Un brutal torbellino socioeconómico se ha desatado sobre Europa como resultado de la mortal pandemia del coronavirus. Un informe de Goldman Sachs pronostica una contracción del 9 % del PIB para la economía de la Eurozona en 2020. La que saldrá peor parada será Italia, con un desplome del 11,6 %, mientras la economía española, según el ubicuo banco de inversión norteamericano, se contraerá un 9,7 % y la francesa un 7,4 %.

El expresidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, en una columna en el Financial Times advierte a los líderes de la Unión de que “la pandemia de coronavirus es una tragedia humana de proporciones potencialmente bíblicas”, y que la respuesta comunitaria sólo puede pasar un por un significativo aumento coordinado de la deuda pública. Para él, “la única manera eficaz de abordar la situación con inmediatez pasa por la completa movilización de los sistemas financieros de los países, evitando demoras burocráticas”.

Sin embargo, la Unión Europea no termina de implementar una política solidaria común frente a la complejidad del reto representado por la expansión del Covid-19. Europa, un gigante herido, pero incompleto, que ha vivido hace pocos meses el trauma del Brexit y las recurrentes tensiones centrífugas alentadas por las fuerzas de ultraderecha, tiene enormes dificultades para configurar una respuesta a la altura de las circunstancias.

Las contradicciones que atraviesan el proyecto europeo son múltiples. La Unión Europea se diseñó, ya desde sus mismos tratados constitutivos, como un espacio abierto a la libre circulación de capitales, no sólo en el interior de la zona, sino también procedentes del exterior. Si a eso le añadimos la utilización de una moneda única configurada de manera extremadamente favorable a los intereses exportadores de Alemania y la ausencia de una política fiscal común, nos encontramos, reiteradamente, con una dinámica en la que cualquier crisis impacta de manera diferencial en los países del Norte y de la Periferia de la Unión, generando tensiones crecientes y potencialmente insolubles.

Los vimos en los años posteriores a 2008, cuando las primas de riesgo italiana o española amenazaron con acabar con la viabilidad del euro y Grecia se hundió en una catastrófica deriva hacia la pobreza. Sólo una respuesta unitaria, personificada en la declaración de Mario Draghi, entonces presidente del Banco Central Europeo, de que se iba a hacer “todo lo necesario”, pudo evitar el colapso e implosión del imperfecto proyecto de Estado-continente europeo.

 Pero el salvamento vino acompañado de fuertes condicionalidades, en la forma de planes de ajuste, recortes del gasto público y reformas laborales y de pensiones. Fueron las llamadas “políticas de austeridad”, exigencia fundamental de las élites financieras e industriales del Norte de Europa para rescatar a los bancos y a las dependientes economías de servicios de los países del Sur. Los desahucios, el paro de masas y el desmantelamiento creciente del Estado del Bienestar fueron el resultado de una década de reformas, recortes y privatizaciones. Recortes, muy señaladamente, también, en la Sanidad pública española, de lo que ahora hemos pasado a ser muy dolorosamente conscientes.

Y el problema es que ahora estamos en una nueva crisis, y las tensiones han reaparecido. Los debilitados sistemas públicos de salud del Sur de Europa, atenazados por la imposibilidad de los Estados miembros para realizar su propia política monetaria o para traspasar las enervantes exigencias de déficit del Tratado de Maastricht, no pueden hacer frente a la brutal extensión de la pandemia. Hacen falta recursos. Y algunos de los industriales y financieros del Norte quieren negociar contrapartidas.

Maratonianas reuniones se suceden en las altas instancias europeas. Holanda toma el papel de ogro desagradable para el Sur, mientras Alemania juega a mantener la Unión sin pagar demasiado a cambio. Los mediterráneos piden eurobonos, mutualizar los costes, rescates que no estén basados en la deuda y un gran Plan Marshall de reconstrucción de Europa.

La partida, en estos momentos, está al rojo vivo. El Banco Central Europeo ha decidido, pese a sus iniciales vacilaciones, poner en marcha un plan de compras de activos comunitarios de 750.000 millones de euros para salvar la moneda única. Su presidenta, Christine Lagarde afirma que “actuará como sea necesario y durante el tiempo que sea necesario”. La Unión, tras muchas tensiones políticas, decide poner en marcha varios instrumentos de ayuda a los Estados miembros, con condicionalidades “blandas”: créditos del MEDE (el Mecanismo de Estabilidad Europeo), un fondo de garantías del Banco Europeo de Inversiones de 200.000 millones de euros y un mecanismo temporal de reaseguro del desempleo comunitario para los trabajadores que estén en situación de suspensión en sus trabajos (como es el caso de los incluidos en los ERTEs y los autónomos españoles).

