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Antonio Carvajal,
que mantiene despierta a la poesía

Si vieron en el artículo anterior sobre el Símil de la Línea la imagen esquemática reproducida, notarían que la cruz paradigmática cristiana no es más que una reproducción exacta de la proporción áurea que se describe. La tradición (y la crítica no hace sino repetir el tópico) ha incidido en un dualismo platónico que no es sino una mala (o torticera) interpretación, lo interesante es la descripción estableciendo proporciones entre: el total de lo real, lo que se ve con los ojos del cuerpo y lo que se ve con el ojo de la mente, todo dividido a su vez por la misma razón matemática, como una realidad autorreplicante, una especie de fractal a la antigua que revela una concepción de lo real muy despegada de la linealidad monoteísta que la ha reinterpretado interesadamente marcando la separación de ambos mundos.

Mi cabeza frenética lo que piensa ahora es cómo ese símbolo antiguo, esa cruz (que nada tiene que ver con la crucifixión romana o las representaciones originarias de la misma, sea lo que fuera el primer cristianismo y el tal símbolo) llegó a constituirse como fundamento de una religión hasta diluir la realidad histórica y convertir una verdad de otro contexto en verdad para toda una tradición de fe… que la ignora.

De la misma manera, al estudiar la Caverna platónica huyendo del tópico “showtrumanesco”, esto es: la historia de un prisionero inconsciente hasta que descubre la mentira de su vida, sería necesaria una arqueología conceptual, excavar en los sedimentos acumulados por veinticinco siglos de Historia y alcanzar el nivel en el que los términos platónicos fueran observados en su contexto real, una suerte de “con instrumentos originales”… Mi maestro Antonio Carvajal Milena, en mañana lenta de domingo, me propone una técnica más exacta: el decapado pictórico, ese levantar pátinas que devuelve el color original a cuadros oscurecidos o modificados por la mano del tiempo o del hombre. Para empezar sería correcto un cierto escepticismo, ¿de verdad los textos atribuidos hoy a Platón no incluyen la excrecencia histórica de ideologías superpuestas? El mero hecho de su asombrosa y abundante conservación frente a la pérdida de casi todo lo demás debería alertar, quizá estemos leyendo al Platón que justifica su Historia, la de ellos, no el intento de comprender su concepción del mundo y de la vida.

Platón tiene vínculos con los seguidores de Pitágoras, viajó con su compañero Dion repetidamente a Siracusa (entonces parte de la Hélade) desarrollando allí su actividad político-intelectual con tristes secuelas personales (esclavitud, asesinatos…); es la Sicilia de Empédocles, del Etna y su actividad volcánica, y sabemos de la influencia de los procesos eruptivos en la concepción de la Naturaleza de los filósofos de esa zona, sabemos que el renacer después de un par de años de aislamiento y silencio “enterrado” en una gruta, tumba, caverna… esa eclosión de la oscuridad a la luz era parte de un proceso de (trans)formación en la secta matematizante (pitagorismo); curiosamente caverna, gruta, esto es: “stóma” o “stómios”, son términos cuyo campo semántico alude a una abertura corporal, bien de entrada bien de salida, incluso podría ser la desembocadura de un río hacia la mar (o desde el útero a la vagina)… el eremita vivirá en una cueva, siempre esta alegoría uterina del ritual de renacer a una vida diferente.

Nuestro autor pretende en su obra explicar la situación en la que estamos respecto del aprendizaje (formación, educación), sin embargo vuelve a reproducir lo expresado ya en el Símil de la Línea, los cuatro tramos desde las sombras a lo verdadero. ¿Y si lo que quiere es describir literalmente el renacimiento durante un proceso ritual? No negamos la riqueza de la secuencia ni el patrimonio conceptual acumulado en ella, pero sí afirmamos que quizá fuera menos larga su intención, quizá más que la verdad o la mentira manipuladas o la clasificación de las realidades lo que debería trascender es el proceso individual de aprendizaje: la narración muestra una resurrección a la vida desde el mundo oscuro de los muertos y lo que nos plantea es por un lado: la tragedia del “exilio” o “condena” de nuestro ser verdadero en su tumba de ignorancias (“El cuerpo es la prisión”, dice el orfismo); por otro: la melancolía de lo bueno, lo bello y lo auténtico (el mundo exterior), y cómo determina esta malinconia nuestra voluntad de volver a lo verdadero generando así el compromiso de negarse a aceptar la estulticia de los muertos en vida.

Compromiso intelectual: quien ha visto de verdad, directamente, ya no se conforma con lo que le cuenten… y advierte a sus compañeros de prisión. La tragedia: éstos defenderán lo único que conocen hasta agredir o eliminar a quienes subviertan sus vidas, que no identifican como equivocadas, manipuladas… Curiosamente no hace un análisis acerca de quiénes son los que controlan esas sombras que atisban al fondo de la caverna, tan prisioneros de la oscuridad como los atados: es el individuo, su ascensión personal (porque tampoco hay una análisis del liberador), el sufrimiento, la negación, el miedo, el dolor de ser consciente y descubrir la banalidad de unas vidas atentas sólo a la repetición de lo patrones sociales heredados; ver cómo resulta más fácil rechazar la senda individual que dejarse guiar por la mayoría mostrenca, cómo huimos de la dignificación de la existencia y de ser conscientes y consecuentes conformándonos con lo vulgar y tópico.

Lo único relevante debería ser salir, renacer a la vida auténtica: la ilusión de una sabiduría que debería desbaratar nuestra incapacidad de vivir felices… pero no otorgándonos esa felicidad mentirosa común sino reconociendo que es imposible; que la sabiduría y la felicidad son antitéticas, aunque azucen por igual a nuestra sed… Quizá haya una cierta interpretación mística de la materia, de la Naturaleza y su descubrimiento paulatino (el liberado curiosamente empezará ver de verdad en la noche con los astros), una reivindicación del instante, del construirse uno a sí mismo en cada momento… pero sin olvidar la referencia originaria, quizá una resurrección literal para un ritual de un culto que hoy apenas alcanzamos a entender.

 

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

1 Comentario

  1. El BIEN es solo dar la cara por el bien; pero, el que es monstruoso, jamás ayuda a ése que da la cara por el bien-razón.
    Es como si tú a Galileo le excusas todo para no protegerlo, no ayudarlo, no reconocerlo, no dignificarlo (dejándolo una vez más silenciado por ti), etc. por irte irresponsablemente a atender a otras cosas nunca más esenciales.
    Sí, esto te hace objetivamente ser como un genocida, ¡seguro!, sí, te hace ser un monstruo que no merece ya nada, ¡ni la vida!

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