Hay quien considera que en la política el fin justifica los medios. Una forma de actuar que conlleva olvidar, o pasar por encima de la ética, de la responsabilidad e incluso de la apariencia. Porque cuando de principios se trata, en la política como en la vida no basta con decir que se «es», sino que hay que «serlo». La cuestión es que los hechos ubican más que las palabras y en esta ocasión, el PSOE andaluz de facto ha decidido ubicarse junto a la extrema derecha, junto a la más rancia que es el Vox de andalucía. Supuestamente el mayor enemigo a batir para los de Susana Díaz, pero que dependiendo de las circunstancias pueden convertirse en los mejores compañeros de viaje: ver para creer.

De traiciones están las páginas de la política llenas. De traiciones ideales, a proyectos, a compañeros y a ciudadanos. De traiciones y puñaladas que, dependiendo del fulgor de la batalla, pierden cualquier tipo de decoro y muestran una imagen deplorable de los intestinos podridos que evidencian en qué estado se encuentra la coherencia de algunos dirigentes.

Esta historia que se vive en Andalucía está plagada de duelos, de embustes, de venganzas, rencores, cuentas pendientes y cabriolas sorprendentes. Las hay en el seno de Podemos, de sus coaliciones, con sus guerras intestinas y fratricidas; como las hay en el PSOE andaluz, en la derecha y en los que van y vienen arrimándose al supuesto sol que más piensan que les vaya a calentar.

A Teresa Rodriguez los puñales le vienen de Izquierda Unida y se materializan en la propuesta de resolución que presentó hace una semana Inmaculada Nieto. La diputada denuncia a Rodriguez y a otros siete diputados más de transfuguismo, y solicita a la Mesa del Parlamento que sean expulsados por haber dejado de militar en Podemos Andalucía. De entrada, Nieto encuentra el apoyo en el PSOE, en el PP y en Vox para aniquilar a Rodriguez mientras ésta está de baja por maternidad. En un principio su propuesta sale adelante y los ocho diputados quedan expulsados y enviados al grupo mixto. Sin embargo, al solicitar a los letrados del Parlamento que analicen la situación, estos presentan un informe que tuvo que ser analizado ayer, donde se estudia el procedimiento.

Ahora resulta que Nieto debe presentar, en un plazo de 48 horas, las pruebas por las que ha acusado a sus compañeros de tránsfugas. Teresa asegura que no podrá conseguirlo porque «no hay pruebas» de aquello que, incluso no se afirma en el escrito, pues no aparece la palabra «transfuguismo». Y mientras esto se produce, la expulsión de la semana pasada queda en suspenso. Teresa y sus compañeros recuperan la condición de diputados del grupo y la situación vuelve a su origen. Eso sí, ahora las cartas quedan boca arriba y se han podido ver los movimientos de las personas, de las formaciones y sus intereses.

Inmaculada Nieto ha dado un salto al vacío que seguramente se le vuelva en contra. Sobre todo porque, independientemente de las razones que defienda, de sus motivaciones e incluso argumentos que tenga para presentar semejante propuesta contra sus compañeros de filas, está la de las formas: aprovechar la ausencia de una compañera durante su baja de maternidad para pasarle por encima refleja una imagen muy cuestionable de la diputada de Izquierda Unida. Hay cosas que pueden y deben resolverse partiendo de la base, fundamental, del sentido común y del respeto a unos principios. Mala jugada esta de pasar por encima de una persona que está de baja por maternidad (o por lo que sea). Hay códigos que todos deberíamos respetar, y sobre todo, las mujeres.

Si algo le pierde a la izquierda son sus bofetadas a mano abierta a vista de todos. Ese afán por ajustar cuentas con luz y taquígrafos que terminan por desangrar las pocas opciones electorales que ya, de por si, lo tienen complicado para subsistir.

