El Lehendakari Urkullu ya adelantó su intención de convocar elecciones en julio.

Euskadi ha ido a las urnas en un contexto inédito con una participación baja como no cabía imaginar. Por primera vez Euskadi ha votado en pleno verano, aunque sea un verano vasco, pero sin duda la COVID-19 ha sido la protagonista, tanto por el modo en que ha condicionado el bajo perfil de la campaña como la participación en la jornada de votación. Sin perder vista el mensaje recurrente de un resultado prácticamente hecho.

El PNV-EAJ alcanza su mejor resultado desde el conseguido por Ibarretxe en 2001 confirmándose tanto el partido la estrategia de Urkullu como la preferida por la ciudadanía vasca. Ni el derrumbe del vertedero de Zaldíbar ni la crisis de la pandemia han tenido coste.

Consolidación Bildu

La consolidación de EH Bildu como segunda fuerza confirma la recuperación de su electorado fiel y de votantes mayoritariamente procedentes de Elkarrekin Podemos, que, en otros contextos, quizás, no habrían elegido esta opción. Algo a tener en cuenta.

La narrativa nacionalista del PNV-EAJ ya era diferente y de alguna manera en esta campaña EH Bildu se ha sumado a ese nacionalismo 3.0 lo que sin duda les ha beneficiado acogiendo a un electorado que en procesos anteriores se refugió en Elkarrekin Podemos.

El PSE-EE mejora su mal resultado de 2016 y vuelve a ser el primer partido no nacionalista del Parlamento vasco con una campaña centrada en presentarse como la izquierda de gobierno. El resultado por debajo de las expectativas, no tendría por qué evitar la reedición de la coalición de gobierno.

Elkarrekin Podemos ha tenido una travesía compleja esta legislatura pasada con cambios en sus liderazgos, procesos internos complejos y la presentación de Más País en las elecciones generales del 10 de noviembre de 2019 y una campaña centrada en una coalición de izquierdas que solo ellos veían les ha pasado una dura factura. Un toque de atención que puede hacer pensar en los tiempos de IU-Ezker Batua sentados en el Parlamento de Gasteiz.

Álava

Una vez más, Álava resulta clave especialmente para el Partido Popular. El golpe de mano de Pablo Casado imponiendo un candidato y un discurso de confrontación ya superado para la ciudadanía vasca, sin duda, ha tenido consecuencias. El PP con su peor resultado “regala” a Ciudadanos, que no tenía representación en ninguna institución vasca, la entrada, al Parlamento vasco.

El resultado de este domingo debería generar un debate interno respecto al papel que el PP quiere desempeñar los próximos 4 años en la política vasca a tenor del fracaso de una estrategia más pensada en clave nacional que en las elecciones que estaban en juego.

La baja participación, el reparto de escaños por territorio y seguramente los malos resultados del PP habría facilitado la irrupción de la ultraderecha de Vox en el Parlamento vasco en la cámara más nacionalista en décadas.

El Parlamento de Vitoria-Gasteiz será el más nacionalista de la democracia al tiempo que todo apunta a que podría reeditarse el gobierno de coalición entre el PNV y el PSE-EE garantizando esta vez la mayoría absoluta. Habrá que seguir con atención la convivencia del pragmatismo de la actual dirección jeltzaile en cuanto a la gestión con el debate político en una cámara de clara mayoría abertzale y en una legislatura en la que, entre otras leyes, se debatirá la reforma del estatuto de Gernika.

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