Los gobiernos mediterráneos insisten en la necesidad de los eurobonos u otros mecanismos de mutualización de la deuda, hacen notar que los créditos del MEDE presuponen el cumplimiento de las normas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento que fuerzan a mantener el déficit público por debajo del 3%, lo que implica, en estas circunstancias, la temida “austeridad”;  y subrayan la necesidad de un seguro de desempleo europeo permanente, así como de una auténtica línea de solidaridad transcontinental basada en transferencias de renta y no en deuda.

Y, en este escenario de tensiones y forcejeos, entra en escena el Tribunal Constitucional alemán.

El día 5 de mayo, el Tribunal Constitucional germano dicta una sentencia que actúa como la explosión de un polvorín, en medio de una ciudad sitiada. Su fallo mantiene que el Banco Central Europeo se extralimitó en su mandato con su programa de compra de deuda pública, lanzado en 2015, bajo la presidencia de Draghi, para frenar el brutal colapso de la crisis iniciada en el 2008. El Constitucional alemán requiere al BCE para que justifique su actuación e insta al Bundesbank a interrumpir las compras que realiza a cuenta de ese mismo programa. Si el BCE no responde satisfactoriamente al Alto Tribunal germano, en el plazo otorgado para ello, afirma la sentencia, el Bundesbank deberá encontrar una forma consensuada para deshacerse de los bonos comprados en el marco del programa que están en su poder.

Con esta decisión, el Tribunal Constitucional alemán pone en crisis varios elementos centrales de la actual arquitectura europea. En primer lugar, sienta un precedente que podría ser utilizado contra el actual programa de compras del BCE relacionado con la crisis del coronavirus, ya que este es aún más laxo que el rechazado por la Corte. Pero, aún más, pone en cuestión la jerarquía jurídica de las normas y las instituciones en el interior de la Unión. El tribunal desoye una previa sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que ha considerado justificado el programa del BCE en diciembre pasado, y lanza un requerimiento que se quiere imperativo a una institución comunitaria e independiente (el BCE) que, según los tratados de la Unión, no puede ser fiscalizada por las instituciones nacionales de los Estados miembros.

La independencia del Banco Central Europeo y el futuro de la Unión pasan a estar en juego. El BCE se niega a responder al Tribunal Constitucional alemán. La presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, amenaza con multar al Estado germano y afirma “el Tribunal de Justicia de Luxemburgo siempre tiene la última palabra en materia legal en la Unión Europea. Me tomo esto muy en serio.”

Pero la canciller Angela Merkel siembra dudas. Afirma en una reunión con altos funcionarios de su partido que el fallo del Tribunal Constitucional germano es “solucionable” si el BCE atiende al requerimiento de la Corte y le explica su plan de compra de deuda. Un portavoz de su Ministerio de Finanzas indica que el gobierno alemán cumplirá con los requisitos fijados por la sentencia. El presidente del Bundesbank declara que “respetando la independencia del BCE” apoyará todos los esfuerzos para que este justifique su plan de compras ante el Constitucional alemán.

Alemania, por tanto, amenaza con poner el entero edificio institucional y jurídico de la Unión Europea patas arriba. Y lo hace desde la insolidaridad, desde una inconfesada vocación imperial que le hace pensar que los mercados protegidos que le brinda la existencia de la Unión Europea no han ser sufragados mediante el reciclado de sus excedentes industriales. Polonia y Hungría sonríen a la espera de que el caos desatado termine por descomponer el edifico jurídico que ha servido como freno a su deriva autoritaria interna.

Todo está en juego en esta intempestiva crisis del coronavirus. Europa tiembla, atenazada por las contradicciones del Brexit, del enfrentamiento Norte-Sur, de las tensiones con el grupo de Visegrado, de su incapacidad para construir un aparato de defensa propio y una política exterior común y de su pérdida tendencial de soberanía tecnológica. Encara ahora la rebatiña desatada por las élites sobre quién tiene que pagar las pérdidas derivadas de la pandemia,

Europa es una buena idea. Vivimos en un mundo de tiburones globales, de Estados-Continente como Rusia, China o los Estados Unidos de América, de fondos de inversión que manejan capitales inconmensurables. Sólo una Europa unida puede hacer frente a los grandes torbellinos que se apuntan en el horizonte, como la crisis ecológica, la Cuarta Revolución Industrial o el caos creciente de un mundo multipolar y desigual.

