El despertador suena a las seis de la mañana y el trabajador hace su rutina antes de cerrar la puerta de su casa para ir al trabajo: se desayuna, se ducha, se afeita o se maquilla, se viste del modo en que le exigen en su empresa y se dirige hacia el medio de transporte que utilice para desplazarse a su centro de trabajo, ya sea particular, con su correspondiente atasco, ya sea público con las apreturas, trasbordos y carreras por pasillos, calles, marquesinas o escaleras mecánicas.

A las 9:00 comienza la jornada laboral con un pequeño descanso a media mañana. Tras unas cinco horas, el trabajador se dispone a comer en un espacio que oscila entre la hora y las dos horas, tiempo éste que no es remunerado porque se trata de jornada partida. Ya nos encontramos en las 16.00, cuando no más tarde, es decir, diez horas desde que sonó el despertador. Sin embargo, aún le quedan, por lo menos tres horas de labor para dejar su puesto y regresar a casa. Cuando el trabajador entra por la puerta de su hogar son más de las 20.00 dependiendo de la distancia a su centro de trabajo. Este caso es el que viven cada día millones de ciudadanos gracias a lo que se ha dado en llamar el «horario español», millones de ciudadanos que dedican más de la mitad del día a su empleo lo que hace imposible la conciliación de la vida familiar y laboral.

Todo lo anterior hace imposible la conciliación de la vida laboral con la familiar gracias a los horarios que la ley permite. Por tanto, la primera medida que debe tomar el próximo gobierno es la racionalización de los horarios de trabajo. No es normal que un trabajador español dedique casi dos tercios del día a su jornada laboral. Esto hace imposible tener un proyecto de vida, del mismo modo que imposibilita que se desarrollen otras actividades empresariales o se incremente el consumo diario de los hogares.

Para racionalizar los horarios hay que comenzar por algo muy simple: el cambio del huso horario actual al que realmente correspondería a nuestro país, el GMT +/- 0, es decir, el que actualmente tienen países como Reino Unido, Portugal o nuestras Islas Canarias.

En segundo lugar, en lo referido al horario español, los partidos que propugnan la derogación de la Reforma Laboral deben tener en cuenta que las jornadas partidas han de desaparecer el mercado laboral, ya que provoca que un trabajador dedique a su trabajo más de la mitad del día. Reformar el mercado del empleo en España pasa por caminar por la senda de la jornada continua, sin más interrupciones que los descansos que marca la ley, sin paradas no retribuidas que, al fin y al cabo, es lo que la lógica debería imponer. Además, según diferentes experimentos realizados en grandes empresas españolas, la productividad se incrementó con esta modificación.

Otro punto fundamental, que enlaza con una propuesta electoral de Unidas Podemos, es la reducción de la jornada completa de cuarenta horas semanales a las treinta y cinco que ya se ha implantado en diferentes países de nuestro entorno con éxito, sobre todo en lo referido a la productividad.

Está demostrado que una reducción de la jornada máxima, junto a la eliminación de la partición de la misma, siempre conllevará un efecto positivo en la productividad de las empresas.

Los efectos de la reducción de la jornada máxima van más allá, ya que el riesgo de entrada en la pobreza de las familias biparentales se reduciría sustancialmente, como ocurre en la actualidad porque las jornadas parciales (sobre todo en el caso de las mujeres) no cubren las necesidades de una familia si los ingresos de uno de los dos miembros falla.

Otra de las ventajas de la aplicación de la jornada de 35 horas semanales, junto a la eliminación de las jornadas partidas, lo tenemos en el ejemplo de Francia. La aplicación de esta medida provocó una mejora del capital humano dado que los trabajadores tenían más tiempo para dedicarlo a su formación, hecho éste que repercute finalmente en los resultados positivos de las empresas.

Tanto la eliminación de las jornadas partidas y la reducción de horas máximas semanales son medidas que no obedecen a la pretensión de trabajar menos y tener un salario igual o superior sino que son medidas imprescindibles para aumentar la productividad, para incrementar la salud de los trabajadores, y, sobre todo, son un beneficio para la economía global del país, dado que el consumo aumentará, lo que, a su vez, generará más puestos de trabajos en el sector del comercio, tanto minorista como mayorista.

Respecto a quienes aplican una política de turnos también es necesaria una modificación importante y que debe estar recogida entre las reformas que deroguen la impuesta por el Partido Popular por motivos de salud de los trabajadores. Nos referimos a que la rotación de turnos debe ser prohibida. Aquellos que tienen su empleo han de estar ubicados en un turno concreto, sin cambios de ningún tipo, siempre con el mismo horario, salvo que fuera el propio trabajador quien lo solicitara. Una persona no puede tener un proyecto de vida si no conoce de antemano las horas que debe dedicar a su trabajo y las que tiene disponible para sí misma. Diferentes estudios científicos afirman que la rotación en los horarios de trabajo provoca a largo plazo un empeoramiento del estado de salud de estos trabajadores y su entrada en grupos de población en riesgo de tener enfermedades coronarias o relacionadas con el estrés que genera el hecho de no tener una estabilidad horaria y de mantenimiento de la seguridad biorrítmica.

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