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Conservamos de Aristocles, también conocido como Platón (427-347), una gran cantidad de obras que se extienden al terreno de lo apócrifo, pues se han transmitido muchísimas adjudicadas a su autoría cuando en realidad no lo eran. Esto, por sí, ya debería ser un motivo de estudio e interpretación, porque casi todo lo demás que nos ha llegado de esa época es fragmentario o ha hecho un recorrido que incluye haber pasado por idiomas del Cercano Oriente que no son el griego, o incluso la arqueología material… Por citar un ejemplo manido: apenas tenemos fragmentos de Aristóteles, aunque leamos y estudiemos sus escritos escolares. No podemos conformarnos con la tontería de lo fortuito, no lo es.

Veamos. La tendencia (patriarcal, sí) de identificar la sexualidad femenina con la inmundicia, la imperfección o el vicio degradante llevó sistemáticamente en la Antigüedad a atribuir la paternidad de los destacados a los dioses (Apolo, verbigracia) y a asegurar la virginidad de las madres de estos personajes relevantes como síntoma de la pureza en la descendencia directa desde ese dios. La vinculación de la vida humana con el éter celeste nos pone en este portal de Atenas a una estrella señalando el natalicio platónico (aplíquese también a Pitágoras); desconocemos si había animales, pastores y magos… no parece que se dieran Herodes…

Fue Platón un discípulo de Sócrates aunque su ausencia en los días de su muerte en el 399 aC ha generado polémica: ¿estrategia, casualidad, cobardía…? Sócrates fue utilizado por Platón como “alter ego” suyo en una multitud de diálogos que evolucionan desde una posible emulación fidedigna del personaje histórico a una distorsión evidente que nada tiene que ver con él, difícil deslindar al escritor de su portavoz. Lo que conviene meter en este guiso platónico es una cercanía más que evidente a las teorías pitagóricas, incluida la reencarnación y la armonía universal expresable en términos matemáticos, y una influencia esencial de los cultos a Orfeo (capaz de regresar del Mundo de los Muertos) que consideran al alma celeste, etérea y exiliada en el mundo terráqueo como el verdadero ser humano (“El cuerpo es la prisión”, dicen), condenada a depurarse en ciclos de vidas múltiples, premiada o castigada según su consciencia de la verdad total que consiste en no ser un cuerpo y por tanto no actuar según las prioridades del mismo: ascetismo místico que invierte la idea de la vida, la verdadera está después de la muerte y la que tenemos aquí es una ilusión.

Sin esto, no se entiende el platonismo. Nietzsche, el gran diagnosticador, supo ver la perversión intrínseca de esta fe crudelísima y supo calibrar cómo, esta negación de la vida en favor de la muerte, pervivió en la adaptación del cristianismo orquestada por el poder romano, heredero culturalmente de lo griego. Por eso acusó al socrato-platonismo de ser los verdaderos instigadores de la maliciosa y esclavizante moral cristiana occidental, contraria al cuerpo y al placer; nótese el desprecio de fondo a el cristianismo creado por Roma, primero revelando su no originalidad (es una invención imperial, apenas relacionada con la improbable figura histórica de Jesús) y estableciendo un vínculo entre control patriarcal represor y estructura política, permanente en la cultura europea que ha exportado el desprecio por la Naturaleza, la culpabilización del cuerpo y la sexualidad y la sublimación de esas frustraciones a través de la explotación y el capital acumulado. La Nueva Aurora del Bigotudo consistía en recuperar lo helénico sin la traición del platonismo, ir de nuevo a las raíces humanas.

No soy un estudioso del griego antiguo, llegué a leer con diccionario en la mano y serias dificultades a este Platón nuestro… pero para entender su filosofía “idealista” (interpretación inexacta) debemos saber algo: los términos “Eîdos” o “Idéa” para él estaban dentro del campo semántico del verbo “Horáo”, son formas vinculadas a los tiempos perfectos de este verbo que significa “Ver”, “Mirar” o “Percibir la luz”: como en casi todas las culturas el hecho de ver está vinculado al conocimiento y a la luz; en este caso es muy evidente, para decir “No sé” literalmente se expresa “No lo he visto” (“Egó oúk oîda”), “Eídolon” significa aparición, aspecto, sombra, contorno, lo que se aparece a la vista…

Hablar de idealismo en el sentido de lo que significa hoy “idea” es un falseamiento histórico, una confusión que desvirtúa su filosofía y le atribuye significados espurios. Emilio Lledó ha sabido explicarlo muy bien, saltarse esto es muy propio de filosofillos baratos, y abundan.

