Foto: Twitter

Cualquier manifestación celebrada durante el estado de alarma está prohibida, sea cual sea su motivación. No se trata de una conculcación de los derechos de reunión y manifestación, sino una medida preventiva para evitar contagios.

Sin embargo, el Partido Popular aprovecha cualquier movimiento para atacar al gobierno, cayendo, además, en las más sencillas contradicciones que, por consiguiente, le quitan verosimilitud a sus exigencias. Un partido político no puede defender una cosa y la contraria y eso es lo que está haciendo el PP en esta crisis del Covid19.

Por un lado,

La vicesecretaria de Organización del Partido Popular y presidenta del PP de Navarra, Ana Beltrán, exigió al Gobierno de Pedro Sánchez que diera explicaciones por la concentración masiva celebrada en Pamplona en la que cientos de ciudadanos reclamaban la amnistía para etarras encarcelados y apoyaron al terrorista Patxi Ruiz, condenado por asesinar al concejal Tomás Caballero en 1998.

Beltrán denunció que “en pleno confinamiento” más de un centenar de personas “han puesto en riesgo la salud de la ciudadanía con el objetivo de reclamar impunidad para asesinos condenados y de blanquear al asesino de Tomás Caballero”. “El Gobierno de España debe dar explicaciones urgentes sobre por qué se ha permitido una concentración de simpatizantes de criminales”, ha incidido.

Sin entrar en el mensaje o reivindicación de la concentración de Pamplona, esta manifestación coincidió con la «rebelión de los Cayetanos» en el Barrio de Salamanca de Madrid, esa misma protesta que fue jaleada por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, también del Partido Popular y con las que amenazó directamente al Gobierno: «Esperen a que la gente salga a la calle, porque lo de Núñez de Balboa va a ser una broma«. Por instar a la rebelión ciudadana, a los Jordis se les ha metido en la cárcel…

Entonces, ¿para el PP son legítimas o ilegítimas las concentraciones dependiendo del mensaje, de la reivindicación o del tipo de gente que se manifieste? Parece que sí. Si llevan polos de Spagnolo, banderas al hombro y atacan al gobierno, bien; si las caceroladas son contra el Borbón, mal; si son representantes de la izquierda abertzale, peor.

La realidad es que, salvo las caceroladas contra Felipe VI que se hicieron en los balcones y respetando las normas de protección contra el Covid19, tanto la «rebelión de los Cayetanos» como la concentración de Pamplona son contrarias al estado de alarma y, por tanto, no deberían haberse permitido.

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