Este fin de semana se abría la temporada de ópera en el Teatro Real de Madrid. Pero durante la sesión del domingo, en la ópera de Verdi, «Un ballo inmaschera», el público se plantó durante la función y esta tuvo que ser suspendida.

Según han explicado personas que se encontraban entre el público, había áreas en las que pudieron contar hasta 15 butacas seguidas ocupadas. Explican que los espectadores se quejaron cuando los acomodadores del teatro les ubicaron en sus asientos, y el ambiente fue poco a poco tensándose. Así fue como el público comenzó a dar patadas contra el suelo y a aplaudir sin parar hasta que desde el teatro tuvieron que anunciar el retraso de la función: quien quisiera podía abandonar la sala y el dinero de la entrada le sería devuelto. Así fue como la gente se agolpó en el vestíbulo y la policía tuvo que intervenir.

Ni hojas de reclamaciones, ni medidas de distancia, según explican personas que allí estuvieron. Tanto en la zona más barata como en la más cara los usuarios han denunciado que sucedió lo mismo: butacas ocupadas sin separación entre los espectadores.

El Teatro Real dice que cumplió con la normativa

El Teatro Real ha informado de que la normativa se cumplió. «No exige separación», según ha explicado Gregorio Marañón, el presidente del patronato del Teatro Real. No obstante, ha indicado que se estudiarán nuevas medidas para intentar contentar a todo el mundo, «pero no a los que tienen un sentimiento subjetivo de la seguridad como norma», ha especificado.

Durante la rueda de prensa que ha dado esta tarde, se ha mostrado sorprendido por el hecho de que hubiera espectadores que no quisieran el reintegro de su dinero ni la reubicación, «parece que sólo deseaba que la función no tuviera lugar», ha afirmado.

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