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El tomate

David Almorza Gomar
David Almorza Gomar
Profesor Titular de Universidad de la Universidad de Cádiz, en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa, adscrito a la Facultad de Ciencias del Trabajo. Ha sido Vicerrector de Alumnos de la Universidad de Cádiz (desde el año 2003 hasta el 2013) y Vicerrector de Responsabilidad Social y Servicios Universitarios de la Universidad de Cádiz (desde 2013 hasta 2015). Durante estos doce años, ininterrumpidamente, ha tenido entre sus competencias el Área de Deportes de la Universidad de Cádiz. Ha promovido la creación del Aula Universitaria de Fútbol de la Universidad de Cádiz, y en estos momentos ocupa el cargo de Director del Aula de Fútbol. Tiene el título de Entrenador Nacional de Fútbol con Licencia UEFA-PRO. Ha entrenado en las categorías Infantil y Cadete del Cádiz C.F. desde el año 2010 hasta la actualidad. Además, en el Cádiz C.F. ocupa el cargo de Coordinador de Delegados y Auxiliares de Fútbol Base desde el año 2014.
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análisis

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El conocido médico Boris Pérez, al comienzo de su jubilación, se dedicó al estudio del tomate y realizó artículos de investigación sobre su origen y trayectoria. Aclara que el tomate es una fruta ya que contiene las semillas de una planta. Aunque desde el punto de vista botánico es evidente, a finales del siglo XIX tuvo que intervenir la Corte Suprema de Estados Unidos. Ocurrió que un importador de tomate lo declaró como fruta, porque el impuesto de importación de la fruta era menor que el de la verdura. La sentencia de la Corte fue contundente y se declaró que el tomate, a efecto de impuestos, sería una verdura, tomando como argumento que así es como lo consume la población.

Los aztecas lo tenían claro. Le llamaban xictomatl, que significa “fruta con ombligo”. Cuando llega a Europa con el descubrimiento de América, se le da el nombre de jitomate que deriva en tomate. Ambas palabras son sinónimas, tal como recoge el Diccionario de la Real Academia de la Lengua.

Los primeros tomates que llegaron a Europa eran amarillos. Por eso en Italia se les llamó “manzana de oro”, pomodoro. En Francia se le atribuyeron propiedades afrodisíacas y se conoció como “manzana del amor”. Mientras, en Alemania se usaba como planta de adorno y se referían a ella como “manzana loca”.

A partir de la secuenciación del genoma del tomate, publicada en la prestigiosa revista Nature en el año 2012, Boris abordó el tema con especial interés. El análisis de los 35.000 genes del mapa del tomate ha abierto un amplio campo de investigación. Lo que resulta de más interés es que el genoma ha sufrido varias triplicaciones consecutivas a lo largo de 60 millones de años. Esta capacidad le libró de la extinción masiva que acabó con el 75% de las especies del planeta, entre ellas las de los dinosaurios.

Concluye Boris que una capacidad genética como esta no existe en la Tierra, así que debía ser una planta extraterrestre. Este razonamiento le alteró mucho. Tómate-lo con calma, le dijo su mujer… y desde entonces Boris eliminó drásticamente el tomate de su dieta, abandonó los estudios sobre el tema y continuó su jubilación dando comienzo a una colección de sellos, hasta que un buen día se encontró una bicicleta, pero esa es otra historia.

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