La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluirá el síndrome del ‘trabajador quemado’ o ‘burnout’ en la próxima Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) como un problema asociado al empleo o al desempleo. Esta nueva clasificación entrará en vigor en 2022. En la anterior edición de la CIE, el burnout se encuadraba entre los problemas relacionados con dificultad en el control de la vida.

¿Qué es el síndrome del ‘trabajador quemado’?

El síndrome del ‘Trabajador quemado’ o ‘burnout’ es el agotamiento es un síndrome conceptualizado como resultado de estrés crónico en el lugar de trabajo que no se ha manejado con éxito.

El síndrome del trabajador quemado se sitúa en problemas asociados al empleo

Se caracteriza por tres dimensiones: 1) sentimientos de agotamiento o agotamiento de la energía; 2) mayor distancia mental del trabajo, o sentimientos de negativismo o cinismo relacionados con el trabajo; y 3) eficacia profesional reducida. El agotamiento se refiere específicamente a los fenómenos en el contexto laboral y no debe aplicarse para describir experiencias en otras áreas de la vida.

Este síndrome afecta al 10% de los trabajadores y, en sus formas más graves, a entre el 2% y el 5%.

Este trastorno, asociado al estrés crónico en el trabajo, ya estaba en la anterior edición del catálogo (de 1990), pero en un epígrafe más inconcreto (problemas relacionados con dificultad en el control de la vida). Este cambio dará visibilidad a la dolencia y, facilitará la gestión de bajas e incapacidades.

Desde el sindicato UGT celebran este cambio en la Clasificación Internacional de Enfermedades en referencia al ‘trabajador quemado’ ya que relaciona directamente esta patología con las condiciones laborales, siendo el punto de partida para que sea reconocida como enfermedad profesional.

Desde el sindicato se reclama “seguir reivindicando la revisión del Cuadro de Enfermedades Profesionales español”, en el que a día de hoy no se reconoce ninguna enfermedad originada por los riesgos psicosociales, aun habiendo sido incluidos, los trastornos mentales y del comportamiento, en la Lista de Enfermedades Profesionales de 2010 de la OIT.

Si se reconocieran los riesgos psicosociales como contingencias profesionales aumentaría la protección de los trabajadores

Si las patologías de origen laboral psicosocial fueran reconocidas como contingencia profesional, los costes asociados deberían ser asumidos por las Mutuas colaboradoras con la Seguridad Social y por otra parte “se garantizaría una mayor protección de los trabajadores que las padecen”, afirman desde UGT.

Hay que recordar, además, que lo que no se ve no se previene, e impide que se pongan en marcha los mecanismos preventivos que eviten que se produzcan estas patologías.

UGT promovió el estudio “Análisis de los costes económicos derivados de la falta de prevención de riesgos psicosociales”, realizado por profesionales de la materia, con datos relativos a 2010, para concretar el perjuicio que tiene el no reconocimiento de estas patologías como causas laborales. En el mismo se estimó que la suma de costes sanitarios, pérdidas laborales y valor del cuidado informal alcanzaron un impacto económico de entre 545 y 810 millones de euros para dicho año.

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