(Para mi madre,
que me enseñó a leer el Hola
y también a utilizarlo
para envolver el pescado)

 

Tiene que mirar su nombre, porque al principio no la reconoce: como le sucede casi siempre con las celebreties a Panizo, Javier Panizo, el inmortal ensayista autor de Las Carpetas del Tiempo y uno de los hombres más despistados que ha conocido la historia del universo.

Pantoja, Isabel Pantoja. Ah sí, cabecea Panizo razonablemente satisfecho. Le gusta su pelo negro, larguísimo y reventado en todas direcciones. Ocupa toda la portada de la revista Hola, la buena mujer: vestida de blanco crudo, sentada con las piernas abiertas y las manos como palomas apoyadas en los muslos, pegadas por los nudillos y formando un elegante dibujo de ecos eróticos: ¡lo qué piensan los diseñadores y fotógrafos!

Y alrededor del pelo, el pantalón blanco y las piernas separadas y las manos como palomas, hay unas letritas con un mensaje como mínimo intrigante: “las razones de su polémica decisión”.

¿Qué polémica decisión? ¿Qué le ha pasado a la Pantoja? Le suena que estuvo casada con un torero, ¿o esa era otra? Y también le suena que tuvo un marido político y canalla que sufrió el zarpazo de la llamada justicia. ¡Diablos, va a tener que abrir la revista!

¡Pobre señora! ¡No puede ser! ¡Eso es un suicidio! A su edad, se va a morir, seguro que se va a morir. Se ha apuntado a un concurso demencial en la televisión del tipo “pasar penalidades infinitas”; como cuando los payasos recibían tartazos, pero en mucho más salvaje. Pobre, pobrecita. Con lo mayor que está y que es; a pesar de las fotos magníficas y mimadas se le nota que flojea y flaquea por todos sitios.

¿Por qué? Dinero, claro. Esa tiene que ser la respuesta. Y Panizo salta sobre las líneas y las fotos brutalmente retocadas, los dientes chocarreramente blancos e iguales, sin ver ni leer apenas nada, imaginándosela en una playa: cansada y llena de miedo, como un animal doméstico al que sueltan en una selva y que enfrenta con terror la mirada de ojos robóticos de sus amos; ojos que lo graban todo para que se diviertan millones de cretinos cómodamente sentados en sus sofás.

¡Qué horror! Pobrecita y pobrecita y pobrecita. Capaz de morirse -sería lo perfecto para la audiencia- delante de las cámaras. Un helicóptero evacuándola urgentemente; o aún peor: sacándola ya cadáver del escenario. Es un suicidio ¡a su edad! hacer algo así.

Una vida sencilla y sin excesos innecesarios; ¿por qué no se conforma con eso? Las personas que necesitan carretadas de dinero para vivir despiertan en Panizo una lástima inmensa y densa como el tiempo.

Cierra la revista y la deja sobre la mesa de la sala de espera. La enfermera le llamará en cualquier momento. Mira a su alrededor, espantando sus malos pensamientos. Bah, son tonterías suyas. Seguro que todo es un montaje y la buena señora del pelo magnífico logra sobrevivir… “No, no, no lo va a lograr”, insiste la imaginación de Panizo.

-Estoy muy preocupado por la Pantoja, doctor -le dice al médico nada más entrar, entre otras cosas porque ya ha olvidado la razón que le ha llevado a visitarlo.

(Levanta Panizo sus ojos al terminar este cuento, buscando los míos. ¿Qué? ¿Qué quieres, Panizo? Ah, ya lo entiendo. Tu complejo de amo de la posteridad, esa seguridad absurda de que tus historias se seguirán leyendo dentro de siglos. Dentro de siglos -piensas también, lerdamente convencido- nadie sabrá quien fue ni la Pantoja y los humanos que queden jamás habrán oído hablar de Wikipedia. Y eso es lo que me pide su mirada de ojos azules y saltones, que lo explique aquí por si alguien se encuentra el texto en el año 3024. Está bien, lo puedo intentar, aunque yo tampoco sé muy bien quien es.
Un poquito de aire y… ¡vamos a ello!
Isabel Pantoja fue una cantante, tonadillera (creo) que nació en el siglo XX y dijo el gran adiós en el XXI. Durante su vida fue una figura inmensamente popular y quienes la rodeaban le chupaban sin medida ni compasión la sangre y el dinero… hasta que reventó o murió de vieja, o yo que sé. Pobre mujer.
Ah, y otra cosa: el ejemplar de la revista Hola que te encontraste en el médico, profesor Panizo, es de hace casi un mes. Seguro que la artista ya está bailando sobre la alfombra de billetes que ha ganado)

A Veces Dice Que Se Ha Caído


(Javier Puebla es autor de El Año del Cazador, novela neurológica formada por 365 cuentos escritos en 365 días consecutivos. Un juego novedoso en la historia de la literatura. La obra es ahora un magma vivo y en continuo movimiento, que sólo puede conseguirse a un precio demencialmente alto (se nota que no existe ningún interés en vender más ejemplares) solicitándola directamente por email al siguiente correo:

elcazadordecuentos@javierpuebla.com    

Esta Suite del Cazador para Diario16, nació como una apuesta del periódico y del autor para mantener viva esa mirada de Cazador.. de Cuentos). Pieza 47. (La pieza 46 fue publicada y retirada a petición del autor horas después, se titula: Me gusta la gente de dieciocho años)

 

https://www.facebook.com/ElCazadordeCuentos/

https://twitter.com/LeonCuentos

https://www.instagram.com/elcazadordecuentos/

 

(Mecanografía: LF)

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Javier Puebla ha sido galardonado con diversos premios, tanto en prosa –Nadal, por Sonríe Delgado, y Berenguer, por La inutilidad de un beso– como en poesía: El gigante y el enano: V Certamen Vicente Presa. En 2010 recibió el premio Cultura Viva por el conjunto de su obra. Es el primer escritor en la historia de la literatura en haber escrito un cuento al día durante un año: El año del cazador; 365 relatos que encierran una novela dentro. En 2005 fundó el taller 3Estaciones y la editorial Haz Mlagros. Cineasta, escritor, columnista y viajero: ejerció funciones diplomáticas en Dakar durante cuatro años, y allí escribió Pequeñas Historias Africanas, Belkís y Blanco y negra. Gusta de afirmar en las entrevistas que nació para contar historias, y quizá por eso algunos de sus artículos parecen relatos o cuentos.

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