Desde hace más de tres años este medio de comunicación lleva indicando que la situación real del Banco Santander no es el reflejo de los números que presentan sus cuentas. Esto lleva a que la plantilla sea víctima de una presión sin límite a la hora de cumplir una serie de objetivos que, según nos han indicado los propios trabajadores, son inalcanzables. Esa presión desmedida ha tenido ya consecuencias irreparables, como es el caso de un director de oficina de la provincia de Sevilla que, finalmente, se quitó la vida. Su viuda, con la que Diario16 ha conversado, intenta ahora demostrar que el suicidio de su marido es una consecuencia de esa presión a la que fue sometido por parte del Santander durante mucho tiempo.

Los verdaderos problemas de este director de sucursal comenzaron tras la compra por un euro del Banco Popular por parte del Santander. Hasta ese momento había tenido una carrera impecable que empezó en el Banco de Andalucía y, posteriormente, en el Popular. «Mi marido estuvo empezó en Jaén, de ahí a un pueblo de Córdoba, en Marchena, en Córdoba, donde estuvo en dos sucursales, de ahí a Lepe, Huelva y terminó en Dos Hermanas. Todo eso conlleva una carga. Nosotros decidimos que nuestras hijas tenían que tener una estabilidad. Él se iba y venía. Mi marido era uno de los mejores directores de Andalucía. A él lo llevaban a siempre a salvar sucursales. Su trabajo era «el marrón». Había un marrón en Lepe, ahí que mandaban a mi marido», afirma la viuda.

Sin embargo, con la llegada del Santander la presión aumentó. Lo primero que hicieron fue quitarle la cuenta principal de la oficina. «Empezó la lucha de directores. De repente, ya no puedes acceder la cuenta de un cliente de la oficina y te decían que eso se había pasado al Santander. Incluso los clientes decían que querían continuar en la oficina porque era la persona con la que habían negociado. En concreto, esa cuenta se la llevaron a los Servicios Centrales porque, de repente, afirmaron que era muy grande para él. La época en que convivieron los dos bancos fue terrible para los directores porque ellos tenían la obligación de reportar al Popular, pero, a la vez, también al Santander. Aquello era mortal. Lo que un día valía, al día siguiente, no. A mi marido le robaron 20.000 euros de un bonus de productividad. El Santander llegó prometiendo dinero. El tercer trimestre de 2017 fue mortal porque mi marido era muy competitivo y quería llegar al bonus. Trabajó horas, horas y horas. Consiguió llegar al bonus, pero hubo un cliente que hizo un movimiento por internet y, por ese movimiento, le quitaron el bonus y le dieron una carta de amonestación», indica su viuda a Diario16.

Este hecho fue algo que «mi marido no logró superar, hablaba constantemente de que le habían robado y engañado. Los horarios del banco siempre han sido abusivos, pero cuando trabajas de 7.30 de la mañana a 21.00 de la noche y encima te sientes estafado, es algo insoportable», afirma la viuda.

La presión del Santander empezó a aumentar a unos límites que muchos podrían calificar como de salvajes. Prácticamente todas las mañanas se organizaban una serie de multiconferencias con los directores de oficina y «si la tuya no iba bien, te ridiculizaban delante de todos tus compañeros. Frases como “os estamos midiendo,” “si esto no lo resolvemos por lo civil, lo resolvemos por…”. Por supuesto, este tipo de multiconferencias no son legales, pero tenían órdenes de no dejar nada por escrito. Comenzaron a repartir objetivos indiscriminadamente e imposibles de lograr, talleres en horario de tarde, reportes diarios por WhatsApp y presiones insoportables. A todo esto, hay que sumarle que a mi marido le trasladaron a su jefe a una sucursal al lado de la suya, por lo que se tenía que llevar todas las tardes despachando con él y con unas actitudes completamente tóxicas que comenzaron a poner en riesgo su salud. Era un machaque diario».

En junio de 2018, en una revisión médica, el director de oficina le cuenta a su doctora que no está bien. No duerme, tiene mucha presión en el trabajo y que se siente como bipolar porque estaba intentando ocultar a su familia las presiones que estaba viviendo para no preocuparlas.

Una vez que se cerró la supresión de la marca «Banco Popular», el Santander comenzó a aplicar su método en todas las oficinas que se resume en una frase: no existe la desconexión. Todo el día son llamadas, mensajes, presiones, y, por supuesto, las multiconferencias.

Todas las personas tienen un límite y este director no pudo soportar más la presión cuando el día 22 de febrero, en la tarde noche, recibió un correo. Lo leyó y le dijo a su mujer: «¿Tú te crees que esto es normal?». Ese mensaje, según nos confirma la viuda de este director, decía lo siguiente: «Vas el último, ¿qué piensas hacer?».

«Ese mismo día me dijo que el martes tenía una reunión en Madrid. Ya no pudo más. La reunión no existía. Se marchó por la tarde y ya no volvió», afirma la viuda quien añade la reacción que tuvieron en el Santander: «El mismo día 27 en que mi marido murió, llamaron los jefes chillando a la sucursal diciendo; “¿Dónde está este tío?”. Estaban desesperados porque tenía una firma, pero, claro, él no fue la firma». Además, el Santander una auditoría a las cuentas de la oficina.

Sin embargo, los límites del Santander son inescrutables y, en el tanatorio, durante el velatorio al director, «llegaron los directivos del banco y decían: “no os acerquéis a la viuda”. ¿Por qué? Porque saben que ellos son los responsables de la muerte de mi marido. Uno de los abogados del banco me dijo: tanto se tira de la cuerda, que al final se rompe. Ellos saben que son los culpables y tienen que asumirlo para que no suceda más», afirma la viuda.

En los días previos a la declaración del estado de alarma, fue presentada ante los tribunales una papeleta de conciliación previa a posibles acciones judiciales porque, como afirmó la viuda a Diario16, «yo lo que quiero demostrar es que el banco mató a mi marido. Eso es lo que yo quiero poder decirles a mis hijas, a mi suegra, a mis cuñados y a mí misma. Poder quitarme esa culpabilidad tan grande que tengo». Para la conciliación estaban citados para el día de ayer, 31 de marzo, pero por la crisis sanitaria ha sido aplazada.

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