El teléfono contra el acoso escolar del Ministerio de Educación y Formación Profesional (900 018 018) atendió 12.799 llamadas entre noviembre de 2017 y octubre de 2018. La cifra supone un descenso respecto al mismo período del año anterior, cuando se atendieron 25.366 llamadas. Esta disminución es debida, fundamentalmente, a que en ese intervalo de tiempo diversas comunidades autónomas pusieron a disposición de los menores sus propios teléfonos contra el acoso.

Este servicio es gratuito, confidencial, anónimo, está operativo las 24 horas y es atendido por psicólogos apoyados por trabajadores sociales y abogados. En todos los casos se informa al interlocutor sobre los pasos que debe seguir para comunicar al centro educativo la situación del acoso, con objeto de que se tomen las medidas oportunas. Los casos que requieren atención especial, bien por su gravedad o por no haber recibido el apoyo esperado del centro educativo, se derivan a los servicios de Inspección Educativa o a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, tal y como marca el protocolo de actuación.

Acoso

Del total de llamadas atendidas, descartando las consultas generales o erróneas, 5.557 se refirieron a posibles casos de acoso. En el 79%, los interlocutores fueron las madres o padres de las víctimas. Solo en el 3,78% de los casos eran los propios agredidos quienes llamaban.

En cuanto a las edades, entre los 10 y los 13 años se acumula el 46% de los casos de acoso, y entre los 8 y los 9, el 17% de los posibles abusos. Por sexo, el 49% de las posibles víctimas eran mujeres frente al 48% de varones.

Respecto al posible acosador, el 30% de las llamadas se referían a menores de entre 11 y 13 años. Por sexo, aunque los posibles acosadores forman parte mayoritariamente de un grupo mixto de niños y niñas, los niños suponen un 39% de posibles acosadores (individualmente y en grupo), por encima del 25% de niñas.

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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