Por The Telegraph, un medio extranjero como su propio nombre indica, se ha sabido que los entonces príncipes de Asturias, ahora reyes de España, además de la luna de miel que ya conocíamos, la luna de miel oficial, se metieron para el cuerpo otra luna de miel secreta y fastuosa,  digna de un Marco Antonio y una Cleopatra. Una deslumbrante luna de miel secreta que lo  ha sido durante dieciséis años hasta que esos cenizos, malasombra y aguafiestas de  El Telegraph acabaron con el hermoso secreto. Tenía que revelarlo un periódico extranjero porque ninguno de los medios de información españoles se enteraron, o no se quisieron enterar, lo cual da una idea del grado de información que disfrutamos y del grado de opacidad de la que goza a estas alturas de siglo esta cada vez más sorprendente y asombrosa familia real. Esta luna de miel secreta duró dos meses, otras informaciones dicen que tres, y costó la friolera de casi medio millón de euros. Un dinero que, también se ha sabido, fue pagado por el entonces rey, el emérito campechano, nuestro gran benefactor y filántropo, cada vez más tristemente emérito y menos campechano, y su amigo el empresario Joan Cusí, un empresario naviero, otros dicen que testaferro del rey. La mala gente, los malos españoles tienen una gran obsesión por manchar una trayectoria intachable, inmaculada e impoluta, austera y casta, comparable a la de un San Jerónimo penitente, como es la vida de don Juan Carlos. Entre los dos aflojaron los casi 500.000 euros que costó esta segunda luna de miel opaca como un agujero negro, o las cuentas en Suiza, patria querida, del emérito. Los mismos euros que ha costado el coche blindado que estrenaron hace poco los  reyes en Sevilla, en la barriada de las 3000 viviendas, la mayor bolsa de pobreza y miseria de Europa. Qué mejor sitio para estrenar un lujoso coche blindado que allí. 

Los medios de información, por llamarlos de alguna manera, españoles solo informaron de la luna de miel oficial, que duró una semana y transcurrió por Cuenca, Albarracín, Zaragoza y San Sebastián. Una luna de miel de andar por casa cuyo mayor gasto, además de los hoteles con encanto y Paradores, fue comer en el restaurante Arzak.  Como puede verse, nada del otro mundo,  la que tendrían cualquier pareja recién casados de familia bien.  Después los abnegados recién casados fueron de boda a Jordania. Quizás por eso la luna de miel fue tan sobria, porque tenían que ahorrar para el viaje y la dádiva de la boda. Eso lo entendimos muy bien los españoles de a pie, que sabemos que una boda, y lo que trae consigo, puede trastocarte el presupuesto de las vacaciones y en vez de ir una semana a Benidorm o a Gandía, te tienes que conformar con ir a  pasar el día a las Lagunas de Ruidera cargando como un porteador nepalí la nevera portátil con el vino y la gaseosa, las cervezas y la tartera con la tortilla, los filetes empanados y media sandía. 

Los grandes medios de comunicación españoles, cumpliendo con su vocación de servicio al poder y dejando a un lado esa tontada  de la información veraz, ese insobornable e incorruptible quién, dónde, cómo y cuándo, contaron la luna de miel hasta darle la forma del ya cansino y aburrido publirreportaje que se monta cada vez que se produce un evento de la familia real, poniendo mucho acento en la sencillez innata de la familia y sus costumbres sobrias y austeras. Un publirreportaje que cada vez nos recuerda más al NODO franquista, donde todo era un mundo de fantasía en el país de las gominolas. Unos bochornosos publirreportajes donde vienen a decirnos que los reyes son como usted, como yo y como cualquier hijo de vecino, solo que ellos tienen que cargar con el duro y abnegado trabajo de representar a España. Hace unos días Santiago Abascal, no consta a qué hora del día y bajo qué condiciones lo dijo, afirmó que la monarquía era una institución democrática. Hay que decir al líder de Vox que monarquía es a democracia como machacarse los testículos con dos cantos es a placer.

Ojos que no ven, corazón que no siente, dice el conocido refrán. Y nosotros vivíamos bien con el cuento de la austera luna de miel en España de nuestros entonces príncipes, ahora reyes. Estábamos contentos, la ignorancia es una forma de felicidad, de que se hubieran dejado el sobrio presupuesto de la luna de miel en empresas turísticas españolas. Y mire usted por donde estos pérfidos ingleses del Telegraph, vienen a desmontar el bonito cuento contándonos, como esos malvados que cuentas historias de terror a los niños antes de acostarse, que hubo otra luna de miel digamos B, donde los ahora reyes se saltaron la ancestral austeridad de la familia Borbón y se hicieron cuarenta y dos mil kilómetros a lo largo de dos meses, puede que fueran tres, de un viaje alucinante. Por los infames periodistas británicos sabemos que después de la boda en Jordania, y ya que estaban allí, se fueron a visitar Petra y después a Ágaba. Fue precisamente en Petra, la ciudad rosa del desierto jornado, donde la prensa tomó las últimas fotos de los príncipes como dos turistas más. A partir de eso momento se perdió todo rastro de ellos. 

Y se perdió el rastro porque Don Felipe y Doña Leticia pasaron a ser “el señor y la señora Smith”. Sí, para preservar su anonimato, firmaron con esos nombres en los exclusivos lugares donde se alojaron. De esa manera jugaron al juego del anonimato queriéndose parecer a  Brad Pitt y Angelina Jolie en esa mala película donde los actores protagonistas acabaron enamorándose y formando una de las parejas más glamurosas de las revistas de papel cuché. 

