¿Cómo afrontar unas elecciones que nunca debieron producirse? ¿Cómo hacer frente al error de haberlas convocado? Es cierto que lo que se conoce como “la derecha” no colaboró con su abstención en la puesta en marcha de la legislatura, y que Unidas Podemos es un partido conservador y radical que hacía muy complicado una coalición con ellas, pero, ¿tan difícil era adivinar lo que se avecinaba? ¿Acaso no sabíamos que iba a haber una sentencia condenatoria en Cataluña, una respuesta violenta en la calle y un ascenso de los “nacionalismos” como consecuencia, es decir, un repunte de PP y Vox? ¿Tan difícil era darse cuenta de estas cuestiones? Compañeras y compañeros, no sería tan difícil cuando muchos lo teníamos claro… Por no hablar del Brexit, o la incipiente crisis económica. Lo de Franco es lo de menos ¿Qué se debió haber hecho? Un gobierno de coalición con Unidas Podemos en el que hubiera ocurrido lo contrario de lo que Unidas Podemos quería (que no era otra cosa que “controlar” al Psoe y anotarse “tantos” sociales) No. Lo que hubiera ocurrido es una moderación de las posturas podemitas y una disolución de sus posturas en las posturas mayoritarias del Consejo de Ministros. El afrontamiento unívoco del problema catalán suena a excusa, toda vez que Pablo Iglesias dijo públicamente que ese tema no sería óbice para un gobierno de coalición y que Unidas Podemos consentiría en aceptar el liderazgo del Psoe en esta materia ¿Por qué se han producido las elecciones? Por la fuerte resistencia de Unidas Podemos a aceptar unos ofrecimientos que les parecían insuficientes y una creencia por parte de Iván Redondo de que en unas nuevas elecciones al Psoe le iría mejor y a Ciudadanos y Unidas Podemos, no tan bien. Ahora resulta que igual perdemos escaños, que Ciudadanos se hunde y no nos serviría como eventual socio de gobierno, y que la postura de Unidas Podemos con solo unos pocos diputados menos, y mucho rencor acumulado, será auténticamente canallesca ¿Por qué? Porque hasta yo sé que unas terceras elecciones seguidas son imposibles, y con este conocimiento, Unidas Podemos se atrincherará en sus posiciones.

Pero bueno, estamos en campaña y debemos preguntarnos ¿cómo afrontarla? Porque la cosa no pinta muy bien. Parece que nuestro Secretario General y candidato se va a centrar en “el triunfo de la democracia” de la exhumación de Franco, en repartir culpas por la repetición electoral, y en jurar y perjurar que va a ser inflexible con las demandas independentistas ¿De verdad es esto lo que preocupa a la mayoría de la ciudadanía? Por supuesto que no. Estos argumentos son espurios, porque lo de Franco ha sido una casualidad que se haya producido en estas fechas coincidentes con la precampaña (además de ser un hecho superficial y anecdótico, que por supuesto había que hacer, pero sin tanto boato, ceremoniosidad, y sin darle la categoría de “triunfo de la democracia”), el asunto del relato aburre hasta las ovejas, además de no mover voto pues la ciudadanía ya ha decidido que la culpa ha sido de los dos, y sobre el asunto catalán es absurdo alardear de inflexibilidad, ya que se trata, simplemente, de cumplir las leyes. Así pues, si estos van a ser los argumentos de mi partido, mal vamos ¿Cuáles deberían ser, pues, los argumentos de mi partido? Los ideológicos.

Viene una crisis, y acabamos de salir de otra, durísima, administrada por las políticas neoliberales del Partido de los Poderosos; con esas políticas, se han desmantelado una gran cantidad de derechos de los trabajadores y trabajadoras, algunos tan relevantes como el derecho a la negociación colectiva (que condena a la pobreza sistemática de la clase trabajadora), y, en términos generales, se ha hecho decaer el peso de la crisis sobre la ciudadanía de a pie, culpabilizándola además con argumentos como que “habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades…” Y los bancos que concedían préstamo tras préstamo ¿no tendrán alguna responsabilidad? Como resultado se ha producido la victimización de los enfermos (a los que se ha criminalizado por su absentismo laboral por enfermedad restándoles parte de su sueldo), los copagos farmacéuticos de los más débiles (los ancianos), el desmantelamiento de los servicios públicos (con su infradotación para justificar su ineficacia y necesidad de privatización), el adoctrinamiento de nuestros niños (con el argumento falaz de la “libertad educativa”), la descapitalización de la Ley para la Dependencia, dejando una ley fundamental de cohesión social sin significación práctica, el aumento de los pobres (trabajadores que no llegan a fin de mes y pasan a depender, de nuevo, de sus padres), el exilio de nuestro jóvenes, los más preparados de la Historia que se tienen que ir a poner cervezas a Alemania, y un largo etcétera de cuestiones, al tiempo que aumentaba hasta triplicarse el número de ricos que han engordado sus patrimonios al albur de la crisis. Por la distribución injusta de los recursos públicos, se ha creado una situación de desigualdad y debilidad del sistema que amenaza con desestructurarse aún más si la administración de esta crisis que viene vuelve a ser llevada a cabo por los neoliberales que quieren dinamitar el sistema del bienestar para convertirlo en “oportunidades de negocio”.

Frente a esta administración de los recursos basada en la creencia de que las personas somos básicamente diferentes, desiguales, y, por lo tanto, que es legítimo hacer políticas que potencien esa desigualdad con argumentos basados en “la búsqueda de la excelencia” y el “desarrollo de las posibilidades individuales”, estamos los socialdemócratas que pensamos que una crisis debe ser administrada de otra manera. No se puede, ni se debe, dejar a nadie en el camino. Desde luego los servicios públicos deben mantenerse, especialmente aquellos que atañen a los más débiles, esto es, los que hacen referencia a ancianos, parados de larga duración, dependientes, y personas con discapacidad. Hay que asumir un moderado programa de inversiones públicas que, aun a riesgo de aumentar el déficit público, reactive la economía. Hay que luchar contra el fraude fiscal hasta llevarlo, como mínimo, hasta los estándares europeos (solo con eso se recaudarían unos treinta mil millones de euros más) Hay que recuperar el dinero que se le dio a la banca para que no quebrase (me parece bien, pero que lo devuelva, con un módico interés, claro) Hay que invertir en desarrollo tecnológico de última generación. España no tiene por qué llegar tarde a ese reto (comunicaciones, energías renovables, robótica, etc.) Hay, en definitiva, que hacer las cosas de otra manera a como se han estado haciendo hasta ahora.

Estos deben ser, a mi juicio, los argumentos de la campaña. No los basados en la maldad de los independentistas, el relato de la culpa de la repetición electoral, y, mucho menos, Franco. Un saludo a todos, y a todas.

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1 Comentario

  1. Si después de escribir este artículo,en el que detalla minuciosamente la hoja de ruta que su partido debería seguir y no sigue porque su partido perdió por el camino la «S» y la «O»,
    si después de esto,insisto, los sigue usted votando a sabiendas de que esa hoja de ruta nunca se llevará a cabo (tiempo ha tenido desde luego) es usted unos de tantos cómplices responsables de que España siga como está. Hagan una prospección entre las bases de su partido, a ver si me equivoco.
    Pero claro, cómo no votar a mi partido del alma? Si votáramos con la cabeza y no con el corazón, España iría de otra manera.

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