El Parlamento de Cataluña dedicó un pleno monográfico al papel de la monarquía. Foto: Flickr, Parlament

Yeats decía que «de las peleas con los demás, hacemos retórica; de las peleas con nosotros mismos, hacemos poesía».

Cuando decidí ponerme a escribir este artículo, me di cuenta de que iba a haber en él incoherencias, contradicciones, ideas sueltas o relacionadas muy débilmente. En un primer momento eso me preocupó. Poco después empezó a resultarme indiferente. Unas horas más tarde ya me parecía bien y, en cualquier caso, si esas ideas servían para estimular las ganas de pensar y discutir, el artículo estaría justificado.

Si se mantiene la mirada fija sobre la imagen de cualquier personaje el tiempo suficiente aparecen descifradas las figuras ocultas que lo constituyen. Estos personajes que sobresalen por su relevancia político-social son muy heterogéneos van desde economistas a politólogos, pasando por periodistas, actores, escritores, científicos y ahora en tiempos de pandemia médicos epidemiólogos. Pero en un país lleno de triquiñuelas las estrellas son los abogados penalistas.

Entre estos abogados penalistas sobresale un hombre culto, que se codea con la más alta intelectualidad española. Cita desde Einstein a Espinoza pasando por Carlo M. Cipolla entre otros muchos en tertulias, artículos, entrevistas y a tutti quanti. Que afirma que está en tierra de nadie, sin tomar partido, pero estuvo en el sanedrín que dio forma al partido de  Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, ​o simplemente, Ciudadanos (Cs). Si hiciera falta algo más para reforzar su atractivo podemos decir que es practicante de boxeo y una de sus divisas es la de boxeador Mark Tyson: “Todo el mundo tiene un plan hasta que le golpean en la boca”. Una de las variantes que no contempla. El 1 de octubre de 2017 los catalanes tenían un plan, implementar la republica catalana, hasta que nos golpearon con las porras de manera brutal (entiéndase: literalmente nos golpearon en la boca).

Terminemos con una paradoja, en uno de sus artículos, “Elogio del ministro Fernández”, muy celebrado y con razón, nos informa de un libro de Carlo M. ­CipollaLas ­leyes fundamentales de la estupidez humana” y que para resumir diremos que consta de cinco leyes. La tercera de tales leyes es que el ­estúpido causa perjuicios a los demás sin beneficio para sí mismo, e incluso con desventajas. La cuarta, que el ­potencial nocivo de los estúpidos siempre está infravalorado; y la quinta (y fundamental), que, entre los diferentes tipos de personas, los estúpidos son los más peligrosos. Lo subrayadoes transcrito del artículo.

Carlo M. Cipolla que fue una autoridad reconocida en la historia económica, especialmente en la historia del dinero y de la población, como presagiaba que  vemos la paja en el ojo ajeno, en el prologo de su libro dice: “Pecaría gravemente de ingratitud contra las circunstancias que hasta ahora han presidido el curso de mi vida si no confesara que he sido, en cuanto se refiere a mis relaciones humanas, un ser extraordinariamente afortunado, en el sentido de que la inmensa mayoría de personas con las que he entablado relación han sido por regla general personas generosas, buenas e inteligentes. Espero que al leer estas páginas no acaben convenciéndose de que el estúpido soy yo”.

Pero el saber es mucho más débil que la necesidad. Lo cual quiere decir: todo saber acerca de las cosas permanece de antemano entregado a la hegemonía del destino y fracasa ante él.

Apúntate a nuestra newsletter

1 Comentario

  1. El saber es mucho más débil que la FUERZA. El SABER permanece INERME ante la hegemonía de la FUERZA, y fracasa ante él.

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre