De acuerdo, el título es pretencioso: los problemas de España son innumerables, pero un servidor opina que lo acontecido en las últimas semanas corrobora lo que voy a intentar argumentar.

En un librito sobre Picasso, Gertrude Stein decía: <<Los españoles son, quizá, los únicos europeos que nunca acaban de creer que las cosas son reales, de que las verdades de la ciencia son progresivas. Los españoles no desconfían de la ciencia, tan sólo no aceptan la idea de progreso>> (“Picasso”, página 21). La señora Stein lo suelta asépticamente, dudando ligeramente (dice “quizá”) y sin hacer un juicio de valor (no opina que sea una virtud o un defecto), sino como la descripción de un hecho. Referente al título del artículo, que el problema de España es Podemos, es porque este partido implica una idea de progreso, y en una cultura que no acepta una idea de progreso, esto significa una ruptura del marco establecido. Y esto no puede ser. El PSOE, PP o Ciudadanos, pueden querer aplicar unas leyes u otras, más así o más asá, pero, sobre todo, quieren “lo mismo”. Unos ven este “lo mismo” desde una perspectiva, y los otros desde otra. Pero miran lo mismo. Miran hacia el mismo lugar.

Miran a España: el absurdo, vanagloriado y sobreestimado concepto del “Sentido de Estado”, que no deja de ser el subterfugio de unas élites del mercado. Es decir, la Nación por encima de las personas. Lo abstracto por encima de los individuos. Una visión que significa dos cosas: 1) Por un lado, el mantenimiento del status quo para las élites, y 2) un concepto nacionalista español que adquiere un valor romántico para seducir a las masas. [Por ello, en Cataluña, ERC, que ahora pretende seducir a las masas, adopta una pose “estadista”]. Ese “Sentido de Estado”, sin embargo, es una postura, una justificación para sobreponer lo abstracto por encima de la vida e intereses cotidianos de los individuos.

Hay una diferencia entre “mejorar” el presente de una sociedad y “cambiar” el presente: la primera opción es segura, no pierdes nada; la segunda conlleva riesgos, puede dar miedo. Dar miedo, sobre todo, a aquellos que tienen algo que perder. Y, para convencer a los que tienen muy poco que perder, hay que generarles miedo. Por ello se traslada el mensaje insistente que Podemos es un peligro, un agente desestabilizador. Y es cierto: pero sobre todo para las élites. Para que el mensaje del miedo cuaje de una manera efectiva (es decir, que afecte el número de votos) se suele hablar de pragmatismo, del “voto útil” para que no manden las ultraderechas (el simple conservadurismo europeo, todavía se le espera en España: en este país, toda derecha es extrema).

Esta es la baza del PSOE, y difícilmente Podemos podrá luchar contra ello: la gente, la masa, basa su decisión en los medios, y casi la totalidad de estos apoya el statu quo. Fíjense en un aspecto: cuando Podemos crece, no lo hace aupado por los medios, sino sobre decenas y decenas de organizaciones, asociaciones e individuos que creen en algo. Cuando Podemos se “sistematiza” y se basa en los medios, empieza a descender. [A la larga, algo parecido le vaticino a ERC si sigue por esta senda, aunque recoja frutos a corto plazo].

¿Por qué Podemos de repente desciende? ¿Toca techo el número de descontentos? Un servidor opina que es debido a aceptar el juego del sistema, donde solo tiene a perder. Permítanme la salvajada de comparar Podemos y Ciudadanos: los segundos se ofrecieron, también, como alternativa de cambio, pero más allá de los chillidos y malas maneras de Rivera y Arrimadas, al final son más de lo mismo, un sucedáneo del PP: ya no hay pretensión de cambio, sino, en teoría, de mejora.

Es decir, una copia a la que se le ven las costuras de su falsedad. Tal vez los medios del establishment hicieron tanto hincapié en la casa de Iglesias y Montero para mostrar que eran “más de lo mismo”, una copia del PSOE. Damos por hecho que a la derecha le conviene la fragmentación de voto en la izquierda para debilitarla, pero, por encima del PP y de Ciudadanos, hay un establishment al que le conviene más que el voto se concentre en el PSOE. También cabría preguntarse, salvo algunas pinceladas, qué tiene de izquierda el PSOE.

Si cada persona es una metáfora de sí misma y podemos extenderlo a los partidos políticos, qué mejor que manipular esa metáfora para reconducir nuestra percepción, y así alejarnos de un análisis de los hechos. Un ejemplo: el federalismo del PSOE (y del PSC). Los hechos, tras diferentes gobiernos, desmienten que sean federalistas, pero cíclicamente y a conveniencia, se alza el discurso federalista, sin que se juzguen los hechos que niegan el mismo discurso. Otro ejemplo: la extendida corrupción del PP, endémica al propio partido, es un hecho que contradice que los miembros del partido se preocupen por “España”, sino por sus propios intereses.

