Siempre que se celebran elecciones en Galicia es habitual la manipulación de votos que desde las residencias de mayores, con la Iglesia al frente, se ejerce llevando a los residentes a votar en furgonetas, coches particulares e incluso ambulancias. Lo que en Galicia “popularmente” se conoce como carretaxe”. El Partido Popular, que con toda seguridad se encuentra detrás de estos hechos, utiliza a las personas que viven en residencias para inflar las urnas de votos aunque  no permite a sus familiares visitarlos por la crisis por la Covid-19.

En las elecciones de este domingo pasado, en las que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, volvió a ganar por mayoría absoluta por cuarta vez consecutiva, no iba a ser menos. El mecanismo del Partido Popular se puso en marcha, como siempre, y también, como es habitual y sin que nadie haya sido capaz de poner freno a este desmadre, la oposición denunció los hechos que, sin pudor, volvieron a repetirse en varias mesas electorales.

Lo más grave, en esta ocasión, ya no es que las monjas u otros allegados al PP y  personal de las residencias  lleven a los mayores a votar y les faciliten a plena luz del día la papeleta que tienen que introducir en la urna, lo peor, es que los centros donde están ingresados estos votantes, la mayoría con sus capacidades mermadas, mantienen restringidas las visitas de familiares por la crisis sanitaria, pero consideran que pueden sacarlos a votar.

En este sentido, el BNG,  a través de un comunicado, ha criticado estas «irregularidades» y ha reprobado el traslado de estos votantes, por parte de la dirección de su residencia, respecto a la que ha recordado que “no permite las visitas de familiares de sus usuarios debido a la crisis sanitaria”.

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