Pero lo que no está claro es que nos valga cualquier Europa. Estamos ante una Europa sin solidaridad, sin fiscalidad común, sin un Derecho del Trabajo que sirva como suelo legislativo, sin una defensa soberana e independiente. Pertenecemos a una Europa que desoye las llamadas a compartir la deuda, a la construcción de una renta básica de ciudadanía, a una profundización democrática y a una apuesta federal para el continente, que sólo puede estar basada en la convergencia hacia arriba de las condiciones de vida de los trabajadores europeos.

Afirma Mario Draghi en el Financial Times que, en estas circunstancias “el coste de vacilar podría ser irreversible”. La austeridad puso en cuestión la idea de Europa la década pasada. Y el Tribunal Constitucional alemán, ahora, la puede empujar al abismo.

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3 Comentarios

  1. El Tribunal Constitucional alemán, contra Europa.
    Sí, en defensa propia. Ante una cultura que utiliza el diccionario a su antojo, definamos qué es la «solidaridad». DRAE:
    1. f. Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros.
    ¿Queda claro «la causa o a la empresa DE OTROS»? ¿Ha quedado clarito?
    A continuación, definamos «impuesto». DRAE:
    2. m. Tributo que se exige en función de la capacidad económica de los obligados a su pago.
    ¿En qué consiste la solidaridad? Fácil. Usted tiene un proyecto o padece una necesidad y servidor DECIDE si colabora con usted O NO. Eso es la solidaridad, porque sin el factor DECISORIO de cada individuo, si estoy obligado a colaborar con «la empresa de otros», tal colaboración ya no es «solidaria», es un impuesto. Recuerde la definición del término: «los OBLIGADOS a su pago».
    Si se me OBLIGA a ser solidario con usted, pago un impuesto. Si no puedo decidir si soy o no soy solidario, ni puedo decidir la cuantía de mi «solidaridad», pago un impuesto. En esas condiciones, no se cumple la definición de «solidaridad»: «Adhesión CIRCUNSTANCIAL a la causa o a la empresa DE OTROS», sino la de «impuesto»: «los OBLIGADOS a su pago».
    Si no decido si soy o no soy solidario con usted y en qué cuantía lo soy si decido serlo, pago un impuesto, es decir, le estoy subsidiando. «Subsidiar» según el DRAE:
    Del lat. subsidium ‘ayuda, auxilio’. 1. m. Prestación pública asistencial de carácter económico y de duración determinada.
    ¡Caray con la frasecita final! ¿Qué querrá decir? ¿Dice lo que parece que dice? ¿Significará dicha frase que si un subsidio no tiene una «DURACIÓN DETERMINADA»… deviene en otra cosa? Y… ¿en qué deviene? «Expoliar» según el DRAE:
    1. tr. Despojar algo o a alguien con violencia o con iniquidad.
    ¿Entendido? Si estoy OBLIGADO a ser solidario con usted le estoy subsidiando, y si dicho subsidio es eterno, usted me expolia. Sencillo, ¿no?
    Antes de continuar, repase usted, por favor, los mapas que ofrece este artículo, confeccionados siguiendo datos oficiales espanyoles:
    https://www.vilaweb.cat/noticies/cinc-mapes-economics-que-ensenyen-que-els-paisos-catalans-son-diferents-despanya/
    Conclusión: de los autores de «La Catalunya insolidaria», del director de «La Catalunya privilegiada» y los productores de «La Catalunya burguesa explotadora de la inmigración española»… llega a sus pantallas… «Pertenecemos a una Europa que desoye las llamadas a compartir la deuda». Vaya, vayita… ¿quién y en qué artículo ha escrito la frasecita de marras? ¿Ha sido un alemán, precisamente? No. ¿Ha sido un danés, un finlandés, un belga? No, no, no: ha sido un espanyol muy espanyol y mucho espanyol.
    Porque… no sé si usted se ha hecho alguna vez esta pregunta: ¿cuándo ha reclamado Catalunya la «solidaridad» del resto de regiones? ¿La ha necesitado alguna vez? ¿Los catalanes hemos recibido alguna vez un solo céntimo de Andalucía, las Castillas, Galiza, etc?
    De la misma manera, ¿cuándo ha solicitado Alemania la «solidaridad» de los espanyoles? ¿Cuánto dinero espanyol han recibido los alemanes? ¿Cero patatero? Vaya, vayita.
    ¿Sabe usted qué sucede en el País Valencià? Créaselo, porque es bien cierto: el País Valencià es la región que más aporta, proporcionalmente, al fondo común espanyol pero no alcanza la media de renta per cápita espanyola. Usted… ¿cómo denominaría esta circunstancia?
    ¿Sabe que el déficit fiscal de les Illes Balears es el más alto del mundo? Según el último mapa incluido en el enlace anterior, dicho déficit es del -14,2%. (La diferencia entre la cantidad que anualmente las Balears pagan al Estado en impuestos y la cantidad que el Estado gasta en Balears es igual a 14,2% del PIB balear, lo que supone una cantidad de dinero inmensa). Bien, ¿cómo definiría esta situación?