Pero el profundo mensaje nacionalista (qué bien les ha ido todo lo de Cataluña, y por ello avivarlo) permite que la sociedad pase por encima sin analizar lo que significa una corrupción tan extendida. Y otro ejemplo más: ante el comportamiento, gestos, actitudes y vocabulario de Rivera y, sobretodo, de Arrimadas, es fácil encontrar gente que lo menosprecie definiéndolo de choni, barriobajero, vulgar, etcétera. Sin embargo, hay que considerar la posibilidad que ello les sirva para dar una imagen con la que gente sencilla o popular o baja (o como lo quieran catalogar) se identifique con ellos, dejando de lado el análisis de unas propuestas que defienden el statu quo de las élites.

El trato dado por los media a la casa de Iglesias y Montero, podría leerse así: evitar juzgar el hecho y darle relevancia al símbolo metafórico. Tal vez por ello, no sé, en Podemos lo sometieron a las bases: para juzgar el hecho, devolverlo a su terreno. Siguiendo este hilo, no es de extrañar el gran interés en que Podemos no pueda tener una parcela de poder efectiva: entonces se deberían juzgar sus hechos, y si lo hicieran bien, podría tambalearse más de un pilar donde se sustentan las élites. (Por hacerlo bien me refiero a potenciar las oportunidades de mejorar su vida a la mayoría de individuos de la sociedad).

El PSOE no ha querido gobernar con Podemos, esto es un hecho. La mayoría de la sociedad española (PSOE+PP+C’s+VOX) no desea un cambio, sino que todo continúe igual, salvo algunos retoques. Pero las desigualdades, la injusticia social, no se solucionan retocando con un pincel. Paralelamente a la investidura fallida, algunos medios (no todos) publican el aumento de beneficios de algunos bancos con unos porcentajes que ríase usted (ya nadie se acuerda del rescate bancario). El mismo aumento de beneficios se da en las muy grandes empresas, mientras la clase media va perdiendo poder adquisitivo. Por ahí detrás está la élite, y no en el Congreso, donde hay mucho ego y algo de patrimonio, sí, pero que para la élite son minucias.

Puede parecer una defensa de Podemos, pero no es así. Un servidor es independentista catalán por varias razones, y una de ellas es que no creo en España, mi confianza es absolutamente cero: este país no va a cambiar porque la gente no quiere (o no se atreve, no sé). Es lo que es. Sin menospreciar ni glorificar. De una manera totalmente aséptica, tal como el tono de la señora Stein. Cuando se oye decir que el dictador lo dejó todo “atado y bien atado”, uno sospecha si el Generalísimo no era un títere como estos del Congreso: que se creía que tenía todo el poder. Pero el poder lo tenían, y tienen, unas élites, y continúa bien atado. Y atada tienen la masa del pueblo español con una idea de Nación falsa, romántica y absurda, pero que funciona la mar de bien. Los partidos del Sistema (PSOE, PP, Ciudadanos) son “reactivos”: por mucho que cada uno enfoque las problemáticas desde su punto de vista, cada uno propone un método donde lo relevante es este método mismo como reacción al problema, y no el problema en sí.

Lo que hacen, exactamente, es “reaccionar” a las problemáticas (ya sea el cambio climático, la reivindicación catalana, la injusticia en el reparto de oportunidades o la desigualdad y vulnerabilidad de la mujer en la sociedad, o cómo afrontar una inmigración que irá en aumento). El cambio efectivo significaría pasar a ser “proactivos”: anticiparse a los acontecimientos es la clave del progreso social. Uno, evidentemente, no tiene ni idea si Podemos desmentiría la definición de Stein, pero sí sabe que el PSOE y el resto, lo que hacen es confirmarla. Tal vez, Podemos, debería regresar a apoyarse en todas esas confluencias de asociaciones, organizaciones más cercanas a los individuos. [Y la reivindicación catalana ha pasado, debido a la re-presión (y los presos) a ser reactiva y no proactiva, tal como sí fue los últimos años.