Platón toma la noción de “Eîdos” de Sócrates (acumulación de experiencias por medio de la inducción) pero debemos interpretar su construcción conceptual como una “Teoría de las Formas”, Platón propondrá que las “formas” existen con más propiedad que las cosas materiales a las que otorgan su “realidad” pero estaremos más cerca de un misticismo de lo que nuestra mente “ve” (Platón cita el Ojo de la Mente como el órgano encargado de hacernos percibir el “Eîdos”) que de una elaborada teoría del conocimiento, es una cuestión analógica o simpática: igual que los ojos de la cara ven las cosas, el de la mente ve esas “formas” que nos ayudan a reconocer, a saber qué son las cosas.

Que Platón habló de la “belleza”, la “justicia” o la “verdad” como formas o paradigmas del conocimiento es tan verdad como que se planteó si, por tanto, también debía existir una forma de la “mierda”. Se tiende a olvidar que en sus diálogos de madurez y vejez expresó sus dudas sobre la “Teoría de las Formas” y que sabía que sólo era una descripción de lo que el conocimiento es, jamás una explicación exacta de la realidad: a la que consideraba inefable. Daba más relevancia cognoscitiva a la experiencia personal, a la mística, que a la expresión literaria de la misma: quien lo ha visto sabe lo que es, nada más.

La única definición que dio de lo “real” creo recordar que está en el diálogo titulado El Sofista y venía a decir algo así: “Real es todo aquello con la posibilidad ejercer o sufrir acción”, antecediendo a su discípulo dilecto durante veinte años Aristóteles en el uso de la palabra “Dýnamis” para describir la potencialidad, la posibilidad de lo real. Si su autobiográfica Carta VII es fiable, ahí expresa su frustración respecto de estas cuestiones, confiesa ser el más capacitado para conseguir expresar qué es el conocimiento porque ha dedicado toda su vida y empeño a ello para terminar siendo consciente de que es imposible… sus seguidores fueron más platónicos que él, suele ocurrir, la mediocridad y la epigonía son más comunes que la genialidad. Continuemos…

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

1 Comentario

  1. YA BASTA, ¡POR FAVOR! SOBRE EL DEMOSTRAR ÉTICA O LO QUE NO HACEN NUNCA LOS ESPAÑOLES. Primero que empiecen no vetando lo que piensa «el otro», a ver si puede ser. La ÉTICA siempre guarda una RELACIÓN-DEPENDENCIA DIRECTA con la verdad racional. Es decir, solo existe la ética en alguien si ya ése alguien ha tomado todas las medidas posibles para NO TAPAR LA VERDAD RACIONAL. Más claro, solo existe la ética en tal o cual sociedad si tal sociedad concreta ha tomado todas las medidas posibles para no tapar al que demuestra razón o para NO TAPAR LA VERDAD RACIONAL. Pero, piensen: cuando la sociedad era totalmente esclavista, todos tenían como primera misión el decir que ERAN BUENOS y que tenían la ética perfecta (y ayudándoles para tal misión todas las infraestructuras sociales, todos los poderes, todas las grandes presiones, todas las maquinarias de manipulación-tortura o todas las capacidades reales de vetar); sí, asimismo en cualquier irracionalidad parecida de la sociedad de ahora van a seguir diciendo que SON BUENOS…. mientras que objetivamente también, a la vez, hacen agonizar al que sí de verdad aporta razón o equilibrios y conciencia y esfuerzos de tal error. O sea, dicen que son BUENOS sincronizado esto con un matar al bien al mismo tiempo. José Repiso Moyano

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