    Yo la defino así: las Illes Balears y el País Valencià son la prostitutas orgullosas del orgulloso macarra espanyol. Si usted vive tranquilo, muy espanyol y mucho espanyol, prostituyendo regiones que considera «hermanas» y los valencianos y baleares viven tranquilos y felices prostituyéndose, pues… los unos y los otros, a disfrutar.
    Pero, ¿qué sucede cuando el prostituido, el expoliado, reconoce su condición y pretende abandonarla? Que se convierte en un «insolidario», según la terminología hispana. Le cito de nuevo: «Pertenecemos a una Europa que desoye las llamadas a compartir la deuda».
    Vamos a ver… ¿por qué narices cree que Europa debe «compartir la deuda» y espera que lo haga eternamente? ¿Con qué argumentos EXIGE ser eternamente subsidiado?
    Europa ha sido muy solidaria con Espanya. Mucho. Europa ha ELEGIDO SERLO y ha decidido LA CUANTÍA de dicha solidaridad. Lo que pasa en Alemania y en Holanda, estimado articulista muy espanyol y mucho espanyol, es que, demostrando mi tesis, han decidido dejar de ser SOLIDARIOS porque no tienen ninguna obligación de serlo.
    Los pérfidos nórdicos han descubierto lo que descubrimos los catalanes hace tiempo: la frase «los mercados protegidos que le brinda la existencia de la Unión Europea no han de ser sufragados mediante el reciclado de sus excedentes industriales» YA NO CUELA. GAME OVER.
    ¿De qué le sirve a Alemania que los espanyoles compren sus productos si le pagan con dinero generado en Alemania, recaudado a ciudadanos alemanes y fruto de la asunción alemana de la deuda espanyola? DRAE:
    asunción de deuda
    1. f. Der. Acto de hacerse cargo de una deuda ajena, de acuerdo con el acreedor y liberando al deudor primitivo.
    De la misma manera y por el mismo motivo: ¿para qué quiere la industria catalana vender 4 a Espanya si Espanya le cobra 6 en impuestos? Nos están pagando con nuestro dinero.
    Termino. Si los países nórdicos dejan de ser solidarios, demostrarán mi tesis: la «solidaridad» no es tal sin el CONSENTIMIENTO del solidario y sin COACCIÓN por parte del «ayudado».
    En cambio, si una región o un país no pueden dejar de ser «solidarios» porque serían represaliados por el subsidiado… tal situación constituye un saqueo de manual. «Saquear» en el DRAE:
    2. tr. Entrar en una plaza o lugar robando cuanto se halla.
    3. tr. Apoderarse de todo o la mayor parte de aquello que hay o se guarda en algún sitio.
    Y parece que los maléficos nórdicos, infieles protestantes para más señas, se han cansado de ser saqueados, porque le han visto las orejas al lobo: «si tenemos que subsidiarlos eternamente… ¿quién domina a quién?»
    Si Alemania decide dejar de ser solidaria y lo consigue demostrará que la Unión Europea es fruto de un acuerdo y no una imposición por la fuerza. Por eso el Reino Unido la ha abandonado sin un solo disparo; su adhesión a la Unión era voluntaria: a nadie se le ha ocurrido amenazarles con enviarles barcos cargados de sádicos picoletos y maderos.
    La adhesión del Reino Unido y de Alemania a la Unión Europea fue y es voluntaria, y cuando han creído o creen que los inconvenientes de un acuerdo voluntario superan a sus ventajas, lo rompen. Así de sencillo. Como debe ser.
    Catalunya, en cambio, no puede romper su relación con Espanya «por las buenas» porque dicha relación es impuesta por la fuerza. Catalunya no decide si quiere o no ser solidaria con el resto de regiones ni la cuantía de su solidaridad, por lo que su «solidaridad» le es IMPUESTA por la fuerza. (Maravilloso retruécano, ¡vive Dios!). Tal circunstancia demuestra la relación colonial entre Espanya y Catalunya, y si Alemania y el resto del contubernio nórdico vendido al oro de Moscú no deciden acabar con el eterno subsidio al «bendito e inmaculado» Sur, estarán demostrando que aceptan, toleran y, por tanto, fomentan, una relación colonial Sur-Norte.
    Y… parece ser que no la van a tolerar. GAME OVER.
    En Catalunya nadie ha discutido nunca su aportación al fondo común. Incluso en la todopoderosa Alemania hay landers que aportan y landers que cobran. Pero dicha aportación debe ser «solidaria», no fruto de la imposición.
    Usted, como buen espanyol, confunde «solidaridad» con «piratería», (para acabar como empecé, recurriendo al DRAE):
    3. f. Robo o destrucción de los bienes de alguien.

