Ciudadanos

El convulso proceso de primarias de Ciudadanos en Castilla y León ha pasado de la sospecha de pucherazo al ridículo de la gestión y finalmente a la mayor crisis interna del partido desde su fundación en 2005. La secuencia de este trepidante thriller psicológico no tiene desperdicio. Albert Rivera −mal aconsejado por su lugarteniente Villegas− apuesta por Silvia Clemente, la exconsejera tránsfuga del PP como fichaje estrella de cara a las próximas elecciones. Francisco Igea, el candidato crítico, no traga y se opone al nombramiento al considerar que la decisión no encaja con el supuesto espíritu regenerador de la formación naranja. Se abre un proceso de primarias y el resultado acaba con la victoria de Clemente pero con la inquietante constatación de que, a la hora del recuento, salen 82 votos de más con arreglo al censo. Ese desfase entre el número de votantes y la suma de los resultados arroja sombras de sospecha sobre la limpieza del proceso y el partido se ve obligado a abrir una investigación interna. El desastre está servido.

Finalmente Ciudadanos ha reconocido como vencedor a Igea, para quien estas primarias han sido “un día grande para el partido y para la militancia”. Un día grande y nefasto, habría que añadir. De modo que si un nuevo sobresalto no le remedia (viendo cómo bajan de turbulentas las aguas de C’s puede pasar de todo) el candidato en Castilla y León será Igea. Pero de momento el espectáculo de vodevil no ha terminado y amenaza con hacer aún más daño a un partido todavía joven y frágil.

De entrada, Rivera ha visto cómo perdía su primera gran batalla interna, de tal forma que con la derrota de Silvia Clemente, su caballo ganador, de alguna manera sale tocado su liderazgo político. En segundo lugar, queda dañada esa imagen que trataba de proyectar Ciudadanos como un partido limpio, adánico y virginal, ya que no hay nada más sucio en democracia que un rumor de posible pucherazo. Las supuestas irregularidades en las primarias son de una notable gravedad, y más aún porque fueron detectadas y denunciadas por el equipo del aspirante, no de la candidatura favorita de Rivera. Ante ello, la comisión de garantías del partido no pudo hacer otra cosa que abrir una investigación para aclarar lo sucedido.

Sin duda, el escándalo ha sido mayúsculo, hasta tal punto que ha movilizado al secretario general, José Manuel Villegas, quien ha tenido que empuñar la manguera para apagar el incendio. Un hondo escalofrío debió recorrer la espalda de Rivera cuando llegó a sus oídos que el patio de comedias de Castilla y León se le estaba yendo de las manos, y quizá por ello dio órdenes estrictas a su bombero para que se pusiera las pilas, cerrara la crisis cuanto antes y de esa manera la prensa se centrara de nuevo en hablar de Vox, del Valle de los Caídos y de los “viernes electorales” de Pedro Sánchez. Finalmente, el resultado de las primarias ha dado un nuevo vuelco: 526 votos para Igea y 479 para Clemente. “Lo importante es que el sistema lo ha detectado, lo que habla de la transparencia del sistema”, dijo un redundante Villegas en rueda de prensa para tranquilizar a sus votantes y alejar la sombra del pucherazo.

A fecha de hoy −y eso es lo más embarazoso para C’s−, aún no se sabe cómo se pudieron colar esos 82 votos fraudulentos en el escrutinio, pese a que el propio Villegas anunció una investigación “policial” y “comprobaciones ulteriores” hasta llegar al fondo del espinoso asunto. Cabe la posibilidad de que al final todo quede convenientemente enterrado y el inspector Gadget Villegas no consiga desentrañar el misterioso asunto de las 82 papeletas sobrantes, arrojando una sombra de sospecha aún mayor sobre un partido que teóricamente llegaba para regenerar a la corrupta casta política española y va a terminar sumido en el supuesto pucherazo caciquil. Es lo que tienen unas primarias: que si bien suponen un ejercicio de democracia interna para los partidos, a menudo se acaban convirtiendo en bombas de relojería de consecuencias imprevisibles. En este caso, cuanto menos han provocado una fractura en un partido que hasta hoy se había comportado de una forma aparentemente cohesionada y homogénea. Resulta difícil, por no decir imposible, pensar en un equipo unido formado por Clemente e Igea que pueda trabajar en una misma dirección.

Pero es que además, y esto quizá sea lo peor de todo el caso Clemente, ha quedado claro que la ex consejera de Castilla y León no era precisamente la candidata más idónea ni el ejemplo de regeneración moral que venía predicando C’s . Según publica el diario El País, la Justicia investiga una subvención de medio millón de euros que recibió la empresa del marido de la ex presidenta de las Cortes de Castilla y León cuando era consejera de Agricultura. El Tribunal Superior de Justicia de esa comunidad ha apreciado indicios y ha derivado el caso a la vía penal, la peor de las noticias para Ciudadanos a pocas semanas ya del 28A. Así las cosas, Rivera se encuentra atrapado en una encrucijada castellana: seguir apostando por una candidata que va a ser escudriñada por la lupa judicial, con el riesgo que ello conlleva, o asumir el error y apartarla definitivamente de la carrera política. Es decir, ¿en qué armario metemos este muerto?

De modo que lo que en un principio se había convertido en un zasca en toda regla de Ciudadanos al PP al robarle a uno de sus naipes más importantes, una brillante jugada de salón de Rivera contra Casado a costa del transfuguismo de una de sus caras con mayor tirón, se ha terminado convirtiendo en un enorme fiasco que se agrandará como una bola de nieve cada día que pase. Y así hasta el día de las elecciones.

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2 Comentarios

  1. Interesante son las reflexiones que el Sr. Antequera hace sobre la actualidad política de nuestro País

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