Jorge Carrión (Tarragona, 1976) es escritor y doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y director de su Máster en Creación Literaria. Viajero incansable, su obra Librerías (2013) se convirtió desde su publicación en un libro de referencia a nivel internacional en la temática, que ahora en cierto modo amplía con las diecisiete historias en defensa de estos centros del saber por excelencia que recoge en Contra Amazon (Galaxia Gutenberg).

 

Para qué ocultar segundas intenciones. El título del libro es ya en sí toda una declaración de principios. ¿Por qué tanto protagonismo a Amazon?

El protagonismo a Amazon no se lo he dado yo, que nunca he comprado nada en Amazon, sino sus millones de compradores. Muy probablemente la persona que nos esté leyendo forme parte de ellos. Amazon se ha convertido en un símbolo del imperialismo de las plataformas, como en los 90 lo fue McDonald’s de la comida basura y del modelo de vida norteamericano. Por eso funciona como parte del título. Por otro lado, es muy común que en los libros de relatos o de crónicas el título del libro sea el de su texto más emblemático. Este es el caso.

 

¿Es el principio del fin el ‘monstruo’ de Jeff Bezos? ¿o ya ha habido muchos incendios de bibliotecas en el mundo a lo largo de la historia y, pese a ello, el maravilloso artefacto del libro es capaz de sobrevivir a cualquier debacle?

Yo creo que Facebook, Google y Amazon van a ser fragmentados por las autoridades competentes, porque se han convertido en monopolios. En ese momento el libro en papel probablemente recupere parte del terreno perdido. Es muy posible que esa dinámica (avance de la pantalla, retroceso de la pantalla) caracterice las dos o tres próximas décadas. Pero nadie puede saberlo, porque nadie imaginó el poder de esas plataformas. O la irrupción de Netflix. Las bibliotecas van a seguir siendo, supongo, un contrapeso poderoso. Porque el ser humano está hecho, en estos momentos, de carne y de píxel, de papel y de pantalla.

“Es bueno imaginar qué mundo queremos que exista dentro de diez o veinte años. Si en él visualizamos librerías, hay que comprar libros en ellas ahora”

 

¿Es Amazon la única librería de las zonas rurales, o sería un aliado más fiable coger un vehículo, recorrer kilómetros hasta la ciudad y charlar cinco minutos con el librero de confianza para que nos recomiende un título concreto?

Que cada cual haga lo que crea conveniente. Pero es bueno imaginar qué mundo queremos que exista dentro de diez o veinte años. Si en él visualizamos librerías, hay que comprar libros en ellas ahora. Si no compras libros en librerías, dejarán de existir. Si vas a presentaciones porque te interesa escuchar, pero no compras ningún libro, dejarán de existir. Es importante entender la necesidad de apoyar económicamente los proyectos que quieres que pervivan. Si quieres que siga existiendo Amazon, compra en Amazon.

“Internet es irrepresentable, en cambio los laberintos de libros son metáforas visuales que sí se dejan representar”

 

En el capítulo de su libro dedicado a las bibliotecas de ficción, resalta las de Alonso Quijano, la del ‘Nautilus’ o la de Babel. ¿Resulta inevitable idealizarlas, tanto los escritores que le dieron vida en sus obras como por parte de los lectores que las imaginan?

Son ideales en el sentido de que viven en el mundo de las ideas, del patrimonio común de la imaginación. Cervantes, Verne y Borges fueron lectores enormes, no es extraño que la lectura crítica, los lectores más o menos locos y las bibliotecas formen parte de sus obras. En el caso de Verne, es alucinante que describiera tantas bibliotecas en sus novelas, como si la ciencia-ficción y la fantasía siempre tuvieran que situar en el centro de sus mundos inventados una colección de libros en papel. Fíjate que lo mismo ocurre en Fundación, en Juego de Tronos, en Westworld, en Interstellar: siempre nos encontramos con bibliotecas que son una especie de eje de rotación de esos universos. Internet es irrepresentable, en cambio los laberintos de libros son metáforas visuales que sí se dejan representar.

 

Dice en ‘En defensa de las librerías’ que de los 46 productos que se anuncian en la página principal de Amazon, sólo seis son libros. ¿Es una forma de evidenciarse que la cultura y la literatura siguen siendo atractivas para el consumo masivo?

La pantalla de un móvil es diminuta, la de un ordenador es más grande, pero ninguna de las dos se pueden comparar con un escaparate o la mesa de novedades de una librería, que muestran muchos más títulos y mucha más información. Se habla mucho de experiencias inmersivas, pero en el ámbito de la lectura la mejor sigue siendo ir a una biblioteca o a una librería. Para empezar porque el acceso visual a la cultura que te proporcionan es mucho mayor que el de una pantalla. Después, por supuesto, están el tacto, el olfato, el enamoramiento, todos los estímulos que no te da el píxel.

 

En su conversación con Luigi Amara, reconoce que no sabe por qué se fue inclinando desde muy joven por las librerías de libros nuevos y no por las evocadoras de libros usados. Con el paso de los años, ¿sigue pensando lo mismo?

Sí, y sigo sin saber por qué no me atraen las de libros leídos –como dicen en la librería Palinuro de Medellín– y sí las de libros nuevos. Tal vez porque, como digo en la crónica del viaje a las librerías y las bibliotecas de Seúl, tengo que llenar un vacío. En mi caso, el de la ausencia de una biblioteca familiar en casa de mis padres. En el de Corea, la falta de una tradición cultural fuerte, pues era un país muy pobre hace apenas cincuenta años. Como tantas familias españolas, como la mía.

 

Finaliza su obra con un alegato contra la bibliofilia. ¿Por qué?

He escrito muchos más textos sobre el mundo del libro de los que antologo en Contra Amazon. Aquí están, espero, los 17 mejores. Seleccioné ese ensayo final por dos motivos: por un lado, porque me interesa recordar que el códice es solamente una de las formas de la historia del libro (hablo de los papiros enrollados de la época de la Biblioteca de Alejandría, por ejemplo), de modo que tenemos que aceptar sus mutaciones; por el otro y complementariamente, porque no soy una persona apocalíptica, que sólo escribe en contra de la tecnología (al contrario, soy el autor también de Teleshakespeare). No me gusta Amazon, tampoco me gusta que algunos de los libros más importantes y caros de la historia de la cultura no estén en bibliotecas y en museos, sino en manos de coleccionistas privados.

 

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