Lleva meses, muchos meses, el Rubius -el famoso cabecilla de las fuerzas rebeldes- esquivando a golpe de micrófono y cintura virtual los sables láser de las tropas imperiales.

-Queremos que nos des más pasta.

-Lo hago lo mejor que puedo.

-Te vamos a mirar hasta el fondillo de los gayumbos.

-Bueno…

-No te nos va a escapar de ningún modo.

-No tenía ninguna intención, pero si no paráis de presionarme, me iré a vivir a Andorra.

Y el Rubius, en su pequeño Halcón Milenario particular de cámaras, ordenadores y micófonos, ha despegado.

Y se ha armado la de diosescristojesús.

Que si es un mal ejemplo para los niños,

que si qué morro, que muy bien hecho,

que si yo pudiera haría lo mismo,

que las Tropas Imperiales al mando de Comosellameelministro, van a perseguirlo con saña, persistencia y ahínco…

Pero el Halcón Milenario del Rubius ya ha despegado. Y está listo para dar el salto en el hiperespacio. Los espectadores del mundo entero estamos fascinados viendo el espectáculo, comiendo palomitas y aplaudiendo.

Queridas niñas y niños, lagartos y lagartas, llorones y risueños… El Rubius se va a Andorra porque las leyes internaciones se lo permiten. Porque -simplemente- puede hacerlo.

Puede hacerlo. Y lo ha hecho. Así de SIMPLE.

Tigre tigre.

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