europa, teniendo en cuenta que el exdirigente vasco era un miembro del comité de árbitros en los organismos del fútbol internacional. No hay más que recordar la frase que dijo y que fue recogida en las escuchas de la Policía del Caso Soulé: «Si los árbitros no hacen lo que yo les digo, los quito».

Con Luis Rubiales está ocurriendo lo mismo, pero acrecentado por su guerra contra Javier Tebas y la Liga de Fútbol Profesional. El presidente de la RFEF sabe que, a través del VOR y del VAR, tiene el arma perfecta para que los clubes se pongan de su parte porque, quien se salga del carril, ya sabe lo que le espera. Y, además, lo hace de manera dictatorial.

Por las declaraciones que hizo Manuel Pellegrini, realizadas con todo el respeto y la educación que caracterizan al entrenador del Betis, el Comité de Competición estudiará una sanción de 4 a 11 partidos al chileno porque este año la RFEF ha aprobado una norma por la que cualquier crítica a los árbitros es susceptible de ser sancionada. Todo un atentado al derecho a la libre expresión recogido en la Constitución Española y una nueva mordaza contra la crítica legítima a unas actuaciones incomprensibles. Un comportamiento absolutamente dictatorial.

Ante esta situación es normal que Rubiales haya conseguido la reelección sin contrincante, como la consiguió Ángel María Villar durante décadas. Los clubes tienen miedo a enfrentarse al presidente de la Federación porque cuenta con un cuerpo de élite: los árbitros. Mucho se habló de la candidatura de Iker Casillas, pero el ex guardameta internacional se dio cuenta de que no disponía de los apoyos suficientes porque no contaba con los clubes profesionales. Hay que recordar una cosa muy clara: un arbitraje puede ser parcial hacia un equipo sin necesidad de pitar penaltis, conceder goles en fuera de juego o expulsar jugadores. Un árbitro puede destrozar a un equipo en silencio, sin generar polémicas. Y eso lo saben todas las personas que hayan jugado o sepan de fútbol y que recuerden, por ejemplo, en cómo Velasco Carvallo destrozó a Colombia en el Mundial de 2014 al permitir que un solo jugador brasileño hiciera 16 faltas a James Rodríguez sin siquiera sacarle una tarjeta amarilla, hecho que sacó de quicio a la estrella cafetera. Ganó Brasil, como estaba en el guion.

Esta parcialidad y control del estamento arbitral es un modo de corrupción, como ocurre en la justicia ordinaria con las decisiones favorables a las élites y que están permitidas por el caducado presidente del CGPJ Carlos Lesmes. En el caso de los árbitros y la Federación se cuenta con la connivencia del Consejo Superior de Deportes que no entra de oficio en retirar el control de Rubiales respecto a quienes están obligados a impartir justicia en un campo de fútbol. Por tanto, el VAR y los árbitros están al servicio de un sistema y favorecen al sistema, lo cual perjudica a la Justicia. No favorecen a tal o cual club, sino que mantienen en el poder a presidentes autoritarios porque someter a los equipos a su voluntad es propio de las dictaduras e impiden que los propios clubes o los futbolistas denuncien movimientos sospechosos como lo que está ocurriendo con la Mutualidad. Pero esa es otra historia que nuestros lectores no se quedarán sin conocer.

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