  2. LA JUSTICIA ES UN VALOR MUCHO MÁS ESTÉTICO Y MUCHÍSIMO MÁS ÉTICO QUE LA LIBERTAD, Y EN UNA PERSONA SANA, SUPERIOR.

    Del tema del TC alemán, el BCE y los bonos y fondos europeos a la independencia de Cataluña. Todo una deriva portentosa. Es que no tienen remedio. Se les va la …

    Si ese análisis lo aplica intraterretorialmente a cada uno de esos paises nordicos y a Cataluña, la trasferencia de dinero que hay ¿cómo lo denomina? ¿Al dinero del Vallés o de Barcelona que va hacia las comarcas del interior y de montaña, cómo lo llama? Explíqueselo a los del Montsià, p. ej. ¿Qué dirán los del Barcelonés? ¿Un nacionalista insolidario con sus “propios” conciudadanos nacionales? ¿Y con sus vecinos, con su familia, con su padre, con su hija?

    Esas palabras que refiere como base a su discurso, como casi todas, no sólo tienen los significados que apunta, existen otras muchas acepciones, incluso, p.ej., la de obligación: obligación solidaria. ¿Por qué sólo aporta, escoge la que le conviene? ¿Para llevar el agua a su molino? Salvo tendenciosidad, un análisis social riguroso de la realidad no puede basarse en un análisis semántico de palabras ajenas a la misma, menos si es sesgado, sería ocultar la realidad: la palabra no hace a la cosa. La palabra ha de adaptarse, ajustarse a la realidad que quiere expresar. Si no vale con una, se le añaden. Y Ud nos da el significado de solidaridad sólo de la acepción que le interesa para decirnos que si una acción no se es libre, es impuesta, que el barquero no tiene ninguna obligación de salvar al náufrago. Todos los principios generales del derecho, de Justicia, que ayuden a impedir que se ahogue es una imposición rechazable, ¿un abuso de derecho?: la libertad como derecho absoluto. ¡Ti’e tela!! ¿Solidaridad, expolio, tributo? ¿Más allá de esas palabras, le parece razonable o no, justo o no, que el náufrago quede atrapado en las cadenas de la deuda? Más sometido lo tendrá, a su disposición. Predicar esa libertad de someter es propio de criminales.

