En estos tiempos electorales confusos y repletos del ruido de los pregoneros de la Máquina del Fango, nunca dejaré de admirar al maestro Eco, se impone que recordemos que el conflicto en el que estamos se reduce a qué tipo de trabajo proponemos a los ciudadanos.

Según el tripartito de la derecha, PP, Ciudadanos y Vox, solo cuenta con abaratar el coste laboral y no remunerar las horas que se trabajan de más, entre otros recortes. Claro está que, no se debe olvidar, una parte no menos influyente del socialismo, también respalda estas tesis. Los sillones que ocupan muchos de sus miembros en las corporaciones hacen sospechar más acerca de su idea de recompensar debidamente el talento, que el de remunerarles los servicios prestados. Sus justificaciones ocupan espacios a medida en los grupos mediáticos financiados por los oligopolios que ayudaron a crear. De estas consideraciones tampoco escapan muchos representantes sindicales.

Es una cuestión de modelos. El trabajo decente, al decir de la Organización Mundial del Trabajo, “sintetiza las aspiraciones de las personas durante su vida laboral. Significa la oportunidad de acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo, la seguridad en el lugar de trabajo y la protección social para las familias, mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad para que los individuos expresen sus opiniones, se organicen y participen en las decisiones que afectan sus vidas, y la igualdad de oportunidades y trato para todos, mujeres y hombres.

Por ello, el depender de los grupos financieros solamente atiende a mantener la economía especulativa, básicamente predadora, que es lo opuesto al modelo que propugna la economía productiva. Aquella que protege y regula el empleo productivo y el trabajo decente. Ambos son factores clave para alcanzar una globalización justa y, con ello, reducir la pobreza. Por tanto, la creación de empleo, los derechos en el trabajo, la protección social y el diálogo social, con la igualdad de género como un objetivo transversal, son los pilares de una sociedad económica justa y generadora de riqueza hacia el conjunto de la sociedad.

La crisis económica que afectó al mundo en los primeros años del siglo hizo mucho daño a los derechos laborales conseguidos después de décadas de lucha obrera. Ya la reforma laboral aprobada por el Gobierno de Zapatero inició el proceso que dejó a los trabajadores a merced del interés de los empresarios. Con la reforma laboral de Rajoy se consumó el despojo. No fueron decentes estas reformas ni son decentes las condiciones de trabajo de muchas personas en este país, aún luego de los tímidos ajustes del gobierno de Pedro Sánchez. En estos tiempos, lo cierto, es que el estado del bienestar ya solo lo disfrutan las grandes compañías y los grupos bancarios. El tipo de trabajo que resultó de estas reformas es una indecencia. Porque el concepto de trabajo o empleo decente es aquel que se realiza con respeto a los principios y derechos laborales fundamentales. Sobre estos temas hay que ir a votar. Todo lo demás es basura mediática.

Hobbes sigue teniendo vigencia cuando recuperó el proverbio latino:  “homo, homini lupus”

Esta locución latina significa “el hombre es el lobo del hombre” o “el hombre es un lobo para el hombre”.​ Debemos citarla nuevamente, para hacer referencia a los horrores de los que es capaz la humanidad para consigo misma. Los ciudadanos de España deberían reaccionar contra los lobos con sus votos. Recuerda que elegirás tu futuro y el de los tuyos.

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