Pero puestas a hablar del rechazo que producen las jugadas sin escrúpulos está el PSOE andaluz, ese «todo vale» con tal de obtener rédito le suele terminar pasando costosas facturas a Susana Díaz, que parece no haber aprendido nada de los charcos en los que se ha metido hasta ahora.

No le salieron bien sus jugadas y artimañas contra el actual presidente del Gobierno, no le salió bien aquél 1 de octubre de tétrico Comité Federal en Ferraz, como no le salió bien la jugada de orquestar la investidura de Rajoy a espaldas de su secretario general del partido. No le ha salido bien ninguna de las jugadas de intriga palaciega que ha querido orquestar y de momento, agarrada a su escaño de diputada en Andalucía, esta «fontanera mayor del reino» ha sido capaz de meterse en el charco de la extrema derecha, de esa derecha extrema con la que no debería ir ni a tomar café.

Quizás Susana, como Carmena, son de las que piensan que una cosa es la política y otra cosa es… otra cosa. Yo, muy distanciada de Díaz en casi todo, soy de las que piensan que con la extrema derecha no se pueden urdir planes, no se pueden montar cacerías. Yo voy más allá, claro: lo de los ajustes de cuentas y las revanchas deberían abordarse con juego limpio en cualquier caso y circunstancia. Pero si además contextualizamos las batallas dentro del marco del que nunca debieron salir, que es el de los principios y la ideología, el PSOE Andalucía no podría ni por asomo dar la mano a Vox en absolutamente nada. Por dignidad, por coherencia y por sentido de la responsabilidad. No todo vale en la vida, tampoco en la política, aunque esta parezca tener las tragaderas más anchas de lo que debiera.

El PSOE andaluz ha quedado retratado una vez más. Susana ha salido en la foto vestida de verde, del verde de VOX -no del verde de Andalucía-. Sus ansias por quitarse del medio a la única capaz de hacerle sombra en el panorama político, Teresa Rodríguez, le han llevado a despeñarse. Primero en la votación de la semana pasada, donde bien pudieran haber sido decentes y prudentes quedándose al margen de una guerra intestina de Podemos, como curiosamente supieron hacer los de Ciudadanos. Segundo porque una vez que aparece el informe preliminar de los letrados, para poner los puntos sobre las íes, el PSOE ha tenido una oportunidad maravillosa para enmendar su enorme error, y dar un paso a un lado, como ha hecho el PP, y como ha seguido haciendo Ciudadanos. Pero no, el PSOE ha decidido quedarse en el lado de los ultras, de la rabia, de los espumarajos saliéndole por la comisura insistiendo en la defenestración de la que, sencillamente es, su mayor rival.

Es tan evidente su mala jugada que, muy probablemente, pase lo que pase con Teresa, esta batalla Susana ya la ha perdido. Porque no todo vale, repito. Y porque la «sultana» como le llaman a la «socialista» parece no dejar de tropezar en la misma piedra: esa que le ciega y le impide ver más allá de sus ansias particulares.

Pasó por encima del PSOE traicionando a Sánchez cuando era secretario general, pasó por encima de la militancia que había votado en un congreso, pasó por encima de los votos de la ciudadanía apoyando a Rajoy, y ahora pasa por encima de la izquierda para abrazarse con los neofranquistas. Desde luego que Susana es única para meterse en los charcos de los que salir absolutamente pringada.

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3 Comentarios

  1. vox es extremo? entocnes que es podemos?que sus seguidores, queman retratos, contenedores, rompen tiendas etc? que es podemos entonces? me pregunto eh.yo vi con mis ojos los saqueos en barcelona desde el balcon , y mientras yo escuchaba grupos de extrema derecha, yo les escuchaba a unos decir de romper aqui o alla con sus camisetas antisistema, y a otros no les entendia el arabe. asi que, ya estamos de mentiras hasta la coronilla

  2. De Susana todo se puede esperar. Al fin y al cabo, solamente es una trepa con suerte. Es tan reaccionaria como Abascal.

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