    Ahí están los valores de cada cual, la concepción que se tenga sobre cómo debe funcionar la sociedad. Más claro lo podemos ver si su razonamiento lo aplicamos a círculos o conjuntos de personas individuales (no ya de países -cuando habla, p. ej., de Alemania o Villadiego, no habla de un territorio o un pueblo geográfico, serían nombres concretos; sino de un país o un pueblo referido a conjunto, una abstracción en la que incluye tanto al multimillonario como al que cobra un subsidio, y la Alemania o pueblo que decide es la de aquél- que en lo que confluye, al final, es, no ciertamente en la solidaridad, sino en el poder, no del tributo, sino el del impuesto material y fáctico), mejor si lo reducimos al máximo hasta individualizarlo, concretarlo y quedarnos con el dueño y el sirviente, el empresario y el obrero, y, efectivamente, se impone el poder (éste es el quid), la insolidaridad, no la cooperación, donde la base (la propiedad) y determinados valores y leyes ya les protege (Y si no les protege como vimos en el párrafo anterior, se lo …). ¿En las relaciones entre uno económicamente fuerte (Alemania) y otro débil (Grecia) ha de ganar el primero? ¿No se pueden establecer mecanismos -de solidaridad- que tiendan a la equidad? ¿Ni siquiera para no ahogar al débil? Y si le parece que esa solidaridad es una imposición, Alemania ha impuesto mucho más. Cataluña acaba de aprobar unos presupuestos en que los políticos que más cobran de toda España, y con muchísima diferencia, se han subido el sueldo mientras mantienen congelado el IRSC, y ya van más de diez años petrificado, ¿DIEZ!!, a pesar que son los que han conseguido subir el número de pobres severos hasta superar a España. ¿Es su “solidaridad”? ¿Le gusta esa “solidaridad”? Pues espere ahora con la covid-19.

    La realidad a la que se refiere el artículo es la de poner algún remedio a la injusticia y desigualdad que provoca la libertad de mercado y las normas de la UE. Como sabemos, en todo sistema, en toda sociedad los flujos (e interrelaciones) se distribuyen según se establece: ya el mercado, el poder del más fuerte, o la cooperación, equidad y redistribución. Según los valores, así las relaciones. Su idea de sociedad y de justicia es la que tienen y publicitan los señores, dueños, empresarios, territorios ricos, egoístas y análogos. Éstos no están por acabar esa relación de acumulación que explota y precariza (¿sabe que su Cataluña, con uno de los PIB’s mayores de todas las CCAA, tiene, como se acaba de decir, un porcentaje mayor de pobres severos que España? ¿Qué significa eso? Datos del INDESCAT del 2018, últimos datos disponibles. Y no una o cinco décimas, no, el 1’1. Concuerda esa distribución del PIB con la ¿insolidaridad, extracción, explotación, desigualdad? que subyace en su discurso y propia del mercado y mercaderes. ¿O también ahora habría que denominarla de otra manera? ¿Qué dice la RAE? Y aa no entre los territorios catalanes -el Montsià- como antes, ahora es entre los propias personas de Cataluña), al revés, están por promoverla. Ud quiere profundizar la realidad de la injusticia y la desigualdad en nombre de su libertad (cuando le conviene le dan la vuelta y piden solidaridad -ahora sí- para con los bancos y hoy, con las grandes corporaciones). El discurso liberal de siempre teñido y motivado por el nacionalismo.

    El que cree que lo que hay es el negocio, el beneficio y, consecuentemente, lo que le es consustancial, ya sabe, pues no ya solidaridad, también la igualdad, la justicia … la ccoperación, fraternidad, ecuanimidad, equidad … le sienta mal … y los impuestos y la redistribución y los servicios … ¿Cuáles son sus antónimos? Los del negocio, que saben que tienen la libertad de su lado, se los trabajan muy bien. Incluso crean el lenguaje y sus acepciones. La realidad la obvian y la …

