El narrador y dramaturgo venezolano presentará su nueva novela este miércoles 27 de febrero en Casa del Libro de Gran Vía, en Madrid. Se trata de ‘Me llaman Big’ (Huso Editorial, 2019), una obra que cuenta la historia de un mimo que atraviesa países en guerra para intentar llevar su arte a las víctimas más frágiles: los niños. Diario 16 conversa con el escritor sobre la guerra, el silencio y el humor como el hermano gemelo de la tragedia.

 

¿Por qué un mimo como personaje?

Hace tiempo Frank Baiz Quevedo me dijo que cuando quisiera tratar sobre un tema en una de mis obras incluyera también su antípoda. Es un consejo que desde entonces tengo muy presente a la hora de sentarme a escribir. Y como en esta novela deseaba hablar sobre el ruido de la guerra consideré necesario hablar también sobre el silencio. Creo que por este motivo, cuando armaba la trama en mi cabeza, me lució tan atractivo que el protagonista fuera un mimo. Y de paso que no fuera él mismo el que contara su historia sino que lo hicieran otros; que él, a lo largo de la novela, permaneciera callado. Fue así cómo se me ocurrió la idea del personaje de Big, un mimo que va saltando de guerra en guerra con el fin de llevarles un poco de alegría a los niños que sobreviven bajo el fuego cruzado de los conflictos bélicos. En muchos sentidos Big es un personaje roto y contradictorio, pero con el que estoy seguro de que el lector hará empatía.

 

El silencio, la guerra, la palabra. ¿Son puertas que tendrá que abrir el lector de la novela?

El gran tema que aborda Me llaman Big es la guerra, y el impacto que esta tiene sobre las que considero yo son sus mayores y principales víctimas: los niños y las mujeres. Pero también hay otros temas que se van ventilando mientras avanza la trama de la novela y a los que deseo que el lector se enfrente, como podrían ser, por ejemplo, la importancia del silencio, del humor y de las artes en la vida de las personas. Dentro de lo posible intento estimular al lector a reflexionar sobre estos y otros asuntos. En situaciones extremas, como sin duda lo es una guerra, ¿es posible que los seres humanos tengamos la capacidad de conservar, si así lo decidimos, nuestro sentido del humor, nuestro gusto por las artes y el silencio? Y me atrevo a ir más allá: ¿Podemos incluso mantener nuestros valores, ética y libertad individual? Viktor Frankl, que estuvo preso en Auschwitz, sostenía que las personas pueden conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en los momentos más terribles.

“En muchos sentidos Big es un personaje roto y contradictorio, pero con el que estoy seguro de que el lector hará empatía”

 

¿Cuáles son las guerras que incluyen la travesía artística de Big?

Son muchas. Aunque en la novela se habla explícitamente de siete, a saber, la Segunda Guerra Mundial, la guerra civil china, la guerra civil salvadoreña, la guerra civil colombiana, la guerra civil de Ruanda, la guerra de Bosnia y la guerra de Irak (la segunda, tras los atentados terroristas del World Trade Center de Nueva York, de los que también se habla en la obra). Te confieso que en un principio eran diez y no siete las guerras que había planificado incluir, pero mientras avanzaba en la escritura me di cuenta de que una octava no añadiría nada nuevo, que ya en esas siete que había abordado había cubierto lo que quería decir sobre el tema. Añadir otra hubiera sido, además de innecesario, morboso. Por último permíteme decirte que a raíz de algo que le sucede al protagonista durante la Segunda Guerra Mundial (la primera de las guerras en las que se ve involucrado), y que el lector descubrirá en su debido momento, es que decide dedicarse a saltar de guerra en guerra con el fin de llevar un poco de alegría a los niños que viven bajo el fuego cruzado de conflictos armados. Y a partir de ahí son más de sesenta años de su vida los que dedica Big para desarrollar esa labor.

 

No todo es horror en la travesía de Big. ¿Qué situaciones distintas encontrará el lector en un recorrido lleno de conflictos armados?

No todo en la novela es dolor, crueldad y horror, como bien acotas. Por supuesto que en ella hay pasajes fuertes, sórdidos —bastante sórdidos, añadiría yo— pero estos se van alternando con otros momentos narrativos con los que el lector se reirá e incluso puede que en algunos casos le muevan a la ternura. Cuando me dispuse a contar la historia de Zbigniew Czajka (el verdadero nombre de Big) a través de guerras emblemáticas de los siglos XX y XXI, tenía claro que no podía dejarme arrastrar por la atmósfera pesada y enrarecida que suele existir en las guerras. No quería que esta atmósfera se impusiera y dominara la novela. Sabía que tenía que equilibrar la historia de Big con algo de humor y de nostalgia. De hecho, como lo he expuesto antes, junto con el silencio el humor es otro de los temas sobre los que se invita a pensar en la novela. Con este objetivo en mente he incluido no solo pasajes sino personajes que ayudarán al lector a que su travesía por el libro sea no solo equilibrada sino placentera, aunque con sus momentos de incomodidad. Soy de los que piensa que los momentos incómodos son válidos y necesarios a la hora de contar una historia y con frecuencia me gusta echar mano de ellos. Viktor Frankl decía que “el humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia. Es bien sabido que, en la existencia humana, el humor puede proporcionar el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque no sea más que por unos segundos”. A propósito, he incluido esta cita en el libro porque en cierta forma funciona como mantra para el personaje principal.

 

¿Es el ruido hoy un estado de guerra que padece el individuo?

El ruido ha sido siempre un fiel compañero de las sociedades. Solo que en nuestros días, gracias a los avances tecnológicos, ese ruido se ha amplificado de forma exponencial y permanece de manera constante en nuestras vidas. Es difícil, por no decir imposible, sacudírselo. Ahora, por ejemplo, tenemos muchísimas menos posibilidades de toparnos o propiciar momentos de silencio (que es sinónimo de estar a solas con nosotros mismos) que veinte o treinta años atrás. El silencio se ha convertido en un bien escaso y esquivo.

 

¿Cómo decide Víctor Vegas que una idea se convertirá en una novela?

Cuando una idea o una historia aparecen por vez primera en mi cabeza, por lo general junto con ellas viene también el formato con el cual debo desarrollarlas. Es un mecanismo que en mí trabaja de forma automática. No precisa de mí ninguna disyuntiva. Además de la novela, cultivo otros géneros. Me interesan sobre todo los géneros a través de los cuales se cuentan historias: novela, relato, teatro, crónica. Tampoco me suelo enfrentar con frecuencia a la tesitura de tener que desarrollar una historia ya terminada en un formato con el fin de verterla en otro. Reconozco que a lo largo de mi trayectoria se han presentado un par de casos, pero son la excepción y no la regla.

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