El sillón de Ximo Puig se está jugando en una especie de partida de póker entre Valencia y Madrid. Las tensas negociaciones entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de cara al futuro ‘Gobierno de cooperación’ están condicionando de alguna manera la reedición del Pacto del Botànic (PSPV, Compromís y Unidas Podemos). El president ha acudido esta mañana a la sesión de investidura en Les Corts sin que nadie supiera con total seguridad si iba a contar con los apoyos necesarios para gobernar. Todo eran hipótesis, dudas, incertidumbres. Con todo, aunque el candidato socialista ha tenido que comparecer en el hemiciclo en medio de un ambiente de cierto suspense, el pacto a tres parece más que hecho y esta misma tarde las tres partes interesadas podrían escenificar su acuerdo rubricando el documento en Alicante.

El principal escollo a la investidura lo había puesto Unides Podem. En un comunicado remitido en las últimas horas, la formación morada aseguraba que se había levantado de la mesa de negociación del ‘tripartit’ al entender que la última oferta no se ajustaba al “peso político” que tiene el partido de Iglesias en la Comunidad Valenciana. Tras su órdago, los podemistas han advertido que en tales circunstancias no podían asegurar un voto favorable a la investidura del secretario general de los socialistas valencianos. Por un momento parecía que el Gobierno de izquierdas se iba al traste.

Sin embargo, ahora el acuerdo parece más cerca, ya que Podemos podría contar con una vicepresidencia (más las competencias en materia de vivienda) y una segunda conselleria que podría tener que ver con Memoria Histórica o incluso Medio Ambiente o Innovación Tecnológica. De esta manera, seis carteras serían para el PSPV, cuatro para Compromís y 2 para los morados.

La situación se ha aclarado bastante en Valencia después de que la pugna por las cuotas de poder amenazara el ‘tripartit’. Unides Podem, al igual que Iglesias en su negociación con Sánchez, pretendía lograr una especie de coalición que les diera consejerías. En la pasada legislatura la formación morada había desempeñado un papel secundario en el Pacto del Botànic, como si su apoyo hubiese sido una especie de cheque en blanco sin recibir nada a cambio. Esa fórmula del gratis total, de apoyo incondicionado a Puig, se ha terminado. Esta vez Podemos ha exigido poder real y de ahí que haya tensado la cuerda hasta el final.

“Se ha trabajado en la confección de un acuerdo programático que respondiese a los retos centrales como la emergencia habitacional, la lucha contra la violencia machista y dar respuestas contra el cambio climático entre otras medidas”, aseguran fuentes de Podemos.

A mediodía del pasado lunes se había logrado alcanzar un programa de Gobierno, algo así como un acuerdo de mínimos satisfactorio para todas las tres partes. Sin embargo, todo se truncó en apenas unas horas. Nadie sabía explicar los motivos de la posible ruptura, aunque planeaba en las sedes de los partidos la incertidumbre por lo que estaba sucediendo en Madrid. Fuentes de Podemos en Valencia aseguraban que el partido estaba “decepcionado” por la actitud de los socialistas, que se resistían a compartir consejerías con la formación morada.

La consulta a los inscritos e inscritas para decidir su voto a la investidura de Ximo Puig como presidente de la Generalitat dejaba un dato concluyente: un 97,34% a favor. No obstante, un 93,10% exigía la entrada de Unides Podem en el Gobierno valenciano. La dependencia del sistema asambleario complicaba aún más la situación. Finalmente, el anuncio de las negociaciones para un Gobierno de cooperación en Madrid ha ayudado a desengrasar y aliviar tensiones. ¿Ha llamado Sánchez a Puig anunciándole un acuerdo in extremis con Iglesias por Valencia? ¿A cambio de qué? ¿Costará el Gobierno de la Generalitat un ministerio de Podemos en el Gobierno central?

Esta mañana Puig ha lanzado su discurso de investidura. Tras abrazarse a Mónica Oltra, líder de Compromís, su otro socio de Gobierno, ha despachado su programa en menos de una hora. El discurso de Puig no ha dejado grandes noticias. Ha tirado de argumentario filosófico-ideológico más que político, tratando de recordar las raíces comunes de la izquierda. Además, ha tratado de marcar diferencias con Cataluña y con sus proyectos secesionistas. En cuanto al programa económico lo previsible: economía verde y sostenible, lucha contra la precariedad en el empleo, más igualdad, menos brecha salarial y mayor calidad democrática frente a la amenaza ultra. No ha faltado el recado para Madrid, ya que la financiación autonómica no puede esperar más. “Es y será guía y norte y prioridad absoluta del gobierno”, ha asegurado Puig. Finalmente, la sesión se investidura se ha aplazado hasta mañana. Pero, a falta de la votación crucial, el pacto parece más que cocinado.

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