Ahora sabemos que después de Jordania, viajaron a Camboya y después a las Islas Fiyi donde gozaron de las arenas blancas como harina de sus playas, de las cristalinas aguas del océano Pacífico y de sus maravillosos hoteles etc. … y qué  más podría decirse de este idílico lugar que no sepamos por nuestras innumerables visitas a este paraíso en la tierra. Allí, en el exclusivo Wakaya Club & Spa,  fue donde se registraron por primera vez con el pseudónimo de Mr. and  Mrs. Smith. Al abonar la factura al cabo de unos días de holganza, una  económica factura de  33.000 dólares de nada, don Felipe, siempre tan atento y preparado, dejó escrito en el libro del hotel una amable reseña de despedida: “! Qué paraíso tan maravilloso y remoto! Pasamos un tiempo espléndido aquí, lejos de la realidad ocupada ( su dura realidad cotidiana, debería haber dicho) y tan bien tratado por su personal siempre sonriente….etc.” Y aquí sí firmaron como Felipe y Leticia, príncipes de Asturias. 

Los ruines e indignos periodistas ingleses siguieron largando con su incontenible y diarréica pluma, e incluso sosteniendo que tienen documentos que confirman estos gastos, que después de las Islas Fiyi, los recién casados viajaron a Camboya donde se alojaron en el afamado hotel Raffles Le Royal en Phnom Penh y después fueron a conocer otro esclusivo Resort a pie de playa.  De ahí continuaron su duro y  fatigoso peregrinaje por Samoa, California y México.

Respecto a este, siempre enojoso, tema de la familia real y su vida de fábula a costa de los presupuestos generales, hay que decir que no sentimos lo que sabemos, que ya empezamos a digerirlo con nuestros estómagos ya hechos a cualquier cosa, comestible o no, como los estómagos de los cocodrilos del Nilo, sino lo que no sabemos, los mil y un chanchullos, las mil y una historias para no dormir que todavía nos reserva esta monarquía que ya estamos sufriendo y aguantando más de lo humanamente aguantable. 

Pero lo peor de todo es constatar la opacidad de los medios de comunicación españoles respecto a la familia Borbón, saber que no nos cuentan la verdad, tan solo se hacen eco de ella muchos años después de que la noticia haya ocurrido “cuando ya no quiere la borrica” como dicen en mi pueblo, y siempre a través de medios de comunicación extranjeros. Hay tantas muestras de ello que este tema cada vez huele peor, realmente apesta. La negativa de todos los partidos políticos, excepto Unidos Podemos, a investigar al rey emérito dice mucho de las ganas que tienen la mayoría de los políticos de saber la verdad, y los grandes medios de comunicación de contárnosla a los ingenuos que vamos todos los días al quiosco a comprar los periódicos  con la vana esperanza de enterarnos de lo que ocurre en nuestro país. Saber la verdad, de la A a la Z, debería ser el primer mandamiento de esta democracia. La verdad debería ser el cimiento donde se asentara este Estado democrático y de derecho. Pese a quién pese y caiga quien caiga. Y los medios de comunicación deberían ser los que arrojaran luz, en vez de oscuridad, sobre esa verdad. Solo unos pocos de estos medios ejercen el compromiso, la imprescindible labor de informar. Ellos son los que a duras penas salvan los muebles de esta democracia con más trampas que una película de chinos. Cada vez cobra más vigencia la frase de Noam Chomsky cuando dice que “el propósito de los medios masivos no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo a las agendas del poder corporativo dominante”. Una frase con una claridad solo comparable a la de las aguas de las Islas Fiyi donde a muchos nunca se nos cortará la digestión.

Pero no nos malinterpreten, no suspiramos por bañarnos en esas exclusivas playas, ni soñamos con un buffet de carabineros frescos y langostas como perros salchicha, ni tampoco dormir arrullados por el suave oleaje del océano bajo la brisa de los pay- pays de  unos sonrientes criados, algo vulgar que está al alcance de cualquier rey del ladrillo o del concejal de urbanismo, con cierto desapego por las leyes, de cualquier ciudad costera española, no, por lo que de verdad suspiramos es por saber la verdad de todo lo que se cuece en este país, que sentimos que se nos está ocultando de forma sistemática. Sin esa imprescindible información veraz y en tiempo real nunca podremos conocer la realidad en la que vivimos, ni analizarla correctamente porque nos faltan gran parte de las piezas que conforman el puzzle. Necesitamos tanto como el comer que los grandes medios de comunicación sean dignos de ese nombre e iluminen poniendo el foco en todas las zonas actualmente en sombra, y no digamos las completamente opacas, que todavía persisten a estas alturas de una democracia que se dice moderna y quiere codearse con el resto de democracias avanzadas.

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1 Comentario

  1. Tú, por ser ético, en claro, si buscas -quieres conocer- o utilizas un tipo -una manera, forma, etc.- de agua en el mundo, por muy lejos que vayas para eso, lo que utilices, será agua.
    Por igual, si tú buscas -quieres conocer- o utilizas un tipo -una manera, forma, etc.- de RESPETO ÉTICO en el mundo, por muy lejos que vayas para eso, lo que utilices, por la fuerza ética debe siempre ser el ayudar al que demuestra razón o, bien, a ése que ya la va dando clara, irrefutable y no engañante-manipuladora. ¡NO EXISTE OTRO CAMINO PORQUE TÚ SEAS ÉTICO! A ver si te enteras (por responsabilidad y decencia en el enterarte). https://delsentidocritico.blogspot.com/ JOSÉ REPISO MOYANO

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