Xavi Barroso publica su primer novela. Foto: David F. Rivas.

Este barcelonés de Granollers se formó en Comunicación Audiovisual y ha trabajado como guionista de humor, divulgación y ficción para canales de televisión, además de conocer los entresijos del marketing digital. Con la publicación de La avenida de las ilusiones se adentra en el siempre complejo universo de la literatura y también en aquella Barcelona tempestuosa de 1909 con la historia de las hermanas Romero, que no pueden elegir peor momento que la Semana Trágica para comenzar a servir en la casa de una adinerada familia burguesa. Una de ellas lo intentará todo para poder entrar en el mundo del espectáculo y el teatro que tenía en el Paralelo su centro neurálgico.

¿Qué encanto tiene aún, más de un siglo después, aquella Barcelona de principios del siglo XX para que sea un escenario recurrente para muchos novelistas?

Es un período convulso plagado de conflictos sociales, donde las armas intentan solventar las desavenencias de unos y otros aunque apenas lo consiguen. Y, a la vez, es un período de luz: llegan ideas nuevas y los obreros aprenden a organizarse para reivindicar un presente y un futuro mejor, se produce una explosión cultural y de teatro en la ciudad, la electricidad llega para quedarse y, con ella, un sinfín de prodigios que cambian la vida de sus habitantes… En La avenida de las ilusiones descubriréis una época de cambios que habla mucho más de nuestra actualidad de lo que podemos llegar a pensar a priori.

En una ciudad donde el protagonismo lo ostentaban anarquistas, sindicalistas y reivindicaciones obreras en medio de violentas luchas de clases, a usted le sirve como lugar de acogida de dos hermanas en busca de un futuro mejor, y precisamente una de ellas en el mundo del arte y el espectáculo. ¿Era la capital catalana ya entonces una tierra de promisión?

Para las personas de aquel momento, sí. Barcelona era uno de los pocos puntos industrializados del país. Durante las primeras décadas del siglo XX, se dieron varias oleadas de inmigración que llegaban a la ciudad en busca de una vida mejor, y podemos decir que la encontraban si la comparamos con la que llevaban en el campo o en otras zonas del país. Sin embargo, tampoco era la tierra prometida. Las condiciones laborables eran deplorables y, sobre todo a partir de mediados de los diez, la vida se tornó muy cara. He ambientado la novela en ese contexto y uso una de las pocas ventanas que tenían las mujeres en aquel momento para prosperar y labrarse una vida sin la intervención de un hombre: el teatro y la avenida del Paralelo, una avenida de ilusiones e ilusionistas.

“Las protagonistas se encuentran una Barcelona polarizada, convulsa, muy clasista y machista pero cargada de la luz que el nuevo siglo y los avances tecnológicos trajeron consigo”

¿Cómo pudo darse tal profusión de teatros en la mítica avenida del Paralelo en una época con tantas carencias de todo tipo?

Para empezar, no había más ocio que el teatro, el cine y los libros y piensa que la mitad de la población era iletrada. Tras trabajar 12 horas diarias, necesitabas alguna distracción y el Paralelo te la ofrecía. Empezaron con teatros de madera, los llamados teatros de barraca, y poco a poco se fueron profesionalizando y ofreciendo espectáculos de más calidad y presupuesto. El Paralelo no paraba, estaba 24 horas abierto, por lo que, fuera cual fuera tu horario o presupuesto, algún entretenimiento te estaba esperando.

¿Qué Barcelona se encuentran las hermanas Romero, protagonistas de La avenida de las ilusiones?

Se encuentran una Barcelona polarizada, convulsa, muy clasista y machista pero, como decía, cargada de la luz que el nuevo siglo y los avances tecnológicos trajeron consigo.

¿Cómo son Francisca y María y qué expectativas tienen de su aventura barcelonesa?

Creo que ambas son dos mujeres que quieren encajar, cada una a su manera. Francisca es rebelde, fuerte, obstinada y vehemente. Sueña con convertirse en actriz, pero no es hasta que vive un suceso trágico que no se toma en serio a sí misma y a su carrera. Tiene claro lo que quiere e irá subiendo peldaño, sin embargo, le costará encontrar sus sitio incluso cuando alcanza el éxito. María es más recatada, más cerrada, no le gusta ser el centro de atención y su carácter se debe a un secreto que guarda con esmero y que teme que salga a la luz. Los caracteres de ambas se complementarán y chocarán en más de una ocasión y en esa Barcelona de principios de siglo, encontrarán tantos aliados como enemigos.

Aquellas mujeres aún no tenían derecho a voto y el acceso al trabajo se hacía de forma muy limitada e inestable. ¿Fueron pioneras en el pleno sentido de la palabra?

Completamente. Lo tenían todo en contra: las leyes, la sociedad e incluso la voluntad de sus propias familias. Luchar por sus derechos o lograr victorias en su carrera profesional –si me permites esta expresión tan contemporánea– significaba ir a la contra de todo lo que les rodeaba. Las que sobresalían, las que luchaban, eran una valientes. Pero debo decir que la que no lo hacían también lo eran. No debía ser fácil para ninguna de ellas. He intentado reflejar esa realidad en La avenida de las ilusiones.

Esta es su primera novela. ¿Siempre tuvo claro que daría el paso? ¿en qué momento concreto se decidió y por qué?

De una manera u otra siempre he escrito. En el colegio escribía obras de teatro, durante mi primera etapa profesional fui guionista de televisión y ahora escribo novelas. No creo que exista un momento en el que decidí convertirme en escritor, más bien ha sido un proceso largo que me ha llevado hasta el momento actual. Lo que sí que tengo claro es que amo las historias, crearlas y leerlas o verlas en el cine. Escribir era un paso natural en mi vida, lo que no esperaba es que un sello como Grijalbo confiara en mí. Eso es una gran suerte.

¿Qué espera del siempre proceloso mundo de la literatura?

Espero que me siga aportando tantas alegrías como ha hecho desde el momento en el que me decidí a escribir La avenida de las ilusiones; espero que me ceda una espacio para que pueda crear muchas más historias y que en algún momento se convierta en mi profesión. Como Francisca, soy persona de ensoñaciones.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre