Irene Montero con su hija. Foto: Onda Cero

Al igual que Hearst le dijo al viñetista de su periódico aquello de “tú pon los dibujos que yo pondré la guerra”, Pablo Casado le sugiere a su fiel lugarteniente, Teodoro García Egea, que le dé algo a lo que agarrarse y él ya inventará un escándalo contra el Gobierno. En política no hay casualidades y el mismo día que el líder del PP afeaba a Pedro Sánchez en el Parlamento la sustracción de un presunto informe del Consejo de Estado que cuestiona la gestión de los 140.000 millones de euros en ayudas europeas, Luis Bárcenas tiraba de la manta y provocaba un nuevo terremoto político en Génova 13. Resulta curioso comprobar cómo ocurren las cosas en este país, y si lo que hizo Casado ayer en el Congreso de los Diputados no fue una cortina de humo que baje Dios y lo vea.

Sin duda, en el PP sabían que el tristemente célebre extesorero había remitido un escrito a la Fiscalía Anticorrupción en el que apunta directamente a Mariano Rajoy por haber destruido los papeles de la Caja B –esa hucha de donde salían sobornos y comisiones para los prebostes populares–, y se temían que la bomba explotara de un momento a otro. La posibilidad de que Rajoy tuviera a mano una máquina trituradora con la que hacer desaparecer la contabilidad comprometedora es un asunto tan grave que puede hacer temblar los cimientos del propio partido. Por tanto, tocaba preparar algo fuerte y sonado para tapar las vergüenzas del pasado y el socorrido asunto del informe del Consejo de Estado, aunque un tema un tanto aburrido, forzado y cogido con pinzas, venía al pelo con tal de desviar la atención. Pero por si acaso la operación fallaba y terminaba en un bluf (tal como era previsible) ahí estaba la prensa de la caverna presta a echar un capotazo, ahí estaba la Brunete mediática formada por periódicos, televisiones y digitales friquis de orientación ultraderechista dispuestos a poner sus motores propagandísticos a pleno rendimiento en un nuevo montaje de la factoría genovesa: en este caso que una funcionaria del Ministerio de Igualdad está cuidando de la hija pequeña de Pablo Iglesias e Irene Montero, como una criandera o tata improvisada, porque la intensa agenda política ya no le da para más a la pareja ministerial. ¡Menudo Watergate!

El terremoto Bárcenas es de una magnitud mayor que el enjambre sísmico que sufre Granada estos días y ningún informito tedioso del Consejo de Estado o cotilleo de la familia bolchevique podrá tapar tanta mugre e inmundicia. El fragor de la escandalera provocada por la implicación de Rajoy en asuntos turbios no se podrá amortiguar con esa historia fútil de la nodriza explotada y humillada con la que la derechona intenta desacreditar a los inquilinos de Galapagar y convertirlos en un matrimonio elitista, supremacista y pijo que no duda en subcontratar a una asesora del ministerio para tareas domésticas. Esta misma mañana, en las tertulias televisivas de las cadenas privadas, algunas mujeres del PP y de Vox, y también periodistas afines al casadismo –todas ellas señoronas enjoyadas para las que nunca fue un problema el cuidado de niños porque siempre tuvieron una criada negra en la mansión–, se lamentaban y se rasgaban las vestiduras por la supuesta doble moral del matrimonio podemita y ponían a caldo el “feminismo impostado” de Irene Montero. No son las mujeres de la derecha española, siempre rancia y machista, las más indicadas para dar lecciones de igualdad a la ministra ni para decirle a quién tiene que encargar el cuidado de su hijita. Montero hace lo que puede para conciliar, incluso llevarse a la pequeña al trabajo, como cualquier mujer de hoy. A su corta edad la pobre niña, La Aitana como la llama su madre, ha visto más pasillos del Congreso, más vejestorios aburridos con traje y corbata y más debates políticos que columpios de una guardería, y a este paso se aprenderá los artículos de la Constitución antes que el abecedario.

Nada de lo que pueda hacer el PP estos días tapará la cantidad de basura que está saliendo de las cloacas del partido. Ni los supuestos y rutinarios informes del Consejo de Estado que no interesan a nadie ni los entresijos de la vida personal de los Iglesias/Montero, a los que en una constante operación de acoso y derribo tratan de convertir en aquellos aristócratas y esclavistas señores de la mansión de Lo que el viento se llevó. La vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, ha vuelto a dar de lleno con la clave al calificar de “trilero” al Partido Popular por tratar de gasear a la opinión pública con sus humos lacrimógenos incapaces de cubrir tanta porquería. “Ayer el PP hizo dos cosas trileras: una confundir y mentir a la opinión pública porque los reales decretos no se tramitan con estos informes, y la segunda distraer la atención de lo que hizo el jueves en una política de anti-España. Creo que cuando terminó el día el verdadero informe era el de Bárcenas”, ha asegurado la siempre afinada y afilada ministra.

Una vez más, el Partido Popular se ve envuelto en un bucle sin fin, un eterno día de la marmota lleno de noticias aberrantes sobre corrupción, sobresueldos, comisiones y dinero negro en cajas b. El pasado siempre vuelve y así será durante muchos años, ya que las tramas corruptas que se organizaron en los años del aznarismo, y también del marianismo, no se desmontan en cuatro días porque medio país estaba viviendo del clientelismo del PP. Los dirigentes de la gaviota tienen basura para rato, y ahora no nos estamos refiriendo al famoso y todopoderoso ministro de Aznar, que ha pagado lo suyo con juicios y cárcel. El grifo de la podredumbre de Génova 13 es imposible de cerrar y la excreción no se irá con un teatrillo de Casado en el Parlamento y una exclusiva mala de Inda en Ok Diario sobre la niñera de la sagrada familia podemita. Ni un ventilador del tamaño de una radioantena de la NASA será capaz de airear y disolver tanta suciedad. El chorreo de casos judiciales promete crecer y crecer como una bola de nieve mientras el casadismo cierra los ojos y sigue negándose a hacer las cosas que tiene que hacer: reflexionar con humildad, dejar de negar la realidad, refundarse como partido y pedir perdón a los españoles por tantos años de mentiras y estafas.   

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