En cierto modo, su modo de hacer se ha “españolizado”. Pero me reafirma que gran parte de la sociedad catalana no es considerada una parte de la española, sino una propiedad suya, el desinterés y la indiferencia por parte de esta sociedad española en intentar comprender los motivos de la reivindicación. Les es indiferente. Simplemente están reaccionando a cada acontecimiento, distanciando cada vez más las dos sociedades. Uno opina que, aunque estadísticamente todavía no se refleja en las encuestas, incluso aquellos que no optan por la independencia, cada vez se sienten más lejanos de la sociedad española. Tal vez esto se verá a medio o largo plazo, cuando el gobierno español de turno intente “reaccionar” y el problema ya sea descomunal].

El problema de España es Podemos: la remota posibilidad de que sí haya otra manera de hacer las cosas y que pueda demostrarse el gran engaño de que no es posible; esto es lo que crea un gran problema. Es el problema de la monarquía (una institución familiar que debería remover las entrañas de cualquier demócrata), pero también es el problema de los Casado, Rivera o Sánchez, servidores del mismo poder, por mucho que cada uno a su manera. Esta manera de cada uno, este estilo, por ejemplo, de Pedro Sánchez, hemos visto que es necesario para obtener votos, pero, una vez en el bolsillo, está tan desnudo como el infausto rey que se cree con derecho a dar lecciones sin que lo haya elegido nadie.

Es todo lo mismo, diferentes satélites orbitando alrededor de un poder económico al que nada le interesa la vida y oportunidades de los individuos. “Es la economía, estúpido”, dicen algunos. Todo es la economía, salvo que no la economía de todos, solamente de algunos. La del resto, es cuestión de mantenerla baja sin llegar al mínimo del nada que perder, aquel punto que propicia revoluciones. Una vez aprendido esto, que hay que dejar margen para que la masa pueda consumir, tan solo queda jugar con las reivindicaciones (pocas) asumibles. Aquellas que el Sistema no quiere ni puede asumir sin implosionar (como la griega en su momento, la soberanista catalana, los Derechos Humanos de los inmigrantes) son arrasadas sin contemplaciones ni pudor.

El historiador Josep Fontana, en (traduzco el título del catalán) “Capitalismo y democracia, cómo empezó este engaño”, demuestra la relación entre todas las revoluciones europeas del 1750 al 1850 con el abuso de las élites sobre la masa (sea campesina, proletaria o urbana). Paralelamente a estas revoluciones, se va extendiendo y asentando el capitalismo, y aprendiendo, poco a poco, que la miseria extrema de la masa es peligrosa: se debe ser ambicioso hasta cierto punto. Es curioso cómo Fontana comenta (páginas 141, 142) algo parecido a la anterior cita de Stein, referente a la españolidad y el progreso: hacia 1848, que en España la industria no progresase, no era visto como un signo de decadencia, ya que este progreso comportaba ideas revolucionarias. En una España que, en aquellos momentos, tenía unas tasas de mortalidad infantil y analfabetismo muy superiores al resto de Europa, se temía <<la parte culta del antiguo continente>> y se aceptaba el precio del atraso económico con tal de alejarse de ese progreso. La estabilidad del establishment (mesetario) por encima del progreso del país.

Hoy en día, la estabilidad del Sistema se nutre de la inestabilidad de los individuos (en el trabajo, en su poder adquisitivo): que nada sea definitivo, también implica que el individuo crea que puede mejorar, que, para él, pueda haber una mejora del futuro inmediato; resquebrajando, egoístamente, la solidaridad necesaria para cualquier tipo de revolución. Si antaño, el reconocimiento social pasaba por el puesto de trabajo, ante la fragilidad actual de este y para evitar que el individuo se sienta desplazado de la sociedad (desplazamiento necesario como germen de la rebelión), el Sistema ha conseguido que tal reconocimiento social se traslade del puesto de trabajo al acto de consumo. ¿Esto tiene futuro? Al Sistema le es indiferente.

La gente mayor de hoy en día (los que están fuera del mercado laboral) todavía viven en la inercia del reciente pasado pre-consumista (unas mínimas pensiones, un poco de patrimonio: poco es algo). Pero, ¿qué sucederá de aquí unos años cuando queden fuera del mercado laboral centenares de miles de individuos, millones, sin nada? ¿Cómo se mirará el Sistema los improductivos e incapacitados para consumir? Serán una molestia.

Si, hasta hace poco, el Estado Nación podía dirigir parte de su potencialidad económica hacia estas personas, una vez pasado este valor económico a las multinacionales globalizadas que están fuera de la influencia de los Estados Nación, la futura gente mayor será pasto de la cruel ley del mercado. Desprotegidos, no tendrán valor ni como productores ni como consumidores. Como en la última película de Clint Eastwood (La Mula), la felicidad del individuo egoísta será delinquir para conseguir entrar en el Paraíso de la prisión, con su seguridad y manutención (parece que Eastwood nos retrata no un aciano de ahora, sino que pretenda decirnos en qué tipo de anciano se convertirá el sujeto egoísta de hoy en día).

