El caso de la mujer asesinada en Xátiva podría no ser violencia machista pero sí feminicidio. Las investigaciones de la Policía Nacional, que no descartan aún ningún escenario, avalarían la versión de versión dada por la pareja de la víctima, quien está colaborando con la investigación y que habría afirmado que la mujer ejercía la prostitución.

Fuentes de la investigación citadas por la Agencia EFE han descartado tanto el móvil del robo como el ajuste de cuentas y todo podría indicar que el motivo del asesinato haya tenido algún tipo de relación con algún tipo de asunto personal de la víctima.

Por tanto, hasta que la investigación esclarezca las razones de los hechos y encuentre al asesino estaríamos ante un caso de feminicidio, pero no de violencia de género por lo que esta asesinada no engrosaría las estadísticas oficiales.

Hay que terminar ya de una vez con este tipo de diferenciación y el Pacto de Estado contra la Violencia de Género debería centrarse en todos los tipos de violencia ejercida contra las mujeres. Esa disquisición terminológica no hace más que perjudicar a todas aquellas que son víctimas del maltrato o asesinadas fuera del entorno de las parejas sentimentales.

Si el móvil del crimen machista de Xátiva fue la prostitución, estaríamos ante un caso de violencia contra una mujer que debe tener el mismo tipo de protección que cualquier víctima de otros tipos de violencia machista. Así lo indica el Convenio de Estambul, cuya aplicación es una de las luchas del movimiento feminista.

Las mujeres que son víctimas de la violencia machista, tanto en el entorno de la pareja como fuera de ella, tienen que disponer de los mismos protocolos de protección y ser tratadas como víctimas de una violencia ejercida por criminales, independientemente de si existe una relación sentimental o no.

Por otro lado, nos encontramos en un tiempo en que el mensaje de los defensores de una sociedad patriarcal y machista, que parte de la base del blanqueamiento del comportamiento de maltratadores y asesinos, está calando cada vez más en la población porque utilizan la demagogia, la propaganda y las mentiras para intentar derribar la revolución de las mujeres que no buscan otra cosa que la seguridad de que el Estado aporte los recursos y la predisposición necesaria para defenderlas de los criminales, del mismo modo en que en otros tiempos y por otras razones no se escatimó en gastos para proteger la vida de hombres y mujeres que estaban amenazados por la barbarie.

¿Por qué ahora no? ¿Será que las mujeres asesinadas, amenazadas y maltratadas no dan votos y las víctimas de otros tipos de terrorismo sí?

Un Estado democrático puede permitirse que una de las banderas que enarbolan los ultras de Vox sea la del exterminio del feminismo o que falten al respeto de las víctimas del terrorismo machista marchándose de un minuto de silencio, actuando del mismo modo que Batasuna en los asesinatos de ETA.

Ya está bien, por favor. Los políticos, de un lado y otro del arco ideológico, deben ir más allá del Pacto de Estado y terminar con las disquisiciones terminológicas que no esconden más que el interés de algunos de recortar el gasto en unos recursos de los que depende la vida de miles de mujeres. En este tema no estamos ante una discusión o una interpretación ideológica de un, nos hallamos frente a la protección de la vida de las mujeres.

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