Pedro Sánchez ha ganado las elecciones con 120 escaños, es decir, 3 menos que en los comicios de abril y con una pérdida de casi 800.000 votos. El escenario que se queda tras el recuento oficial es más ingobernable que el que salió de las urnas en la pasada primavera, aunque hay opciones para que se pueda conformar un gobierno de progreso en el que Sánchez tendrá que sentarse a hablar desde una posición más débil de la que tenía en abril. Además, el Partido Socialista ha perdido la mayoría absoluta en el Senado.

La gobernabilidad también ha quedado muy tocada con estos resultados. Hay opciones, sí, para formar ese gobierno progresista pero, desde luego, el camino no es buscar un Ejecutivo del PSOE en solitario porque la gobernabilidad no se juega sólo en el pleno de investidura sino que el proyecto de gobierno debe ser pensado para buscar la estabilidad del país, sobre todo por los retos que se deben afrontar en el futuro más inmediato.

Sin embargo, Sánchez parecía que había cogido el camino del bloqueo político al pedir responsabilidad al resto de partidos, pero sin hacer ningún tipo de oferta al partido de Pablo Iglesias, a pesar de que la militancia le ha gritado claramente que quería un pacto con Podemos.

El debilitamiento de Unidas Podemos no ha sido lo que hubiera esperado Pedro Sánchez, puesto que, a pesar de que los de Iglesias han perdido 7 escaños, aún tienen capacidad para bloquear la acción de un Ejecutivo.

Además, Más País no ha obtenido los apoyos que esperaban y se han quedado en sólo 3 diputados, lo que hace a la fuerza de Íñigo Errejón entrar en un punto de irrelevancia.

Crecimiento de la ultraderecha

Las elecciones han dejado una mala noticia para la democracia: el crecimiento fulgurante de Vox, un partido que hace un año apenas tenía representación en las instituciones públicas y que ahora dispone de 52 diputados. Los de Santiago Abascal han sido, por ejemplo, la fuerza más votada en la Región de Murcia y ha estado a punto de superar al Partido Popular en comunidades como Andalucía y, por supuesto, han recogido el fruto de la estrategia de potenciación del nacionalismo español de la que quería ser el paladín Albert Rivera.

Esta cifra, además de lo que indica sobre el crecimiento de la extrema derecha en España, es importante porque Vox tiene ahora la capacidad para bloquear la acción de un gobierno y de todos los organismos democráticos. Según el artículo 162 de la Constitución Española, el partido de Santiago Abascal dispone de los diputados necesarios para plantear cuestiones o recursos de inconstitucionalidad para cualquier ley que se apruebe en el Parlamento. Teniendo en cuenta que la extrema derecha es contraria a todo lo que represente un sistema democrático, que está en contra de la diversidad, de la igualdad y de la libertad, es lógico que apliquen esa prerrogativa para minar el sistema desde dentro. La venganza poética porque, recordemos, que la Transición se inició con el espíritu de acabar con el franquismo con las herramientas que daban las leyes.

Refuerzo del independentismo

Estas elecciones también han servido para reforzar a las fuerzas independentistas catalanas, puesto que ERC, JxCat y CUP han aumentado su representación en un escaño respecto a los comicios de abril: 23.

Este afianzamiento del independentismo era una consecuencia esperable tras la sentencia que condenó a los políticos presos, pero también es la demostración de que la única solución que hay para el conflicto catalán es el del diálogo y no el de la imposición.

Rivera hace lo mismo con Ciudadanos que Suárez con la UCD

Albert Rivera siempre afirmó que Adolfo Suárez era uno de sus referentes en política, porque, según él, su partido estaba llamado a llenar el centro político que dejó huérfano el primer presidente de la democracia.

Desde luego, la trayectoria de Rivera no se parece en nada a la de Suárez pero, por una vez, ha logrado algo que no se había visto en España desde el año 1982: el hundimiento de un partido.

Las causas de esta caída de Ciudadanos no deben buscarse más allá de su propio líder. Albert Rivera había centrado su éxito y el crecimiento de su formación en ser el ariete contra el independentismo catalán. Sin embargo, cuando ha aparecido una fuerza política como Vox que defiende con más vehemencia la «mano dura con los catalanes», el votante nacionalista español se ha ido con los de Abascal. En segundo término, el hecho de que más de la mitad de los votantes de Ciudadanos hayan suspendido a Rivera en diferentes sondeos también era una señal que en el partido naranja deberían haber tenido en cuenta. En tercer lugar, la estrategia de imagen de Rivera, lo estrambótico que en ocasiones rozaba lo ridículo y que la imagen del líder de Ciudadanos se haya convertido en carne de meme es un factor importante que mide la fidelidad en el voto.

A esto también hay que añadirle las actitudes chulescas de su mano derecha, Inés Arrimadas, a la hora de organizar escándalos o, como se dice coloquialmente, «montar pollos», no es algo que agrade a votantes que se caracterizan por su seriedad en si vida personal y profesional.

Otro de los factores que ha provocado el hundimiento de Ciudadanos es la actitud de Rivera al negarse a formar gobierno con Pedro Sánchez en la anterior legislatura, algo que provocó una crisis interna con la salida de importantes representantes del liberalismo que los naranjas dicen defender y, por supuesto, la censura por parte de las élites económicas, empresariales y financieras que sostenían al partido. En este país, llevarle la contraria a Ana Patricia Botín, a la CEOE o a los presidentes del IBEX se paga y Rivera lo ha pagado.

Bloque de la derecha: imposible gobernar

Por más que Pablo Casado haya dicho que está en disposición de gobernar, la realidad es que los tres principales partidos de la derecha no suman. A pesar de que el Partido Popular y Vox hayan crecido, el hundimiento de Ciudadanos les ha dejado por debajo de la suma de los partidos de la izquierda.

Los datos demuestran que los tres partidos de la derecha han perdido casi un millón de votos respecto a los comicios de abril. El PP ha ganado 21 escaños, pero sólo ha incrementado el apoyo de los españoles en menos de 700.000 votos. Vox, el gran triunfador de la noche, ha aumentado su representación parlamentaria en 28 diputados y casi un millón de votos. Sin embargo, Ciudadanos, además de perder 47 escaños, se ha dejado 2,5 millones de votos.

Bloque de la izquierda: posibilidad de gobernar, pero más débil

Al igual que la derecha, los partidos progresistas han perdido apoyo por parte de los españoles. El PSOE se ha dejado casi 800.000 votos y Unidas Podemos más de medio millón, es decir, 1,3 millones de españoles. Esos votos no fueron en su totalidad a Más País, dado que el partido de Íñigo Errejón, sumándole los datos de Compromís, ha sumado 500.000 votos.

La suma de estos tres partidos da 158 escaños, es decir, 7 menos que la situación en que se encontraban tras los comicios de abril. Sin embargo, la caída de Ciudadanos permite que se abran caminos por los que, por ejemplo, la abstención de ERC y del partido de Albert Rivera sea suficiente para que Pedro Sánchez sea investido como presidente del gobierno. Otra cosa son las políticas que se vayan a implementar, aunque Pablo Iglesias le ha mostrado un camino al líder socialista: defender y blindar los derechos sociales reconocidos en la Constitución.

La debilidad de la izquierda respecto a los comicios de abril abre una posibilidad de que se pueda formar gobierno pero la historia demuestra que en España siempre será más fácil que se pongan de acuerdo dos opciones antagónicas que las más cercanas. Sánchez ha recibido un mandato de su militancia: «Con Iglesias, sí».

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