Generalmente, las sociedades evolucionan lentamente, y los individuos intentan adaptarse desde dentro. Cuando el cambio es tan veloz que traspasa el sistema organizativo, y los individuos van quedando a la deriva, surgen las revoluciones. En el fondo, estas revoluciones tienen un origen conservador: la masa, viendo como el sistema acelera y los deja atrás, desprotegidos y al borde de la miseria, quieren conservar la utilidad protectora (para ellos) del sistema, y no les queda más remedio que agredirlo, porque de repente ven que este sistema ya es otro: la revolución intenta moldear el nuevo sistema para adaptarlo a sus necesidades, que, en el progreso capitalista, no se han tenido en cuenta. Ahora bien, la baza del Sistema actual, es hacer creer a la masa que la inadaptación es un problema del individuo, no del sistema organizativo, el cual es defendido (PSOE, PP, Ciudadanos) con uñas y dientes (y con mucho dinero, como el rescate bancario) para que parezca eficiente.

Es una falsa democracia, pues las alternativas son casi inexistentes. Y, cuando una alternativa (más allá de la valoración de cada uno) pone en duda el Sistema, éste pasa por encima del voto de las personas: así se entiende que se ignorase el resultado del referéndum en Grecia, que se ignore el valor de los 3,7 millones de votos de Podemos, o que se ignore que alrededor del 80% de la sociedad catalana requiera un referéndum para decidir su futuro político social. El individuo vive en una jaula de cristal donde en las paredes se proyecta lo que el establishment quiere que vea. Salirse, pues, de esa jaula, y actuar (y votar) en consecuencia a lo que uno mismo ve, y no aquello que nos proyectan. En el futuro, no cabremos todos ni dentro esta jaula de cristal ni en la prisión idílica de Eastwood donde cultivar flores. Pero esto no es el problema de las élites, sino de la masa de individuos en el futuro. Mientras tanto, el problema de España, es Podemos. O eso nos dicen.

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Estudiante durante 4 años de arte y diseño en la escuela Eina de Barcelona. De 1992 a 1997 reside seis meses al año en Estambul, el primero publicando artículos en el semanario El Poble Andorrà, y los siguientes trabajando en turismo. Título de grado superior de Comercialización Turística, ha viajado por más de 50 países. Una novela publicada en el año 2000: La Lluna sobre el Mekong (Columna). Actualmente co-propietario de Speakerteam, agencia de viajes y conferenciantes para empresas. Mantiene dos blogs: uno de artículos políticos sobre el procés https://unaoportunidad2017.blogspot.com y otro de poesía https://malditospolimeros.blogspot.com."

6 Comentarios

  1. El problema es P. Sánchez e independentistas de derecha como usted. P.Sánchez del PxxE sólo quiere el sillón de presidente de este desgraciado país. Sus cuatro patas, como partido de derechas, Casta, Iglesia, Monarquía y Judicatura. Sus métodos el engaño, la mentira, el cinismo, la hipocresía, la manipulación. Su primer y principal objetivo, el mismo que las patas que sostienen su sillón: Destruir Podemos comenzando por su SG.
    Ánimo Sr. Tusell, estos podemitas son poco viajados y tienen poca y mala perspectiva. Seguramente usted, viajero impenitente y claro, copropietario de una agencia con nombre ni castellano ni catalán, tendrá desde su avión mejor perspectiva, que si fuera en un tren de proximidad, de cercanías.
    Lamento haber perdido tiempo en leer su artículo. No volverá a suceder, Guillem Tusell. Adeu.

  2. Creo que no ha podido usted estar más acertado en lo que dice. Excelente su artículo. Soy votante de Podemos porque quiero que España cambie,no que mejore.
    Ha hecho usted una disección perfecta, mostrando lo que ocurre en realidad.
    Aquí no se quiere progresar, es más seguro seguir en lo cutre y rancio, tan español. Pena de país.

  3. Excel.lent article.
    Però molt em temo que no agradarà als lectors espanyols a qui els hi ha dedicat…, precisament perquè té raó.

    …I tal com es pot veure en alguns dels comentaris damunt aquest.

  4. Riana no ha entès «rien de rien».
    Esta visto que la lectura en diagonal de algunos, les hace perder finura cognitiva y comprensión irónica.
    Ellos se lo pierden!
    Felicidades por el artículo,o Felicitats y hasta Congratulations…..

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