Tal y como publicamos en Diario16, el Santander es el banco de los escándalos. Para evitar que los mismos sean conocidos por la ciudadanía, lo que podría afectar gravemente a las cuentas de la entidad, es necesario que los medios de comunicación y los periodistas no se hagan eco de los mismos. De lo que no se habla, no existe, esa es la máxima.

Desde las cesiones de crédito, que provocaron uno de los mayores escándalos de la democracia española con la creación de Doctrina Botín para salvar de la cárcel al entonces presidente de la entidad, pasando por la compra de Banesto, Valores Santander, sentencias por acoso laboral en Brasil y España, los dividendos Cum-Ex, los seguros PPI, el Caso Orcel o el Banco Popular, por citar algunos, nos encontramos con una serie de escándalos que van en contra de la máxima de la banca: «La mejor noticia de un banco es no dar noticias».

Para evitar que esos escándalos sean tratados por los medios de comunicación el sistema es sencillo: regar de dinero las cuentas de las empresas editoras, refinanciar deuda, renovar líneas de financiación o, incluso, estar presente en el Consejo de Administración de los grandes grupos mediáticos, como es el caso de Prisa. ¿Cómo van esos medios a investigar o publicar en contra de quien copa un importante porcentaje de la cuenta ingresos?

La situación actual de los medios de comunicación es la que provoca que los anunciantes sean los que determinan la línea editorial de las cabeceras. De esto se aprovecha el Santander, dado que se está garantizando el silencio del medio respecto a noticias negativas para la entidad presidida por Ana Patricia Botín e, incluso, salir en defensa del mismo cuando hay medios libres e independientes que sí los sacan a la luz.

En concreto, el Santander está gastando anualmente en publicidad una media de 600 millones de euros, aproximadamente un 10% de los beneficios declarados en 2019. Esta cantidad supone casi el doble de lo que invierten su principal competidor, el BBVA, que gasta anualmente de media poco más de 300 millones de euros.

En 2018, Santander gastó 646 millones de euros, con unos beneficios reportados de 7.810 millones, un 8,2% de los beneficios. En el año 2017 se gastó 757 millones y reportó unos beneficios de 6.619 millones lo que equivale a un 11,4% de los beneficios en comprar el silencio de los medios con publicidad. En 2016 se gastó 691 millones con unos beneficios de 6.204 millones que equivale a un 11,13%. En 2015 se gastó 705 millones en publicidad con unos beneficios de 5.966 millones que equivale a un 11,8%. En 2014 se gastó 654 millones en publicidad con unos benéficos de 5.816 millones que equivale a un 11,2%. Es decir, que el Santander precisa de casi un 11% de sus beneficios para comprar el silencio de los medios de comunicación.

Este sistema de trueque —yo te pongo publicidad, pero tú te callas— es un verdadero golpe contra la democracia donde el cuarto poder tiene la obligación deontológica de controlar al poder, del tipo que sea, y el banco presidido por Ana Patricia Botín es, en todos los sentidos, un poder en sí mismo que controla al resto.

Manuel Domínguez Moreno, editor y presidente de Diario16, suele insistir en una idea en sus conferencias: «la peor corrupción que hay es la de los medios de comunicación, puesto que lo que se vende es la libertad». No hace falta decir nada más.

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