El PP no se muestra sorprendido por la imputación a Esperanza Aguirre y a Cristina Cifuentes que se produjo en la jornada de ayer por decisión del juez Manuel García Castellón.

Desde el gobierno madrileño, tiran de argumentario para defender el principio de presunción de inocencia, porque según dicen, conocen «muchos casos de gente investigada y que luego se han quedado en nada, a la que se ha condenado políticamente con antelación», y manifiestan «el respeto máximo y colaboración con la acción judicial».

Desde la organización Popular consideran que la herencia recibida es «tóxica» y tienen decidido construir un «muro total al margen de relaciones personales, afinidades o deudas políticas». Y no lo tienen fácil pues tanto Pablo Casado, actual líder del Partido Popular a nivel nacional, como Ayuso, máxima responsable en Madrid, vienen de la familia «aguirrista».

Según señala hoy el diario conservador La Razón, sus fuentes del PP consideran que tanto Cifuentes como Aguirre son «dos cadáveres políticos que siguen lastrando la imagen del PP». Según informa el mismo diario, apuntan a que la caída de Rajoy «fue un alivio» en la carga que les ha supuesto la corrupción, pero manifiestan que «el problema sigue ahí». Además, son contundentes en apuntar a que tienen que desarrollar una política de ruptura y de tolerancia cero con ese pasado.

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