  3. Respuesta al compañero simiente.
    PRIMERO) Escribe «La realidad a la que se refiere el artículo es la de poner algún remedio a la injusticia y desigualdad que provoca la libertad de mercado y las normas de la UE.»
    Fácil de rebatir. ¿Por qué en su escrito no hace referencia al concierto fiscal de Euskadi y Navarra, dos regiones ricas o muy ricas que o no aportan o aportan muy poco al fondo común con el beneplácito de todo el país, mientras a los Països Catalans no solamente nos expolian sino que nos tildan de «insolidarios y privilegiados»?
    ¿Por qué, como espanyol, le interesa «poner algún remedio a la injusticia y desigualdad que provoca la libertad de mercado y las normas de la UE», pero no le interesa «poner algún remedio a la injusticia y desigualdad» que provoca el mencionado concierto fiscal? Como català, ¿por qué no puedo «poner remedio a la injusticia y desigualdad que provoca»?
    Tiene usted, como buen espanyol, un concepto muy sui generis de qué es «injusto y desigual».
    SEGUNDO) Escribe «¿En las relaciones entre uno económicamente fuerte (Alemania) y otro débil (Grecia) ha de ganar el primero? ¿No se pueden establecer mecanismos -de solidaridad- que tiendan a la equidad?»
    También fácil de rebatir. No sé si sabe que como ciudadano espanyol le corresponden unos mil euros de deuda griega que su Estado asumió sin pedirle su opinión. (Puede googlear la cifra exacta, no la recuerdo) De la misma manera, sobre cada ciudadano de la UE, sin ser preguntado, ha recaído una cantidad similar de la deuda griega.
    ¿Qué pasó en Grecia? Que la lió muy parda: falseó las cuentas del Estado durante años, engañando a tirios y a troyanos. Personalmente, hubiera expulsado a Grecia de la UE; si no mereces pertenecer a un club… el resto de miembros te ha enseñar dónde está la puerta.
    En el penúltimo párrafo del artículo que comentamos el autor escribe: «una apuesta federal para el continente, que sólo puede estar basada en la convergencia hacia arriba de las condiciones de vida de los trabajadores europeos.»
    Completamente de acuerdo, pero no es lo que ha pasado y está pasando. La «convergencia hacia arriba» debe ser política y económica, es decir, se supone que la entrada en la UE de Portugal, Grecia, Espanya, los países bálticos, Hungria, Polonia, etc, se producía con el compromiso de dichos países de «subir de nivel» hasta situarse al nivel de los países punteros. Para conseguirlo, se les ofrecieron cuantiosos fondos de cohesión y moratorias en la aplicación de la legislación europea para que tuvieran tiempo de adaptarse a ella.
    En cambio, ¿qué ha hecho Grecia? ¿Qué han hecho Polonia, Hungria y Espanya? Por qué Lituania no ha dado ningún problema y los países mencionados no han hecho otra cosa que causar problemas?
    ¿Por qué estos países pretenden disfrutar las evidentes ventajas de pertenecer a un club selecto como la UE sin tener que asumir ningún coste, sin respetar las normas políticas y económicas de dicho club?
    Si soy socio de un gimnasio… ¿por qué debo aceptar que otros socios ensucien, molesten y, además, no paguen la cuota? Como socio cumplidor… ¿tengo derecho a protestar o debo aceptar sin más semejantes compañeros?
    No se trata, en absoluto, de que «el fuerte económicamente gane al débil económicamente»; NADIE ha cuestionado en la UE que debe haber solidaridad y como remarqué en mi comentario Catalunya nunca ha discutido que la haya, pero si a usted le parece egoista o falto de equidad que los «pagadores» hayan de responder a las demandas incesantes de los «recibidores» sin rechistar, tanto en lo relativo a las cuantías como en lo relativo a la duración de los pagos… pues… usted tiene un serio problema de relación con el concepto «propiedad». Ya lo decía aquel; «la solidaridad bien entendida sólo se practica con los bienes ajenos».
    Si los «pagadores» europeos y catalanes no tenemos derecho ni siquiera a esperar reconocimento, respeto y agradecimiento por parte de los «recibidores» porque éstos tienen derecho divino a pedir y cobrar eternamente, pues… usted mismo. ¿Se ha percatado de que no ha mencionado en su escrito los términos «reconocimiento, respeto y agradecimiento»?
    TERCERO) Escribe: «¿Al dinero del Vallés o de Barcelona que va hacia las comarcas del interior y de montaña, cómo lo llama? Explíqueselo a los del Montsià, p. ej. ¿Qué dirán los del Barcelonés?» – «¿sabe que su Cataluña, con uno de los PIB’s mayores de todas las CCAA, tiene, como se acaba de decir, un porcentaje mayor de pobres severos que España?
