Puede ocurrir. Es posible. Pedro Sánchez podría ver arruinada su investidura si el próximo martes a algún diputado del PSOE se le ocurriera votar en su contra. El futuro de España se va a decidir en un par de votos y hay poderes fácticos ocultos que moverán sus hilos hasta el último segundo para frustrar un Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos que promete una auténtica revolución de derechos sociales contra los privilegios de la patronal y las élites políticas y financieras de este país.

La sombra del “tamayazo” planeó ayer durante algunos inquietantes minutos sobre el Congreso de los Diputados, cuando Inés Arrimadas se preguntó en voz alta: “¿No hay ni un solo valiente entre toda la bancada socialista que cambie su voto?” La líder de Ciudadanos llamó, con descaro y a cara descubierta, a la traición contra Sánchez, algo que no se había visto antes en democracia. Una corriente gélida recorrió los escaños socialistas, cuyos diputados se miraron unos a otros sin dar crédito a lo que escuchaban. Arrimadas estaba alimentando la sedición en el PSOE, como una CDR de Torra contra España. No en vano, nada más proferir la Casandra naranja su turbio vaticinio, Ferraz empezó a enviar mensajes electrónicos a sus parlamentarios socialistas para que se mantuvieran ojo avizor y atentos a la hora de apretar el botón del “sí” o el “no” a la investidura de Sánchez. Los dedos no deben temblar ni vacilar, cualquier desliz cambiaría la historia de nuestro país.

La hipótesis no es descabellada. Y no lo es hasta el punto de que a última hora de la noche de ayer las redes sociales bullían con la posibilidad real de un tamayazo. Los trols y haters de las derechas se pusieron a trabajar a pleno rendimiento para instigar a las masas y que metieran presión a los 120 diputados socialistas que el martes votarán a favor de la investidura de su líder. ¿Puede haber algún vendido que traicione a Sánchez a última hora? ¿Ha sido tocado algún Judas? No parece probable, pero todo puede ocurrir. Ayer mismo, durante la sesión de investidura, Ana Oramas, la única diputada de Coalición Canaria (CC), sorprendía a todo el hemiciclo al anunciar que votará no a la investidura del candidato socialista, rompiendo así la disciplina de voto de su partido. Su decisión fue aún más polémica después de que el viernes el Consejo Político de CC decidiera por unanimidad abstenerse en la investidura. Por descontado, la formación nacionalista ha anunciado que abrirá un expediente disciplinario a Oramas, que quizá a estas horas tenga ya un pie fuera del partido.

Durante su cara a cara con Sánchez, Oramas se mostró extrañamente compungida, casi al borde de la “lágrima política”, como muy bien dijo en su programa especial de La Sexta Antonio G. Ferreras. La diputada denunció la presión que ha sufrido en los últimos días para que “traicione” a “su gente” y anunció que votará no a la investidura de Sánchez. “¿Chantajes a los canarios? No. No, no y mil veces no. No pienso traicionar a este país ni a sus ciudadanos”, dijo en el Congreso. Oramas ha acusado a Sánchez de promover “la demolición del Estado que conocemos” pero dejó tras sus afectadas palabras una sombra de sospecha, un recuerdo de aquel tamayazo que llevó a Esperanza Aguirre al poder en la Comunidad de Madrid.

En las últimas horas, las tres derechas han intentado hacer todo lo posible, por la vía legal y hasta rozando la ilegalidad, para evitar que el candidato socialista salga elegido. La decisión de la Junta Electoral Central (JEC) de inhabilitar a Quim Torra ha sido interpretada por prestigiosos juristas como una “extraña maniobra” que no tenía ningún sentido a las puertas de la trascendental sesión de investidura del fin de semana. Se podía haber pospuesto la resolución sin ningún problema y si se ha inhabilitado a Torra deprisa y corriendo sin pasar antes por los tribunales y por una sentencia firme ha sido porque los sectores más conservadores y reaccionarios han apretado las clavijas a la JEC. Fue una mina programada más que estuvo a punto de hacer saltar por los aires el acuerdo entre PSOE y ERC, que prevé la abstención de los diputados republicanos crucial para la investidura de Sánchez.

En medio de ese clima de tensión tampoco conviene pasar por alto las pintadas en contra del diputado de Teruel Existe, Tomás Guitarte, a quien unos desconocidos colgaron el cartel de “traidor” tratando de quebrar su voluntad para que vote no al Gobierno de coalición de izquierdas.

Las presiones exteriores son fortísimas. Sánchez cree tenerlo todo atado. Pero debe andarse con mucho tiento porque en las Cortes Generales se respira ambiente de tamayazo. No es la primera vez que sucede en la frágil y endeble democracia española. Ni será la última.

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