    Respuesta sencilla a más no poder: ¿sabe usted que de todo lo recaudado en Catalunya el gobierno autonómico sólo decide sobre un porcentaje que no llega al 20%? (Recurra a Google para hallar la cifra exacta). En tales condiciones, lo que pueda hacer o no la Generalitat con esos escasos recursos es casi superfluo; su incidencia real en el índice de pobreza o en el reparto territorial es, en la práctica, ínfima, irrelevante. No hay déficit fiscal interterritorial en Catalunya porque Catalunya no tiene la potestad de instaurarlo.
    CUARTO) Escribe «Su idea de sociedad y de justicia es la que tienen y publicitan los señores, dueños, empresarios, territorios ricos, egoístas y análogos. Éstos no están por acabar esa relación de acumulación que explota y precariza».
    Mi idea de sociedad consiste en que si se me imponen 1000 de euros de deuda griega sin preguntarme, y se imponen a mis hermanos, a mis vecinos, a usted mismo, y si ahora se le impone a cada ciudadano europeo que asuma unos 4000 ó 5000 euros de deuda espanyola y otros 4000 ó 5000 euros de deuda italiana… ¿a qué estamos jugando? ¿Al teto?
    En mi «idea de sociedad», donde hay un mal pagador, hay un mal prestador; hay alguien que se ha equivocado al prestar y, por tanto, debe asumir las pérdidas. Ambos deben asumir el daño causado, el mal pagador y el mal prestador.
    Si multitud de entidades financieras y bancos centrales cometieron el error de prestar dinero a Grecia, Italia o Espanya, los países cumplidores y sus ciudadanos no deben tener la obligación de «europeizar» las pérdidas. Que cada palo aguante su vela.
    Usted sacraliza el «derecho a pedir» sin sacralizar la «obligación de devolver». Si se reclama el derecho a «pedir» debe aceptarse la «obligación» de pagar.
    Espero que en su vida personal no pida contínuamente sin ofrecer nada a cambio, porque le irá muy mal.
    QUINTO) Para acabar, porque éste es el quid de la cuestión, usted escribe «quiere profundizar la realidad de la injusticia y la desigualdad en nombre de su libertad».
    ¿No ve que tal punto de vista se puede girar como un calcetín y sigue siendo válido?
    ¿Quién impone «injusticia y desigualdad»; quién exige ser subsidiado y rescatado in aeternum porque no le da gana actuar convenientemente o quién funciona de manera correcta y acepta ser solidario pero no acepta ser exprimido?
    ¿Usted cree que no es «injusto y desigual» que su Espanya presuma de AVEs y aeropuertos contínuamente cuando todo lo ha pagado a crédito o dilapidando fondos eruropeos? ¿Eso no es sembrar «injusticia y desigualdad»? Espanya tiene 45 aeropuertos internacionales mientras Alemania tiene 23. ¿Eso no es «injusto y desigual»?
    ¿Usted no cree que los alemanes y los daneses, et al, no tienen derecho a «coser su país con hilos de acero», como dijo la ilustre Maleni? ¿Por qué no lo han hecho?
    ¿Acaso porque, de hacerlo, incurrirían en un déficit innecesario que deberían repercutir en sus socios comunitarios?
    ¿Por qué niega a Bélgica el derecho a falsear gravemente durante años las cuentas oficiales del estado? Si pueden hacerlo los griegos, ¿por qué no los belgas? ¿Eso no es sembrar «injusticia y desigualdad»?
    SEXTO y último) Conclusión: por favor, hágase esta pregunta… si se parten peras… ¿quién necesita a quién? ¿Para qué necesita Suecia a Espanya? ¿Para qué necesita Alemania a Espanya? ¿Quién tiene más a perder si se produce la ruptura?
    Ud escribe «¿No se pueden establecer mecanismos -de solidaridad- que tiendan a la equidad? ¿Ni siquiera para no ahogar al débil?»
    Entonces, ¿»ahogar al fuerte» es su solución? ¿No le parece sembrar «injusticia y desigualdad»?
    El proyecto europeo consistía en dar la oportunidad a los paises «débiles» para que se hicieran «fuertes». Si los «débiles», las cigarras de la fábula, han desperdiciado la maravillosa oportunidad ofrecida y han actuado tan irresponsablemente como han sabido y podido, y además no piden sino que EXIGEN limosna a las hormigas… si esa actitud no le parece «injusta y desigual»… usted mismo.
    Países como Espanya han obligado a los países pudientes, (por responsables y eficientes), a recurrir al sabio refrán: «frente al vicio de pedir, la virtud de no dar».
    Me despido repitiendo sus palabras: «Ud quiere profundizar la realidad de la injusticia y la desigualdad en nombre de su libertad».
    Mi libertad de hormiga que se niega a ser expoliada por la orgullosa y presumida cigarra. Como català, no puedo negarme a ser expoliado sin arriesgarme a que me envíen el ejército y la polícia cantando «aporellos, oé», (ya ha pasado, ¿lo recuerda?), pero si la presuntuosa cigarra espanyola pretende amedrentar a los alemanes y a los vikingos… lo tienen bastante crudo.

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